20 mayo, 2014

La Tragedia de Bleiburg, Columna de opinión



El sábado 17 de mayo de 2014 miles de croatas - venidos de Croacia, Bosnia y Herzegovina, y de todo el mundo -  se congregaron en la ciudad austríaca de Bleiburg para conmemorar la peor matanza sufrida por el pueblo croata en toda su historia, iniciada inmediatamente después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y perpetrada por los comunistas yugoslavos dirigidos por el mariscal Josip Broz Tito y con la bendición de los ganadores. La matanza se inició en Bleiburg, continuó inmediatamente en las “Caravanas de la Muerte” y luego se prolongó en la dictadura comunista yugoslava y granserbia hasta la caída del Muro de Berlín.
Muchos se empeñan en denunciar este genocidio
recurriendo al Derecho Internacional, distintas Convenciones Internacionales, Declaraciones, Resoluciones, etc. Pero es más simple: mataron a mi pueblo, lo asesinaron, lo masacraron. ¿Quiénes? Primero los Aliados, que no apoyaron el derecho de Croacia a su Estado independiente y la extraditaron a las Potencias del Eje. Éstas en un principio tampoco apoyaron el derecho de Croacia a su Estado independiente, al contrario,   primero se aliaron con Yugoslavia y después, cuando esa alianza fracasó por una maniobra británica, reconocieron el Estado croata pero al mismo tiempo lo ocuparon, Italia anexó la parte costera del mismo y Alemania lo usó en función de sus intereses. Y al final, nuevamente los Aliados, especialmente los británicos, que cuando la Guerra ya había terminado en vez de proteger a los soldados y a los civiles croatas que huyeron en masa hacia Austria ante el avance del Ejército Rojo,  desarmaron a los soldados y junto con los civiles los devolvieron a los comunistas yugoslavos de Tito que iniciaron la orgía de sangre de la que no nos hemos recuperado hasta el día de hoy.
Después de la matanza para nosotros los croatas la lucha por la libertad fue una cuestión personal y concreta porque todos perdimos a algún familiar o amigo. Antes de la matanza la lucha contra Yugoslavia era ideológica y económica, pero después de la matanza se transformó también en una cuestión de supervivencia biológica pues en la Yugoslavia de Tito éramos todos “culpables” por el solo hecho de ser croatas.
En esa “culpa” colectiva cayó primero la ideología yugoslava y luego el Estado yugoslavo, porque los familiares de las víctimas no podían abrazar la ideología en nombre de la cual sus seres queridos fueron masacrados. Sin una ideología común el Estado yugoslavo no podía sobrevivir.
La Tragedia de Bleiburg demostró definitivamente la inviabilidad del Estado yugoslavo que en 1990 no sobrevivió ni siquiera con el apoyo de Estados Unidos, Europa Occidental, Rusia y los “No Alineados”. En 1945 nació el realismo político croata, eso quedó demostrado en 1990, cuando nuevamente Estados Unidos, Europa Occidental, Rusia y los “No Alineados” nos extraditaron desarmados al agresor serbio-yugoslavo para que nos liquide, pero el pueblo croata con la ayuda de su inmigración resistió solo a la agresión y demostró que el sacrificio de la generación croata masacrada en 1945 no fue en vano.
La generación croata masacrada en Bleiburg fue nacionalista pero exclusivamente desde el punto de vista croata, ese nacionalismo era amor a la libertad del pueblo croata y certeza de que el pueblo croata podía ser feliz solamente si vivía libre en su propio Estado. Por ese ideal la juventud de esa generación se ofrendó en defensa de su Estado y de su pueblo.
El nacionalismo de la generación de Bleiburg no endiosaba el Estado ni la raza, sino que era una expresión del alma croata con sus valores, vivencias espirituales y experiencias, con sus sentimientos religiosos tradicionales, con una visión económica y social moderna y solidaria. Después de la matanza de Bleiburg el pueblo croata entendió que nadie lo iba a proteger en nombre de los ideales universales, que se debía  proteger solo, y en 1990 lo hizo.
La enseñanza de la Tragedia de Bleiburg es que el anticomunismo que Croacia compartía con Occidente no alcanzó para salvar al pueblo de la matanza, que eran necesarios también otros motivos. La generación masacrada en Bleiburg pensaba que Europa Occidental era un ángel y Europa Oriental un demonio, que había que defender al ángel del demonio, pensaba que Europa Oriental era comunista y se olvidaba de que el comunismo nació en Europa Occidental, pensaba que Europa Oriental era materialista y se olvidaba de que Europa Occidental era mucho más materialista, pensaba inocentemente que Occidente apreciaría el anticomunismo croata y por eso nos iba a perdonar la “alianza” coyuntural con Italia y Alemania.
De la generación de Bleiburg heredamos el amor a la libertad del pueblo croata y la disposición al sacrificio y nos liberamos de la inocencia política. Por eso las generaciones posteriores le pudieron dar a la lucha  croata el realismo necesario para lograr el éxito. Y lo logramos.

Hoy Croacia a pesar de todos sus problemas es libre e independiente porque  la Tragedia de Bleiburg fue una escuela que nuestro pueblo pagó muy caro pero le sirvió para independizarse definitivamente. La Tragedia de Bleiburg dejó heridas profundas y consecuencias graves que aun hoy sentimos. Recordándola, tratamos  de corregir nuestros errores y de construir nuestro presente y nuestro futuro en base a la enseñanza que nos ofrece nuestra historia. Recordamos para purificar nuestra memoria histórica y transformarla en fuente de sabiduría, reconciliación y esperanza. Recordamos para poder construir una patria a la medida de nuestros sueños. 
¡Dales
Señor el descanso eterno y brille para ellos la luz que no tiene fin!

Mate Simic, desde Zagreb, para Croacias Totales

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