01 abril, 2014

Las próximas elecciones presidenciales en Croacia (Columna de opinión)


Que Croacia tiene un presidente antinacional y antipopular sin el mínimo carisma de estadista, hace tiempo que los croatas lo sabemos. Todos recordamos el irritante amiguismo de Ivo Josipović con el ex presidente serbio Boris Tadić, que en la ciudad heroica de Vukovar, sobre los huesos de los ex combatientes y civiles víctimas de la agresión granserbia, le regaló a Josipović un libro sobre la estrategia granserbia en Croacia que, dicho sea de paso, está en plena marcha.

Cuando parecía que Josipović no podía caer más bajo en el desprecio del pueblo cuyo Estado
representa ante el mundo, y que iba a entender su equivocación después de la llegada a la presidencia de Serbia del extremista serbio Tomislav Nikolić, sucedió exactamente lo contrario: independientemente de que Nikolić dijese que “Vukovar es una ciudad serbia a la que los croatas no tienen porqué retornar”, en un arrebato de “patriotismo” y “orgullo” Josipović se saludó con Nikolić efusivamente con tres besos -que es el saludo tradicional entre los serbios. Es más, Josipović invita a Nikolić a Croacia para que participe en el festejo por el ingreso de Croacia a la Unión Europea y repite el saludo a Nikolić. Josipović parecía embelesado con Nikolić, quien participó activamente en la agresión granserbia contra Croacia. Y el romance de Josipović con Serbia no se detuvo en el intercambio de besos con Nikolić, Josipović inició una campaña para que Croacia retire la acusación contra Serbia ante el Tribunal de La Haya por genocidio, argumentando que eso no era necesario y que iba a perjudicar las relaciones bilaterales con Serbia.

El hecho de que esas relaciones, sobre todo gracias a Josipović, mejoraron a costa de los intereses nacionales y estatales croatas, a costa de la minimización de la Guerra Patria y sus valores, a costa de la igualación del agresor serbio con la víctima croata, a costa de la relativización de las víctimas de la agresión granserbia, a costa del silencio o las tibias reacciones ante las acusaciones serbias por la supuesta amenaza que pende sobre la minoría nacional serbia, a costa de la ofensa y destrucción de los símbolos croatas estatales, a costa de la radicalización y de la militarización total de la sociedad serbia basada en el odio patológico contra todo lo croata, y todo eso para Josipović no es importante.  
Para Josipović lo único importante es implementar los intereses geopolíticos británicos que consisten en sacar a Serbia de la zona de influencia rusa e integrarla a la alianza euroatlántica por encima de los huesos croatas y la dignidad nacional croata.  En ese sentido Josipović visitó Serbia donde, a manera de maestro de escuela, les dio clases de diplomacia y educación cívica a los políticos serbios para estimularlos a que abandonen la conciencia nacional y el patriotismo. Hasta, a la manera de un representante cabal de Occidente, les dijo que Serbia también debía llevar cuenta de la minoría nacional croata, al menos un poquito - es sabido que la elite gobernante en Croacia le dio a la minoría serbia privilegios que ninguna minoría podría soñar en Occidente-. Los serbios fingieron bien, lo escucharon, lo aplaudieron, le sonrieron y lo despidieron con todos los honores, pero en su interior se morían de risa y sus caras denotaban burla, no podían creer lo que estaban viendo y escuchando. Y le contestaron a Josipović eligiendo  para nuevo jefe de Gobierno a Aleksandar Vučić, otro extremista serbio que participó activamente en la agresión granserbia contra Croacia, y la elite gobernante con Josipović a la cabeza alabaron al nuevo premier serbio como si los hubiese amamantado la misma madre al igual que los medios de comunicación afines.
Pero, a pesar del Acuerdo interestatal vigente, la minoría croata en Serbia sigue sin sus representantes en el Parlamento de Serbia, mientras que la minoría serbia en Croacia sí tiene sus representantes en el Parlamento de Croacia. Esto no es ninguna sorpresa, es parte de la política bizantina tradicional que siempre fue igual y por eso no sorprende a nadie, excepto a Josipović, que pone cara de no entender como algo así puede suceder y a modo de estadista dice que de eso va a hablar con sus colegas serbios.
Si alguien escuchase a Josipović y no supiera que Croacia es miembro pleno de la Unión Europea y de la OTAN y que Serbia pretende serlo a través de Croacia, pensaría que Serbia es miembro pleno de la Unión Europea y de la OTAN y que Croacia pretende serlo y por eso sacrifica en forma masoquista su orgullo, su historia, su territorio y la verdad para integrarse a la Unión Europea y a la OTAN a través de Serbia.
La política masoquista croata que se inició con la muerte de Franjo Tuđman y dura hasta hoy, culminó con la llegada de Josipović a la presidencia de la República. Para él no significan nada ni los intereses nacionales, ni las exigencias de la ciudadanía, ni los silbidos que los ciudadanos y ex combatientes le dirigieron en la última celebración del aniversario de la victoria croata contra las fuerzas granserbias, ni el referéndum a favor de la familia que primero trató de evitar y después anular los resultados, ni el desastre económico, ni los ruegos de los trabajadores, campesinos y estudiantes.
El objetivo de Josipović es quebrar definitivamente al pueblo croata económica, espiritual, social y culturalmente para entregarlo a las elites de los centros de poder extranjeros -que son los que con la ayuda de sus lacayos en Croacia lo instalaron en la presidencia- que quieren reintegrar el espacio político yugoslavo. Al pueblo croata nadie le pregunta nada, se lo pone permanentemente ante hechos consumados, todo sucede a sus espaldas. En este experimento  Josipović juega un papel estelar y por eso las encuestas arregladas y los medios controlados lo presentan el político más popular, el mejor, el más honesto, el más hermoso, etc., etc, con el que ningún otro se puede comparar ni competir. Pero en la realidad las cosas no son tan así.
Josipović tiene miedo, porque sabe que las encuestas sobre su popularidad y los comentarios en los medios favorables a su persona están arreglados. Todas las flores que le tiran no pueden cambiar la realidad que es bien distinta. Las elecciones presidenciales se celebrarán a fines del corriente año. Al que más miedo le tiene Josipović es al eventual candidato presidencial de la “Alianza por Croacia”, al doctor Milan Kujundžić. Porque cuando se trata de una persona intelectualmente superior, y encima buen patriota y sin manchas en su vida privada y profesional, eso significa para Josipović un problema realmente grande, pues Josipović es todo lo contrario aunque pretende presentarse como si no lo fuese.
Sería muy interesante ver el duelo entre Josipović -tibio, yugoslavo, comunista y proserbio- y Kujundžić -temperamental, patriota moderno, honesto-. Todas las encuestas actuales y sus resultados se pueden revertir, y si eso no sucede seguramente las va a revertir el pueblo croata. La condición indispensable para que un patriota gane las elecciones es no permitir que las controlen las organizaciones “no gubernamentales”, pues si ellas las controlan Josipović con seguridad va a obtener un segundo mandato, lo que sería nefasto para el país. Esas organizaciones, especializadas para dar legalidad y legitimidad a los resultados solamente cuando gana la opción que apoyan los centros de poder internacionales, deben compartir las mesas electorales con observadores de la opción que no apoyan los mencionados centros, esos centros solamente apoyan a los “vendepatria”.

Kujundžić es patriota y por eso los medios mercenarios lo ignoran, pero a pesar de eso su imagen se agiganta. Dios quiera que se presente y se haga cargo de esta gran responsabilidad. Estoy seguro de que si lo hace va a derrotar fácilmente a Josipović y abrir el horizonte que este le ha cerrado a Croacia.     

Mate Simic, desde Zagreb

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