06 abril, 2015

Reflexión sobre la Pascua y el pueblo croata, columna de opinión

Ayer, en el Domingo de Pascua, en Croacia hemos celebrado la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Hemos agradecido a nuestros antepasados los más de trece siglos de fidelidad a Cristo, a su Iglesia y a las raíces de nuestro pueblo croata. Porque sabemos que eso no fue nada fácil ante los numerosos enemigos de la cruz que seduciendo y dividiendo, asustando y persiguiendo, exiliando, encarcelando y matando, procuraban destruir nuestra fe católica y borrar la cultura e identidad de nuestro pueblo. Pero llenos de fe en Cristo resucitado y seguros de la fe que recibimos
en herencia de nuestros mayores nosotros los croatas siempre supimos que el dolor pasa, la angustia desaparece y que después  de la desgracia y la tormenta nuevamente sale el sol, que después del Viernes Santo llega el Domingo de Gloria, que después de la muerte llega la resurrección, siempre supimos que la resurrección de Cristo es también nuestra resurrección.

Hace veinticinco años llegó la hora de una resurrección más para nuestro pueblo, la hora de la libertad, pero aquellos que con esa libertad perdieron a sus sirvientes no la aceptaron  e iniciaron la agresión armada para doblegar a Croacia. Pero el pueblo croata, prácticamente desarmado, quiso su libertad, quiso salir de la esclavitud en Yugoslavia e iniciar el camino hacia la Croacia Prometida, como lo hizo el  pueblo de Israel cuando quiso salir de la esclavitud en Egipto e iniciar el camino hacia la Tierra Prometida. Para conseguir su libertad el pueblo croata estuvo dispuesto a sacrificarse y se defendió heroicamente. Dios bendijo ese sacrificio y nos regaló algo que humanamente parecía imposible: logramos defendernos, liberar nuestra Patria desolada, saqueada y ocupada, derrotar al enemigo y establecer la paz para todos.

Pero duró poco el festejo de la salida de la esclavitud yugoslava hacia la soñada libertad croata. La corrupción e inmoralidad de la casta gobernante, la concentración en los intereses propios y no en los del pueblo, el remate de las riquezas nacionales, y el control del poder en manos de aquellos que nunca soñaron una Croacia libre y hoy hacen todo para devolverla a la esclavitud, amenazan el futuro. Observamos como programática y constantemente se degradan la familia y la educación, se instala en el poder a personas incapaces e irresponsables, sin carácter, que amenazan el bien común y la paz social, la independencia económica y política. Cada vez más  se nota que de un lado está el pueblo -sólo, desprotegido, sin derechos y abandonado-  y por otro lado la casta gobernante – con su parte visible en disfraz democrático y su parte invisible escondida que es la que mueve los hilos y dicta.

Pero nosotros los croatas supimos sobrevivir en situaciones aun peores que la actual, supimos superar lo imposible y resurgir de las cenizas. Porque creemos en la resurrección de Jesús que es también nuestra resurrección, creemos que con Cristo nos levantamos a una nueva vida que no pasa, que es eterna y que nada ni nadie puede destruir.
Hoy nos preguntamos si también nuestra Patria se va a levantar y recuperar su fortaleza y su gloria para poder seguir peregrinando hacia la Croacia Prometida, esa que soñamos durante la esclavitud en Yugoslavia. Y nos respondemos que sí y que para que nuestra Patria se levante, además de luchar para liberarnos de nuestros enemigos externos y de los traidores y lacayos internos, debemos luchar también contra nuestros propios males, nuestras propias limitaciones, nuestros propios pecados y yerros. Debemos luchar por nuestra propia libertad para poder luchar por la libertad de nuestro pueblo y de nuestra Patria. Esa es la libertad que nos trae Cristo, esa es la libertad que les deseamos. Solamente Él venció a la muerte, solamente Cristo resucitó y solamente si creemos en la resurrección de Cristo con nuestras palabras y nuestras obras, nosotros, nuestra Patria y nuestro pueblo vamos a resucitar con Él.

Volviendo al principio de esta reflexión, “hemos agradecido a nuestros antepasados los más de trece siglos de fidelidad a Cristo, a su Iglesia y a las raíces de nuestro pueblo croata”, digamos que los croatas hemos repetido a lo largo de nuestra historia, y lo seguiremos haciendo, que Cristo “Resucitó como dijo”, porque somos herederos del testimonio de nuestros antepasados y miramos a Jesús con los ojos del alma, de la fe, y con el corazón rebosante de amor, porque ya sabemos que esa es la fuente de la verdadera alegría, la garantía de nuestra esperanza cristiana invencible.

De ahí sacamos fuerzas para seguir peregrinando hacia la Croacia Prometida conscientes de los amores anticipados que nos han sido reglados: del Amor de Dios, que nos dio la vida terrenal a través del amor de nuestros padres y la vida eterna a través de su Hijo,  y del amor de nuestro pueblo, que nos dio la cultura de la que formamos parte.  

Mate Simic, desde Zagreb

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