21 enero, 2014

Reconocimiento Internacional de la Rep. de Croacia, columna de opinión

El miércoles  celebramos el Día del Reconocimiento Internacional de la República de Croacia, que tuvo lugar el 15 de enero de 1992. En ese entonces un tercio del territorio del país estaba ocupado por el Ejército Yugoslavo, que apoyaba la sublevación de la minoría serbia en Croacia, mientras que los otros dos tercios eran bombardeados desde tierra aire y mar. Pero a pesar de todas las contrariedades, nuestros combatientes seguían resistiendo en inferioridad de condiciones con el apoyo del pueblo croata tanto en la Patria
como en la inmigración.
Ese Día sentimos que íbamos a resistir y tener la dicha y el honor de ver concretado el sueño de muchas generaciones de croatas. Y mientras nosotros luchábamos - como podíamos, donde podíamos y con lo poco que teníamos - y festejábamos, la camarilla yugoslavo-comunista lloraba la desaparición de esa “cárcel del pueblo croata” que fue la Yugoslavia de Tito, y los granserbios trataban de arrancar pedazos de Croacia para anexarlos a Serbia. Todos juntos - yugoslavos, comunistas y granserbios - tenían la esperanza de que no íbamos a resistir, pues antes de la caída del Muro de Berlín los comunistas yugoslavos de Croacia le permitieron al Ejército Yugoslavo que retire de Croacia el armamento de la Defensa Territorial. De esa manera, contra tanques, fragatas y cazabombarderos hemos luchado con escopetas de caza, pistolas y con el convencimiento de quien lucha por la libertad al final le va a ganar al que quiere aplastarla. Y al final David le ganó nuevamente a Goliat. Y eso es lo que festejamos.   

La actual cúpula estatal no festejó entonces ni tampoco ahora, 22 años después. Y hay que entenderlos, no quisieron la independencia de Croacia y ahora conducen sus destinos. Uno se pregunta cómo es posible. Tratemos de dar aunque sea algunas respuestas generales. Mientras nosotros luchábamos literalmente por la supervivencia, ellos privatizaban todo lo que se podía, y ahora son la élite económica del país. Mientras la juventud croata se ofrendaba en el altar de su Patria por la libertad del pueblo croata, ellos mandaban a sus hijos al extranjero a estudiar o simplemente para evitar que fuesen movilizados.

Inmediatamente se pusieron a disposición del presidente Tuđman y mantuvieron todos los puestos, pues la guerra comenzó y no hubo tiempo para formar una nueva administración pública con gente que no había sido parte del régimen comunista yugoslavo. Y aguantaron hasta que la guerra terminó. Ni bien terminó la guerra empezaron a denunciar a Croacia ante las instancias internacionales por crímenes de guerra, por violación de derechos humanos, especialmente los de la minoría serbia, etc., etc. Y la comunidad internacional, que no quería la disolución de Yugoslavia, los siguió apoyando en todo, de la misma manera que los había apoyado durante la existencia de Yugoslavia.

Esa comunidad internacional sabía que en la Yugoslavia de Tito no había ni democracia, ni libertad, ni derechos humanos, que las cárceles estaban llenas de presos políticos y los institutos psiquiátricos de disidentes políticos, pero apoyó todo eso y no le importó, y los sigue apoyando, a los viejos represores y a sus descendientes que lentamente los van reemplazando.

Y como conclusión: la cúpula estatal no festejó el Día del Reconocimiento Internacional de la República de Croacia, pero sí festejó con masiva presencia la Navidad de los ortodoxos - que no es un acto religioso sino una tribuna política desde donde los granserbios (no los serbios creyentes) lanzan sus dardos venenosos contra el pueblo croata y aducen discriminación, intolerancia y evocan los mitos del pasado -  y festejó el aniversario de la entrada de los partisanos (yugoslavos comunistas y granserbios disfrazados de yugoslavos comunistas) en la ciudad de Zagreb en 1945, o sea el comienzo de la masacre del pueblo croata. El presidente Josipović en ese acto hizo una apología del crimen y evocó la figura del mariscal Tito como jefe de los "liberadores", ese mismo mariscal Tito que figura entre los diez primeros genocidas del siglo XX.

El presidente Josipović, como su antecesor en el cargo Stjepan Mesić, asesinó una vez más a los asesinados en 1945, encarceló una vez más a los encarcelados desde 1945 hasta 1990, y va a recibir los aplausos de los represores y sus hijos y nietos en Croacia y los aplausos del Occidente democrático. Repito una vez más, hay que echarlos a todos, retirarles la nacionalidad y darles un plazo de 24 horas para que abandonen nuestra Tierra Santa croata. Todos los croatas de buena voluntad en la Patria y en la Inmigración están invitados a esta segunda liberación que dejamos pendiente a comienzos de la década del 90 porque nos agredieron desde afuera. Hemos resuelto exitosamente la agresión externa y ahora debemos resolver la agresión interna. 

Mate Simic, paea Croacias Totales, desde Zagreb

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