17 noviembre, 2012

Operación Tormenta, La Haya y la comunidad internacional - Columna de opinión


Fui a la Plaza Central de Zagreb, la Plaza del ban Jelačić a compartir con el pueblo croata el veredicto final del Tribunal de La Haya para los generales Ante Gotovina y Mladen Markač.
Todavía recordaba el primer veredicto del Tribunal que los condenó a 24 y 17 años de prisión y nos sumió, en esa misma Plaza, a una amargura que hubiese sido menor si hubiésemos continuado pensando que se trata de un Tribunal político y de un juicio político, pero como soy cristiano, y croata, me perdí
en mis propios sueños, imperdonablemente me permití el optimismo. Me olvidé por un momento de que en 1972 a los patriotas croatas, que se levantaron contra la hegemonía serbia en la Yugoslavia de Tito, los condenaron también a muchos años de prisión, porque no se juzgaban los hechos sino las convicciones. Ni los abogados más famosos del mundo les hubiesen podido ayudar.

El primer veredicto contra Gotovina y Markač demostró también que no se juzgaban los hechos sino que se juzgaba a Croacia, porque la existencia del Estado croata no estaba en los planes de muchos factores de la mal llamada comunidad internacional y porque Croacia hizo oídos sordos a las “sugerencias” farisaicas y liberó los territorios croatas ocupados por los paramilitares serbios respaldados por el entonces Ejército Yugoslavo, único heredero del ya entonces fallecido mariscal Tiro, único heredero del comunismo genocida yugoslavo. El primer veredicto del Tribunal de La Haya fue un reflejo de los esfuerzos que los enemigos internacionales de Croacia  amigos de los serbios hicieron en su momento para detener la acción libertadora de los combatientes croatas en la misma Croacia y en Bosnia y Herzegovina. Ellos sabían que sin la acción de las tropas croatas los territorios ocupados en Croacia por los serbios seguirían ocupados, y que hubiese caído la parte occidental de Bosnia y Herzegovina acompañada de una masacre que sería peor que la que los serbios perpetraron en la parte oriental de Bosnia y Herzegovina, en Srebrenica, como dijo el entonces embajador estadounidense en Croacia Peter Galbraith.

Si se frenaba la acción libertadora croata, los serbios habrían logrado concretar su plan, la Gran Serbia, anexando a toda Bosnia y Herzegovina y partes de Croacia. Como no lo lograron, iniciaron una campaña internacional para criminalizar la acción libertadora croata. Quien dio el puntapié inicial no fue un serbio, sino un sueco, el representante de la comunidad internacional en estas latitudes, Carl Bildt, al declarar que “el criminal de guerra” Franjo Tuđman, presidente de Croacia en ese entonces, bombardea objetivos civiles. Le siguió una película montada por el contraespionaje serbio que ingresó al juicio contra los generales Gotovina y Markač en el Tribunal de La Haya a través de un testigo protegido. En la película se ve el humo y el fuego de una fábrica que los serbios incendiaron en la ciudad de Knin antes de abandonar Croacia en masa por orden de Belgrado, para acusar poder acusar después a Croacia de limpieza etnica. La intención de la película era demostrar que los croatas, al liberar la ciudad ocupada de Knin, incendiaron toda la ciudad y los serbios debieron huir. “Casualmente” esa película se mostró en todas las cadenas mundiales de televisión acompañada de dramáticos comentarios, como por ejemplo que en el hospital de Knin ya había cientos de muertos. En nombre de la mal llamada comunidad internacional Javier Solana y Carl Bildt se comunicaron telefónicamente con Mate Granić, ministro de asuntos exteriores de Croacia en ese entonces, y le exigieron que la acción libertadora se detenga. Como no lo consiguieron, la mal llamada comunidad internacional lanzó la historieta del británico Paddy Ashdown, según la cual  el presidente croata Tuđman, supuestamente en una servilleta, le dibujó como Croacia y Serbia se iban a repartir Bosnia y Herzegovina, con la intención de acusar a Croacia de querer ocupar parte del país vecino. El presidente de Croacia Franjo Tuđman reacciona invitando a Croacia al presidente de Bosnia y Herzegovina Alija Izetbegović, a quien condecora reforzando el acuerdo alcanzado anteriormente sobre la resistencia conjunta contra el agresor serbio.

Después del éxito de la acción libertadora, llamada popularmente “Tormenta”, todos los intentos fallidos de frenarla se volcaron en las acusaciones contra los generales croatas en el Tribunal de La Haya. Se trataba de juzgar la victoria croata y las acusaciones las prepararon aquellos que querían la derrota croata y la victoria serbia. Y por eso ninguna condena contra los generales croatas era aceptable. Ni siquiera tuvo que haber juicio contra ellos, lo único justo era juzgar a los criminales de guerra serbios y a la cúpula del entonces Ejército Yugoslavo, y no en La Haya, sino en Croacia (Zagreb) y en Bosnia y Herzegovina (Sarajevo), donde perpetraron las masacres, la limpieza étnica, los bombardeos contra objetivos civiles.
Pero no nos engañemos, aquí nadie esperaba nada de la mal llamada comunidad internacional (Occidente) después de que la misma no reaccionase cuando no se levantaron acusaciones contra la cúpula militar del ex Ejército Yugoslavo, especialmente contra su jefe, el general Veljko Kadijević. No reaccionaron ni siquiera cuando algunos miembros de la Fiscalía del Tribunal de La Haya renunciaron cuando la entonces fiscal general Carla del Ponte rechazó las acusaciones que ya estaban preparadas contra la cúpula del ex Ejército Yugoslavo. El Tribunal de La Haya debía falsificar la Guerra Patria croata, debía transformar al vencedor en derrotado, debía transformar al agresor en víctima, y todo eso siguiendo la tradición occidental que data aun desde la falsificación de los motivos de las Cruzadas, de la falsificación de los motivos de la Conquista de América y la transformación en colonias de decenas de países no europeos, de los motivos con los que se justificaron posteriormente tantas guerras, mundiales, internacionales, regionales y locales.

 La política de las potencias occidentales que mal llamamos comunidad internacional es la política del interés, la rapiña, la violencia, la dominación y el chantaje. Croacia, los generales croatas, y muchos otros, escaparon por un momento a la vigilancia de esa mal llamada comunidad internacional y cometieron el pecado de independizarse, defenderse, por eso tenían que ser castigados.
De golpe algo cambió y los generales croatas fueron liberados. Me imagino que sé qué es lo que cambió, pero mi amigo y amable oyente, eso lo dejo para otra oportunidad. Hoy el pueblo croata llora de felicidad por las calles y las plazas de su patria, hoy lloran de felicidad los croatas que viven en otros países, hoy la Iglesia y los fieles croatas levantan oraciones de alabanzas y agradecimiento al Señor. Hoy todos nosotros los croatas seguimos no creyendo en la “justicia” de este mundo, tampoco en la “justicia” del Tribunal de La Haya que liberó a nuestros generales, pero sí seguimos creyendo en la Justicia Divina, en Dios “fuente de toda razón y justicia”.

Yo se que después la mal llamada comunidad internacional nos va a seguir maltratando, pero hoy eso no me importa, hoy mi pueblo es feliz y nadie nos puede quitar la alegría de este momento histórico. 

Mate Simic, desde Zagreb, para Croacias Totales

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