04 marzo, 2015

La fe de los croatas (Columna de opinión)

El pasado 10 de febrero en Croacia se conmemoró al beato, y Dios mediante próximamente santo, cardenal arzobispo de Zagreb Alojzije Stepinac, que, además de simbolizar la fidelidad incondicional a la Iglesia Católica y al Papa y el amor hacia su pueblo croata, simboliza también la lucha contra los tres totalitarismos del siglo XX que azotaron con inusitada violencia a nuestra Patria y a nuestro pueblo: el nazismo, el fascismo y el comunismo.

En el mes de febrero en Croacia tiene lugar una conmemoración por todas las víctimas de esos regímenes totalitarios impulsada en su momento por el Consejo Europeo que en dos oportunidades destacó que
la reconciliación es posible solamente a través de la Verdad. Esa conmemoración por las víctimas en Croacia siempre incluye una Santa Misa pues, como en muy pocos lugares en el mundo, aquí la Iglesia Católica y el pueblo croata constituyen una unidad indisoluble. Ninguna dominación extranjera, ningún régimen dictatorial y ninguna ideología pudieron romper esa unidad, que se inició en el siglo VII cuando los croatas se asentaron en estas tierras y perdura hasta el día de hoy. Aquí en Croacia la Iglesia Católica siempre estuvo junto al pueblo, en las buenas y en las malas. En esa Santa Misa se recuerdan las víctimas de los totalitarismos mencionados y se eleva la oración a Dios por sus almas y por las almas de todos aquellos que injustamente abandonaron este mundo como víctimas. La Iglesia Católica ha elevado al honor de los altares a algunas de las víctimas de los regímenes totalitarios proclamándolos beatos y mártires.
Reflexionando sobre los mártires cristianos advertimos que a lo largo de la historia siempre hubo persecuciones contra los cristianos, desde el Imperio Romano, pasando por la Revolución Francesa y los totalitarismos del siglo XX, hasta los agresivos y perversos totalitarismos encubiertos y sofisticados del siglo XXI. Los cristianos fueron y son perseguidos porque viviendo su fe y expresando sus convicciones siempre son una molestia para quienes no viven cristianamente o de acuerdo a los valores universales que surgen del cristianismo.

Hoy como ayer también vemos que cuando un cristiano vive realmente los valores evangélicos irrita a muchos, a propios y extraños. Los irrita porque se diferencia de aquellos que se permiten todo, tiene Temor de Dios, procura respetar la Ley de Dios y los principios morales y porque en el centro de su vida está Dios y no un hombre o un ídolo. Manifestando sus convicciones el cristiano siempre molesta a los poderosos de todas las épocas, porque los poderosos exigen obediencia incondicional y declaran enemigo a todo aquel que se arrodille solamente delante de Dios y no ante ellos. Nosotros los croatas y nuestra Iglesia Católica eso lo sabemos muy bien, lo hemos vivido en carne propia, y por eso nuestra Iglesia y nuestro pueblo han dado tantos mártires a la Iglesia Católica y a la Patria, mártires por la fe y por la libertad, conocidos y desconocidos.
Como pueblo profundamente católico siempre hemos tratado de responder con el perdón y no con la venganza, hemos tratado de responder al “ojo por ojo y diente por diente” poniendo la otra mejilla, porque eso nos enseña y recuerda permanentemente nuestra Iglesia Católica. No es fácil, pero nuestros beatos y mártires nos mostraron con sus vidas que el verdadero creyente, el verdadero católico, el verdadero cristiano, el verdadero croata, ama y perdona a sus perseguidores, nuestros beatos y mártires supieron explicarnos con su testimonio de vida su esperanza y su fe cristianas, nuestros beatos y mártires se ofrendaron por su fe y por su Patria y por eso ni la muerte ni las persecuciones los pudieron doblegar. Jesús mismo dijo: Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros“.

Todos los que defienden sus convicciones son perseguidos, porque son un estorbo para todas las estructuras injustas, porque son indomables, porque no  dicen lo que los otros quieren escuchar sino lo que hay que decir, lo que no se puede callar. La persecución es para ellos una especie de reconocimiento de que son verdaderos creyentes y cristianos, verdaderos croatas. Quienes no están al nivel de ellos nunca van a ser perseguidos porque no aprovecharon, como nuestros beatos y mártires, la oportunidad que se les brindó en el tiempo justo para dar testimonio de Jesucristo sin negarlo y para dar testimonio de su patriotismo sin traicionar a la Patria.
En Croacia numerosos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos dieron la vida por su fe y por su Patria, y por eso la Iglesia y el pueblo quieren que se investiguen todos los casos, para que se les rinda el merecido homenaje, para que se les agradezca su ofrenda y testimonio, y para orar por su eterno descanso. Todos tenemos que hacer algo para que esas víctimas no queden en el olvido, sin miedo a las posibles reacciones de quienes desean cubrirlas con el manto del olvido. Todos nosotros podemos hacer algo por las víctimas, aunque no sea algo espectacular, aunque más no sea anotarlas y orar por sus almas, el resto se lo encomendamos a Dios y al juicio de la historia, no de la historieta oficial del momento, sino de la Historia con mayúscula.
Si bien es verdad que algunos responsables de esas víctimas fueron descubiertos y sancionados, también es verdad que muchas víctimas siguen envueltas en un injusto silencio. Aun cuando ya han pasado 70 años desde que fueron asesinadas por los comunistas yugoslavos en la Posguerra Mundial, no se quiere hablar de ellas. Por eso el pueblo croata le expresa agradecimiento y respeto a esas víctimas inocentes, organizando cada año en el mes de febrero la conmemoración en un lugar distinto, para orar por ellas, para que nadie se avergüence de esas víctimas, porque todas las víctimas son iguales ante Dios.

Nosotros los croatas como creyentes procuramos perdonar a todos, pero también queremos que se entienda la grandeza del martirio de esas víctimas y que los verdugos se conviertan, si están vivos, y entiendan la gravedad de sus obras. Nosotros como creyentes procuramos no juzgar a nadie pues el único Juez es Dios. Nosotros oramos y eso es lo único que podemos hacer al recordar a esas víctimas, independientemente de la ideología que las asesinó.


En ese espíritu de perdón y reconciliación, pero también buscando firmemente la verdad, tratemos de construir una convivencia normal con todos sabiendo respetar y reconocer aquello que es valioso. Estamos en tiempo de Cuaresma, preparándonos para celebrar la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que va a abrir también los sepulcros de las víctimas que algunos quieren olvidar y borrar. Con la firme esperanza de que “Al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los Cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso, y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos”, recordemos a todas nuestras víctimas seguros de que no van a ser olvidadas y hagamos nuestro aporte para que así sea. 

Mate Simic, desde Zagreb, para Croacias Totales

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