09 marzo, 2015

La primer visita al exterior de la nueva presidenta de Croacia



El primer país que visitó la flamante presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarović,  fue Bosnia y Herzegovina. La elección misma del país vecino es un indicador de que Bosnia y Herzegovina va a ser una prioridad de la política exterior de Croacia, al menos para la presidenta. Las declaraciones de la presidenta en Sarajevo se mantuvieron en los límites del discurso diplomático y no se diferenciaron sustancialmente de las declaraciones de su antecesor en el cargo Ivo Josipović, lo cual nos dejó un sabor algo amargo a quienes esperábamos una retórica más firme sobre
la necesidad de que nuestros compatriotas en el país vecino como pueblo constitutivo tienen que tener los mismos derechos que los serbios bosnios y los musulmanes bosnios, los otros dos pueblos constitutivos.
Hubiésemos querido escuchar algo más, por ejemplo que Croacia desea cultivar una relación amistosa con Bosnia y Herzegovina, pero no a cualquier precio. Croacia no desea cultivar una relación amistosa con una Bosnia y Herzegovina como la actual, en la que los serbios bosnios y los musulmanes bosnios pisotean los derechos políticos de los croatas. Croacia desea cultivar una relación amistosa con una Bosnia y Herzegovina europea, en el sentido profundo de la palabra, formada por tres pueblos constitutivos y en la que todos los ciudadanos sean iguales ante la ley. No hemos escuchado eso de boca de la presidenta.
Seguramente la presidenta tuvo sus motivos para no denunciar la evidente discriminación de los croatas en el país vecino, es de suponer que la más mínima denuncia de su parte habría sido aprovechada por los enemigos de Croacia para acusarla a ella y a Croacia de mezclarse en los asuntos internos del país vecino.
Independientemente de los motivos que pudo haber tenido la presidenta, que podemos entender, esperábamos al menos que no repitiese por enésima vez  que Croacia respeta la integridad territorial y soberanía de Bosnia y Herzegovina y, que en vez de repetir eso, advirtiese sutilmente que Bosnia y Herzegovina no solamente que no aseguró la constitutividad e igualdad del pueblo croata, obligación que surge del Acuerdo de Dayton - con el que se detuvo la guerra en 1995 - sino que discrimina a nuestros compatriotas y está llevando a cabo una limpieza étnica lenta pero constante. Al destacar que Croacia respeta la integridad territorial y soberanía de Bosnia y Herzegovina, la presidenta nos puso de antemano en una situación de sospechosos y en la utopía de que sobre la igualdad se tienen que poner de acuerdo los tres pueblos de Bosnia y Herzegovina. Si las cúpulas políticas de los dos pueblos más numerosos, los serbios bosnios y los musulmanes bosnios, hubieran aceptado la igualdad y constitutividad de los tres pueblos, no habrían utilizado sus mayorías para negárselas al pueblo menos numeroso, a los croatas.
Por eso los croatas, como pueblo minoritario, nunca van a lograr la igualdad con los otros dos pueblos sin que Croacia se mezcle en los asuntos internos de Bosnia y Herzegovina. Por eso Croacia tiene que cambiar el orden de sus prioridades, primero tiene que apoyar los intereses de los croatas en Bosnia y Herzegovina y recién después la integridad territorial y soberanía de una Bosnia y Herzegovina que garantice la igualdad de los tres pueblos.
Los croatas tampoco van a lograr la igualdad con los otros dos pueblos sin la intervención de la comunidad internacional. El  Acuerdo de Dayton, aunque lejos de ser ideal, sirvió para detener la guerra en Bosnia y Herzegovina y como garantía mínima de igualdad y constitutividad para los croatas, pero el mismo sufrió drásticas modificaciones a partir del  año 2.000 con los distintos Altos Representantes de la Comunidad Internacional, una especie de virreyes  de Bosnia y Herzegovina con poderes plenos que convirtieron al país en un protectorado en el que ellos tenían todos los “méritos” y derechos y le trasladaban a los habitantes de Bosnia y Herzegovina todas las “culpas” y obligaciones. Ellos son los que le quitaron la constitutividad e igualdad a los croatas en el país vecino mientras Croacia callaba porque se hallaba entre el martillo del Tribunal de La Haya y el yunque del ingreso a la Unión Europea. Todos se mezclaban permanentemente en los asuntos internos de Bosnia y Herzegovina, Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, Turquía, Serbia, cada uno tenía allí sus intereses, mientras Croacia paradójicamente se mantenía al margen, como si no tuviera allí sus intereses.
Pero Croacia no se mantenía al margen solamente por la política anticroata del Tribunal de La Haya - que como todo tribunal político respondía a los intereses políticos de quienes lo crearon - ni para que no le cerrasen las puertas de la Unión Europea. Se mantenía al margen porque la casta gobernante fue cómplice del Tribunal de La Haya y de la burocracia tecnócrata de la Unión Europea que a través de Bosnia y Herzegovina mantenían la esperanza de reconstruir Yugoslavia pero bajo otro nombre, para no herir susceptibilidades. Lo lógico hubiese sido que Croacia se mezclase en los asuntos internos de Bosnia y Herzegovina, sobre todo cuando el marco del Acuerdo de Dayton - del que Croacia también es firmante y garante - fue roto por los Altos Representantes de la Comunidad Internacional en perjuicio de la constitutividad e igualdad de los croatas de Bosnia y Herzegovina.
La política croata tiene que liberarse de la hipoteca y de esa necesidad irracional de convencer permanentemente a alguien de que no tiene nada contra la integridad territorial de Bosnia y Herzegovina, porque eso es totalmente innecesario y se sobreentiende. Croacia tiene que insistir en que se resuelva la cuestión de la igualdad de los tres pueblos constitutivos, pues eso es lo único que puede hacer.
Nosotros sabemos que es muy importante la postura de Estados Unidos, que hasta ahora fue mantener el concepto unitarista con el que se identifican los musulmanes bosnios que son los más numerosos. Ese concepto solamente acrecentó las tensiones entre los tres pueblos y creó un marco totalmente disfuncional. Tal vez esa fracasada política cambie, al menos eso deja entrever la Resolución que aprobó el Parlamento Europeo el año pasado en la que se habla claramente de la federalización como camino para el futuro europeo de Bosnia y Herzegovina y se condena tanto el separatismo como el unitarismo. La federalización del país vecino, que es lo que más le conviene a los croatas, cada vez más se muestra como el camino europeo de Bosnia y Herzegovina. Pero todavía hay que ver cuál va a ser la política de Estados Unidos, que hasta ahora apoyó el concepto unitarista de los musulmanes bosnios.

La visita de la presidenta Kolinda Grabar-Kitarović a Bosnia y Herzegovina en sí misma es positiva e independientemente de las expectativas satisfechas o frustradas, fue una clara señal de que el país vecino va a ser prioridad de la política exterior croata. Esperamos que en el período siguiente la presidenta de la República y el Gobierno pongan el acento en la situación de nuestros compatriotas en Bosnia y Herzegovina y que confirmen aquello que expresaron explícitamente tanto el Senado de Estados Unidos como el Parlamento Europeo: que los croatas en Bosnia y Herzegovina no tienen igualdad de derechos y están amenazados. 

Mate Simic, para Croacias Totales.

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