19 abril, 2015

Croacia y su crisis demográfica - Columna de opinión


Son muchos los jóvenes universitarios que han emigrado de Croacia en los últimos 20 años. Este fenómeno se ha intensificado en los últimos tiempos con la particularidad de que no emigran solamente individuos sino también familias enteras. Es sabido que las personas que emigran en general no retornan pues en otros países forman su familia, cosa que  se refleja en la situación
demográfica de Croacia. Las proyecciones no son alentadoras, muestran que el número de adultos que trabajan se reduce mientras que el número jubilados crece. A este ritmo el número de habitantes hasta el año 2025 se va a reducir en un 6% y el de quienes tienen 60 años o más va a crecer del 22% actual a un 30%. Seguramente por eso la Conferencia Episcopal Croata encendió la alarma en su quincuagésima asamblea plenaria celebrada del 14 al 16 de abril. Los obispos constataron que Croacia está viviendo una grave crisis demográfica que dura ya varios decenios y que últimamente está tomando proporciones preocupantes.
Entre las causas de la crisis demográfica los obispos croatas destacan la emigración continua, la mudanza del campo a la ciudad, el desarrollo más lento de las ciudades pequeñas y medianas, el trabajo transitorio en el extranjero, la falta de trabajo, el trabajo inseguro, la falta de una política sistemática que favorezca a las familias jóvenes y la crisis económica que las lleva a una situación insostenible.
Los pastores croatas advierten también sobre las tendencias económicas que discriminan a la mujer, especialmente a las madres con hijos pequeños y a las embarazadas. Se les ofrece trabajo si no planean tener hijos, son sancionadas si quedan embarazadas, los horarios de trabajo son inadecuados, y a todo esto hay que sumarle la falta de servicios para las familias con hijos pequeños.
Los obispos constatan que año tras año el número de fallecidos supera al de nacidos y que a este ritmo a mediados de siglo Croacia va a tener un millón de habitantes menos y una reducción drástica de la población que trabaja, lo que implica consecuencias sociales y macroeconómicas impredecibles. Los prelados croatas piden una reacción urgente para resolver o aliviar esta situación y reclaman un diálogo constructivo para encontrar una solución en vistas al futuro demográfico del país.
Para crear en Croacia un ambiente amistoso hacia la familia y los niños los obispos sugieren que se apruebe urgentemente y se implemente sistemáticamente una política familiar y poblacional natalista como parte importante de la política de desarrollo que es de interés vital para el futuro de la sociedad croata. Nuestros obispos nos llaman a reflexionar y a participar para salir del  oscuro presente demográfico.
Es evidente la necesidad de aprobar una estrategia de desarrollo demográfico a largo plazo para crear las condiciones necesarias para comenzar a resolver el problema de fondo, cosa que no se puede lograr con medidas coyunturales. La política demográfica tiene que ser parte de la política económica y no de la política social. Eso significa crear condiciones en las cuales las familias no van a estar limitadas por la supervivencia cuando deciden si van a tener hijos y cuantos, y eso significa que tengan vivienda, trabajo, seguridad. La política demográfica es una cuestión estratégica para el desarrollo y la supervivencia de Croacia, por eso hay que tomar la decisión política de que eso es algo esencial.
 Los economistas van a decir que no tenemos dinero para eso, pero no es verdad. Para revitalizar al país es necesario destinar alrededor del 4% del presupuesto nacional para solucionar el problema, que es mucho menos de lo que se destina a subvencionar a distintas sanguijuelas sociales que encima trabajan en contra del país.
 Hay otro problema aún más profundo que impide comenzar a resolver la crisis demográfica. Es la política antivida y antifamilia de la casta gobernante, que se sumó a la ideología antinatural, anticatólica y atea que a nivel global está tratando de destruir a la familia y a través de ella a la sociedad. Y es lógico, porque la casta gobernante la forman los herederos de los comunistas yugoslavos y de los nacionalistas serbios, que juntos y bajo el angelical nombre de “antifascistas”, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, iniciaron la crisis demográfica asesinando a la generación de jóvenes croatas que en ese entonces luchó por la independencia y la libertad croatas.
Un cuarto de siglo después, cuando el pueblo croata apenas se había recuperado un poco de la sangría de la posguerra mundial, los “antifascistas” ahondaron la crisis demográfica abortando el movimiento libertario liderado por los estudiantes croatas y conocido bajo el nombre de “Primavera Croata”. Otra vez asesinando, encarcelando y obligando a abandonar el país a otra generación de jóvenes, le asestaron un duro golpe demográfico a nuestro pueblo. Y finalmente en 1990, cuando todos los países del bloque comunista  consiguieron su libertad e independencia sin derramamiento de sangre, otra generación de jóvenes croatas tuvo que ir a la guerra contra el agresor yugoslavo comunista y granserbio para conseguir la libertad e independencia croatas. Tres generaciones de jóvenes eliminadas físicamente representan para un pueblo chico como es el croata una gran pérdida, y no solamente demográfica. Ese es el precio que hemos pagado y seguimos pagando aún hoy en día, pero a la vez es una advertencia para las generaciones presentes y futuras, para que cuiden la libertad e independencia conseguidas a través de la inmolación de tres generaciones de jóvenes.
Es necesario que les gritemos a todos los responsables en nuestra sociedad - desde los políticos locales hasta el Gobierno nacional, desde las instituciones bancarias hasta los economistas y empresarios que se pelean como buitres por su predominio político y partidario y rapiñan lo poco que quedó en pie de la economía croata - que son traidores hipócritas que nos están vendiendo y están pisoteando nuestra dignidad humana. Es necesario que gritemos a viva voz: basta de politiquería y prepotencia; basta de arreglos inmorales entre la política y la economía; basta de manejo politiquero de los sujetos y proyectos económicos; basta de hipocresía, inescrupulosidad, políticos corruptos y economistas egoístas que venden a los otros y su propia alma por dinero.
Y a los políticos especialmente debemos exigirles que cumplan con la tarea para la que fueron elegidos, concretamente que creen las condiciones para trabajar, que protejan la paternidad y la maternidad, que respalden a la familia, que detengan la emigración del campo a la ciudad y del país al extranjero y que detengan la desaparición lenta de nuestro pueblo. Sin la cooperación mutua, sin un trabajo entusiasta liberado de la preocupación por sí mismo, sin honestidad, nobleza, amor por la verdad y solidaridad con los ciudadanos, no hay y no puede haber cambios positivos.
Si para un político es más importante la propia posición, el sueldo, el poder, el interés personal o partidario, tienen la obligación moral de renunciar y decirles a los votantes que elijan a otra persona. La política no es ni debe ser un fin en sí mismo ni reducirse a la lucha por el poder y el cuidado de la propia posición. Tal vez suene idealista, pero solamente para aquellos que dudan de sí mismos y de su pueblo, para aquellos que se autoconvencen de que no pueden hacer nada y de que no son importantes, para aquellos que piensan que el destino de Croacia no depende de ellos ni del pueblo croata sino de los extranjeros y los centros de poder extranjeros.

 A ellos les recordamos que la independencia y libertad de Croacia fue obra de nuestra voluntad, nuestra conciencia y nuestro idealismo. Les recordamos que gracias a quienes defendieron cada rincón de esta tierra croata nosotros  realizamos nuestra libertad y demostramos que el Estado croata fue  fruto del deseo croata, de la voluntad croata y de la unidad croata, y no el fruto de la voluntad de potencias extranjeras. Ahora depende de todos nosotros que, después de la liberación que concretamos, concretemos también la verdadera libertad. De cada uno de nosotros depende si  Croacia va a ser un Estado libre y justo o un Estado corrupto e inmoral. De cada uno de nosotros depende si Croacia va a ser un Estado donde los extranjeros poderosos, a través de sus lacayos antinacionales y rapaces, tomen decisiones importantes sobre el destino del pueblo croata. Igualmente, de cada uno de nosotros depende la solución de la crisis demográfica en la que se encuentra el país. 

Mate Simic, desde Zagreb

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