07 febrero, 2015

Análisis del dictamen por genocidio entre Croacia y Serbia- ICTY

El Tribunal de Justicia de La Haya después de 15 años, rechazó las acusaciones mutuas por genocidio entre Croacia y Serbia. Solamente uno de los 15 jueces del Tribunal, el brasileño Antônio Augusto Cançado Trindade, reconoció en el texto de la acusación croata y en el hecho de que en la agresión de Serbia contra Croacia hubo más víctimas civiles que militares,  elementos de genocidio, y eso a pesar de que los cipayos “croatas” modificaran el texto inicial de la acusación para debilitarla y para que la misma se retire. Los otros 14 jueces constataron que el Ejército Popular Yugoslavo y los paramilitares
serbios en territorio croata perpetraron graves crímenes y violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, pero a su entender la magnitud de esos crímenes no fue suficiente para que los mismos se califiquen como un genocidio.

Durante la presidencia del Dr. Franjo Tuđman Croacia acusó ante el Tribunal de Justicia de La Haya a Yugoslavia (formada en ese entonces por Serbia y Montenegro) por agresión, genocidio, crímenes de lesa humanidad, limpieza étnica y por organizar el éxodo de los serbios de Croacia (para poder acusar después a Croacia de limpieza étnica). Los expertos calificaron el texto como “brillante” y el Tribunal  aprobó la acusación en tiempo récord. Pero tras el fallecimiento del presidente Tuđman en 1999 y la llegada al poder en el 2000 de los herederos de la triple dictadura (yugoslava, comunista y granserbia), disfrazados de demócratas, todo cambió.
Ellos eliminaron del texto de la acusación que Serbia organizó el éxodo de los serbios de Croacia. Eliminaron del texto a Montenegro aunque fuera estrecho aliado de Serbia en la agresión contra Croacia en general y contra la ciudad de Dubrovnik en particular. Perdieron tiempo bajo el pretexto de reunir pruebas, aunque ya las tenían, y así le dieron tiempo a Serbia para que prepare la contraacusación. Insistieron en el retiro mutuo de las acusaciones. Aprobaron una Declaración con la que le dieron al Tribunal de La Haya competencia sobre las operaciones de liberación de los territorios croatas ocupados, cosa que aprovechó el Tribunal para criminalizar, en base a unos poquísimos crímenes individuales y aislados, a toda la cúpula estatal croata de ese entonces, a la guerra libertadora y al mismo Estado croata ¿Y qué otra sentencia se podía esperar del Tribunal si el boicot venía de las propias filas “croatas”?

En resumidas cuentas lo primero que hay que decir es que con esta sentencia del Tribunal ganó Serbia, porque Serbia no acusó a Croacia ante el Tribunal pensando que podía ganar, pues sabía muy bien que no tenía ninguna posibilidad, sino solamente para que no gane Croacia, y lo logró. Otra cosa que hay que decir es que los jueces del Tribunal de La Haya no viven en una burbuja y escucharon las voces de los cipayos “croatas” sobre que había que retirar la acusación, y eso seguramente influyó en ellos y en la sentencia. Al equipo de abogados que nos representó ante el Tribunal no se le pueden negar la profesionalidad e idoneidad, pero sí se le puede recriminar el haber desistido del interrogatorio cruzado a los testigos, lo que pudo haber sido decisivo.
 La exclusión abrupta del eminente y reconocido abogado Mirjan Damaška del equipo de abogados croatas despertó sospechas y coincidió con la decisión de desistir del interrogatorio cruzado a los testigos. A todo eso hay que agregar un “vacío formal” del Derecho Internacional, según el cual un Estado que no haya adherido a la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio no puede responder por genocidio, lo que en este caso significa que Yugoslavia no puede responder sobre los sucesos en cuestión, porque ya no existe, y que Serbia no puede responder, porque en ese entonces no existía (era parte de Yugoslavia). El Tribunal consideró que la intención genocida de Serbia no fue probada, lo que es un sinsentido desde el punto de vista formal y desde el punto de vista del derecho, pues de no haber habido intención hasta todo esto no se habría llegado. 
Después de la sentencia del Tribunal de La Haya, las víctimas y sus familias no pueden estar satisfechas. Se esperaba que el Tribunal confirme que el Ejército Popular Yugoslavo y las fuerzas paramilitares serbias cometieron genocidio al menos en algunas partes del territorio croata, por ejemplo en la ciudad de Vukovar, cuyos habitantes después da la caída de la misma fueron masacrados, internados en campos de concentración o expulsados. Si bien el Tribunal mencionó esto en su sentencia, no reconoció la intención genocida. Teníamos la esperanza de que el Tribunal destacase más claramente la responsabilidad de Serbia por la guerra, o mejor dicho por la agresión contra Croacia (y Bosnia y Herzegovina). Aunque no lo haya destacado con claridad, es importante que haya confirmado que el objetivo de la agresión contra Croacia fue la creación de una Gran Serbia étnicamente limpia.
Independientemente del fallo del Tribunal, queda el hecho de que la política granserbia causó la guerra y que Serbia es responsable de la agresión y la ocupación de Croacia. Queda también el sabor amargo de la explicación del Tribunal, según la cual el número de muertos no es suficiente en relación al número de miembros del mismo grupo étnico en un determinado espacio para calificarlo de genocidio, y según la cual las víctimas croatas arrojadas a la fosa común en la estancia de Ovčara fueron asesinadas para ser castigadas como enemigos y no por ser miembros del mismo grupo étnico. En fin, “el derecho no siempre es justicia”.
Después de esta sentencia nadie puede esperar que la actual cúpula estatal de Serbia, integrada por políticos que apoyaron directamente la política granserbia, reconozca la responsabilidad de Serbia por la guerra en Croacia y en Bosnia y Herzegovina o indemnice a las víctimas de esa política. No obstante, la opinión pública mundial, y los expertos, ahora tienen una idea más completa de lo que nosotros los croatas llamamos la Guerra Patria y disponen de mucho material para sus análisis y conclusiones. Además, el hecho de que el Tribunal de Justicia de La Haya se haya declarado competente en la acusación de Croacia contra Serbia, confirma que la guerra en Croacia no fue una guerra civil, y la sentencia, a pesar de todo, implica que Serbia implementó una política criminal y la opinión pública internacional ahora va a saber quién fue el agresor.
Agreguemos que el hecho de que Croacia y Bosnia y Herzegovina hayan acusado a Serbia de genocidio señala qué política causó la guerra en la década del 90 del siglo pasado. Definitivamente está confirmado que Serbia fue agresor en el territorio croata, donde se perpetraron numerosos crímenes de guerra - incluyendo la limpieza étnica de la población no serbia en los territorios croatas ocupados - que tienen características de genocidio con el fin de crear la Gran Serbia. La gente aquí tiene que seguir viviendo, pero sencillamente no se puede borrar lo que sucedió y el futuro hay que construirlo sobre la verdad y la justicia. 


Más de 15.000 víctimas croatas. Miles de inválidos de guerra croatas. Más de 8.000 croatas internados en campos de concentración serbios. Un sinnúmero de edificios civiles y viviendas destruidas. Más de 1.500 edificios religiosos destruidos. Más de 900 croatas que siguen desaparecidos. Más de 25.000 obras de arte robadas. Miles de objetos sacros religiosos robados. Miles de obras de arte robadas de bibliotecas y archivos. Y un largo etcétera que huele a genocidio. Por eso Croacia acusó a quienes la atacaron. Por eso compartimos la preocupación de nuestros connacionales por el hecho de que el Tribunal haya decidido que no hubo genocidio ni intención genocida. Por eso nos ponemos en el lugar de aquellos que sintieron el horror durante la Guerra Patria. Después de tanta desgracia no podemos dejar de preguntarnos quién va a responder por todo esto, quién va a compensar el daño moral y material, pues todo eso no vino de la nada, alguien vino a Croacia, atacó y bombardeó nuestras ciudades, y sabemos quién bombardeó, destruyó e incendió.
Nosotros sabemos que esto no fue una guerra civil, como pretendía la parte influyente de aquello que se llama comunidad internacional, que procuraba igualando al agresor con la víctima reconstruir la cárcel yugoslava, por supuesto con la ayuda de sus cipayos “croatas” que cada vez menos hablan de que contra Croacia y contra Bosnia y Herzegovina hubo una agresión armada. Unos y otros sugieren que aquí croatas y serbios discutieron, se pelearon y nadie es culpable. Unos y otros hablan de guerra civil y no de agresión. ¿Por qué? Porque esa parte de la mal llamada comunidad internacional es también responsable, no reaccionó a tiempo y no detuvo la agresión, y pudo. Y ahora, para salvarse, se lava las manos y deriva las responsabilidades a los actores locales.
A pesar de todo en la sentencia hay algunas cosas rescatables. Se destaca que Serbia fue el agresor, junto con el Ejército Popular Yugoslavo y los paramilitares serbios, en territorio croata. Se destaca  que cometieron crímenes de guerra que tienen algunas características de genocidio. Se constata que el Ejército Popular Yugoslavo y las formaciones paramilitares serbias utilizaron fuerza excesiva, perpetraron numerosos asesinatos y limpieza étnica. No obstante el Tribunal consideró que eso no fue suficiente para constatar la intención genocida. Ahora tendría que reaccionar la justicia croata para lograr aunque más no sea un mínimo de justicia para los damnificados y satisfacción y compensación para las víctimas. Porque del Tribunal político de La Haya, que solamente pretende que las cosas aquí funcionen bien después de todo lo sucedido, ¿qué otra cosa se podía esperar excepto que le den y quiten algo a las víctimas y a los verdugos, que las víctimas y los verdugos se arreglen entre ellos, y tengan buenas relaciones?  

El Tribunal de Justicia de La Haya envió un mensaje claro: a nosotros no nos interesan ni las víctimas ni los sufrimientos del pueblo croata, a nosotros no nos interesa el pueblo croata, nuestra tarea es trabajar para un acercamiento entre Croacia y Serbia con el fin de  estabilizar nuevamente ese espacio geopolítico importante en el sur de Europa que no debe caer bajo la influencia y la dominación de Rusia. Rechazando la acusación de Croacia contra Serbia por genocidio, las potencias occidentales quisieron decir que nuevamente cuentan con Serbia en las actuales tensiones peligrosas entre Occidente y Rusia.

Conclusión 1: el Derecho Internacional sigue torcido porque sigue siendo la injusticia impuesta por la fuerza que sirve a los intereses de las grandes potencias. 
Conclusión 2: Croacia debe  eliminar políticamente a los herederos de la triple dictadura que son los cipayos de las grandes potencias y la “quinta columna” yugoslavista, comunista y granserbia en nuestro país.     

Mate Simic, desde Zagreb
                 


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