27 mayo, 2014

Elecciones Parlamentarias en Croacia, columna de opinión

Croacia eligió a los 11 diputados que la representarán en el Parlamento Europeo en los 5 años siguientes. 6 son de la coalición que encabeza el principal partido de oposición (la Unión Democrática Croata), 4 son de la coalición que encabeza el partido gobernante (el Partido Socialdemócrata)  y 1 es de un partido ecológico (Desarrollo sostenible). En el mismísimo umbral se quedó la coalición patriótica Alianza por Croacia, que cuando se llevaban computados más del 98% de los votos
estaba en el Parlamento Europeo y “de golpe” se quedó en el umbral.

Sin pretensión de alimentar suspicacias quiero destacar que “de golpe” y como por arte de magia llegaron los votos desde las cárceles, desde los barcos de alta mar y de una parte de la diáspora y “milagrosamente” el diputado europeo de la Alianza por Croacia se transfiguró en un diputado Europeo de la Unión Democrática Croata. Como los croatas somos de tradición católica, creemos en los milagros y… ¿por qué no creer en éste?

 Habría que decir también que mientras que la Unión Democrática Croata, el Partido Socialdemócrata y el Partido de Desarrollo Sostenible contaron con una cobertura mediática total, la Alianza por Croacia tuvo un trato más que discriminatorio por parte de los medios de comunicación. Ni siquiera los actos multitudinarios de la Alianza por Croacia merecieron la atención de los medios y, como ocurre en casi todo el mundo, las elecciones las ganó la televisión, que fomentó la abstinencia de tal manera que de los 3.700.000 empadronados salió a votar menos de 1.000.000.

La legitimidad no la pondremos en duda, supongamos que todo fue transparente, pero la legitimidad de los elegidos es realmente escasa. Más del 75% de los votantes se quedaron en sus casas y tal vez ese es el mensaje principal que le dirigieron a la nomenclatura política. No obstante si obviamos los datos sobre la participación y la discriminación mediática, el resultado es una severa amonestación a la coalición gobernante, que fue derrotada en 18 de las 21 provincias y en las 2 ciudades más importantes de Croacia: Zagreb y Split.
Lo inquietante es que el castigo lo capitalizó la Unión Democrática Croata, que es corresponsable de la lamentable situación en la que se halla el país ya que desde que Croacia se independizó (1992) estuvo todo el tiempo en el Gobierno excepto en el período 2000-2003 y desde diciembre de 2011 hasta hoy.

La gente simpatiza a los dos partidos grandes, lo demuestra la abstinencia en las elecciones parlamentarias que supera el 50%, el actual presidente Ivo Josipović fue elegido con el voto de apenas un tercio de los ciudadanos con derecho a voto, pero increíblemente absteniéndose de votar les regalan el poder a pesar del objetivamente evidente fracaso de sus gestiones. La pregunta del millón es cómo lograr que la gente salga y vote para poder cambiar al futuro.

A fin de año se celebrarán las elecciones presidenciales, será una nueva oportunidad para que alguien encuentre la fórmula para liberarnos de este suplicio. Como dice el dicho, “la esperanza es lo último que se pierde”. El amor a la patria nos pide actuar en función de las generaciones venideras, a actuar sin relativismos inmaduros, desidiosos y cobardes, a actuar sin ignorar la realidad ni los fracasos y errores. Ya sabemos hacia donde nos llevan los sueños de poder ilimitado, la imposición de las propias convicciones como absolutas y el desprecio de la disidencia, nos llevan hacia la abulia de las conciencias. Solamente la mística simple del amor a la patria, un amor constante, humilde y exento de vanidad, pero firme en sus convicciones y en su entrega, nos puede sacar del pozo en el que nos encontramos.  

Mate Simic, para Croacias Totales  


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