04 abril, 2015

Saludo pascual del Cardenal Josip Bozanić - 2015



1. Toda la Semana Santa se puede observar a la luz de dos grandes entregas. Ahí está en primer lugar la entrega de Jesús. Jesús se entrega. Él se da a sí mismo por amor al hombre y por fidelidad al Padre celestial. Al mismo tiempo allí está también Jesús que es traicionado, entregado por el hombre por egoísmo e infidelidad. Jesús, buscando al hombre, se entrega a sí mismo y en su amor no espera nada a cambio, mostrando que el amor existe justamente allí donde no hay cálculo. El amor es gratuito, no busca
provecho. Porque donde hay provecho tampoco está lejos el aprovechamiento y la única medida del amor cristiano es la cruz. Después de salir de la unidad de los apóstoles e irse a la oscuridad de la traición Judas le pregunta a los enemigos de Jesús:”¿Cuánto me darán si se lo entrego? Ellos prometieron darle treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.” (Mt 26, 15-16). Esa traición surge de la libertad del hombre y de la historia del pecado que alcanzó su cumbre en la inexplicable decisión del hombre de entregar a la muerte a Dios. Con eso el hombre se entregó a sí mismo al sinsentido, al vacío y a la muerte. Las treinta monedas de plata son la imagen de la medida de la vida que tiene el hombre, reconocible en la traición humana en distintas oportunidades durante la historia de la humanidad. Esa es la medida de la respuesta a la dolorosa pregunta llena de egoísmo: ¿Cuánto me darán si se lo entrego? Judas se dirige a los hombres en el error de que puede recibir algo de igual valor a lo que entrega, es decir a quién entrega. Judas se encerró en el egoísmo que al final tiene solamente un resultado –  soledad y muerte.  

2. La historia humana muestra el esfuerzo y el anhelo permanente por progresar y realizar una mejoría, entendiendo por eso el alivio de las condiciones de vida. No obstante, ese esfuerzo regularmente se encuentra en dificultades si no se basa en el respeto al misterio de la vida, que no tiene su fuente ni su final en lo creado sino en Dios, si no se basa en los valores que logran superar el encierro del hombre en la realidad terrenal. La crisis de valores de las sociedades occidentales abre espacios para distintas ideologías que en su fundamento tienen una especie de concepción materialista. Y aunque va a parecer que las ofertas teóricas de ese tipo logran hablar de ideales nobles, la articulación de las mismas es el provecho que inevitablemente arrastra consigo también el aprovechamiento. Todo materialismo en cuanto a las consecuencias prácticas se puede reducir a la pregunta: ¿Qué voy a recibir? O bien: ¿Qué me van a dar? Ni la primera ni la segunda se pueden ligar al misterio del regalo. En la primera se destaca más lo que se espera y la conciencia sobre algún mérito o derecho. En la segunda la disposición a negociar. En ambas difícilmente se puede encontrar lugar para otro hombre, y de esa manera desaparece el espacio para el humanismo. Por eso no es raro que en los tiempos en que el hombre se siente disgregado y disperso, es decir sin fundamentos claros, se manifieste con más fuerza la insatisfacción humana. A esa hambre responde la ideología de acumular novedades aparentes y esquivar las preguntas fundamentales sobre la vida humana. Como si lo único importante fuese declarar algo como nuevo, sea positivo o negativo. La propagación de lo nuevo es la norma del aprovechamiento del anhelo humano y por eso se impone la pregunta: ¿ no crea la sociedad de consumo una nueva forma de sociedad que podríamos llamar sociedad aprovechadora?
3. Las ideologías de ese tipo de sistemas con agrado van a invocar los valores que hasta pueden sonar a valores cristianos, pero están lejos del cristianismo justamente porque empañan los verdaderos valores y no desean ser sometidas a los criterios necesarios. El resultado real de ese proceso es la soledad humana, el abandono y la apatía inmóvil. A su vez eso necesariamente tiene consecuencias también en la vida social. Todo eso últimamente se hizo presente con fuerza en la sociedad croata. La propagación del individualismo, supuestamente para que el individuo se realice en la sociedad, conduce justamente a que se abandone al individuo a sí mismo y se lo transforme en observador de la vida. Él se transforma en un hombre que aceptó ser impotente ante los cambios en los campos social, económico, político y cultural. Es rara esa alianza con la que el hombre acepta ser sometido a la autodestrucción. ¿Acaso Judas, después de haber pensado que entregó a Jesús, no se extraditó justamente a sí mismo y se transformó en observador amargado de los acontecimientos que siguieron? El hombre, que pensaba ser el iniciador de los hechos y de la historia, se transforma en su simple observador. Judas tomó conciencia de que las monedas de plata no pueden apagar el anhelo de la novedad verdadera y de que con el dinero recibido ya no puede hacer volver el curso que él mismo inició. Cuando un hombre entrega a otro hombre y lo abandona al misterio del mal, él entrega su libertad y acepta vivir en la soledad y el desaliento. Esa es la gran enfermedad actual de la civilización que se cierra a Dios.

4. La imagen de las monedas de plata pedidas, luego aceptadas y finalmente rechazadas, es el paradigma de numerosas relaciones reales entre los hombres y de las relaciones de los individuos y las comunidades sociales hacia los valores. Es difícil en el mismo encontrar soluciones para los problemas económicos y financieros actuales, pero la Palabra de Dios nos da luz y nos advierte sobre el significado profundo de todo lo que vivimos. En la realidad croata somos testigos de cómo el egoísmo somete todo al aprovechamiento, y allí donde no se mira el bien del otro, se lo extradita y entrega a la inclemencia de aquellos cuyo criterio no es el bien común sino solamente el provecho del individuo o del grupo de interés. Los motivos para eso no los vemos solamente en la falta de voluntad y capacidad de los responsables en la actuación política, sino ante todo en la relación hacia el misterio de la vida humana. Porque toda política se inspira en una determinada concepción, en cómo concibe al hombre y en la relación entre lo  temporal y lo eterno. El egoísmo construye un presente que no tiene amor hacia la verdad del pasado ni interés por el bien del futuro. Arrastran graves consecuencias aquellas actuaciones que con la fuerza de los poderes políticos apagan, rematan o entregan a otros los valores materiales y culturales comunitarios. Es inaceptable la construcción de un sistema que va a ser indiferente a las lágrimas de las familias que pierden su único hogar, que va a considerar un buen negocio apagar la producción en las empresas públicas y estatales, a pesar de que alguien a quien ese bien se entrega rápidamente con ese mismo trabajo va a acumular riquezas privadas. Ese tipo de procedimientos se puede intentar defender aduciendo diferentes motivos y las relaciones reales en la política y la economía, pero para nuestra patria es importante todo lo construido con empeño y generosidad y que demuestra que tiene fuerza  para vivir del empeño, el esfuerzo y el conocimiento. Todo lo que jugó un papel importante en el logro de la libertad y en la defensa de la misma no puede ser desvalorizado o entregado a manos de quienes no piensan en el bien de Croacia. Preocupa la impresión de que se acepta la lógica interior de la pregunta: ¿Qué me van a dar? Esa lógica no es para la búsqueda real del bien común, no comunica con los ciudadanos, no se interesa por informar objetivamente a los ciudadanos o advertirles sobre las manipulaciones, es insensible y hasta cruel hacia las víctimas, no busca la justicia y la verdad.

5. En la sociedad croata cada vez más somos testigos de los hechos y circunstancias inclementes en los que individuos y familias son llevados hasta los límites extremos de su resistencia vital. No podemos permanecer indiferentes ante las dolorosas experiencias como son la dificultad para conseguir trabajo, especialmente los jóvenes, la pérdida de la vivienda propia, la imposibilidad de mantener y educar a los hijos, el aumento del número de aquellos que dependen de la ayuda de las instituciones caritativas y otras organizaciones sociales. Quiero expresar mi reconocimiento a todos los que trabajan y respaldan a nuestro Cáritas que es cada vez más dedicado en la ayuda a los más amenazados. Cáritas es una parte imprescindible del testimonio y del servicio eclesial. Donde está presente la Iglesia también tiene que ser visible Cáritas. Con pena menciono que últimamente algunas situaciones con los créditos bancarios en Croacia llevaron a miles de ciudadanos croatas a la situación de pobreza, y a muchos de ellos hasta la quiebra existencial. Es difícil sustraerse de la impresión de que se trata de usura en el sentido cabal de esa palabra, pues parece que el provecho de unos (los bancos) y las pérdidas de otros (los ciudadanos croatas) están en evidente desproporción. Lamentablemente parece que ya desde el comienzo en Croacia fallaron los mecanismos de control que deben proteger a los ciudadanos, mientras que en algunos Estados los Bancos Centrales evitaron a tiempo procesos similares en su mercado financiero (por ejemplo en Austria). El Papa Francisco, todavía como arzobispo de Buenos Aires, hablaba del nuevo imperialismo del dinero que es capaz de empobrecer en un instante a numerosas familias. Como Papa condenó expresamente la usura y estimuló a las instituciones estatales a impedirla y a acrecentar sus esfuerzos a favor de las víctimas de la usura. El Papa Francisco dijo que es inhumano cuando una familia no tiene para alimentarse porque debe pagar a los usureros el préstamo y que ese dramático sufrimiento social hiere gravemente la dignidad inviolable de la persona humana (Audiencia del miércoles 29 de enero de 2014). En el caso croata hago un llamado a todos los responsables e incluidos en esas graves situaciones relacionadas a los créditos bancarios para que en el marco del sistema encuentren soluciones y repartan las cargas con justicia. Ahora nadie tiene derecho a lavarse las manos como Pilatos, sobre todo no tiene derecho si omitió hacer lo que tenía obligación de hacer. El gobierno estatal no debe permitir que se intente resolver esas cuestiones solamente en forma cosmética, porque todo intento de poner el problema debajo de la mesa crea nuevas dificultades y tensiones y amenaza la paz cívica. El Estado tiene la obligación, para evitar que se repitan hechos similares, de enfocar prudentemente el tema con una mejor regulación legal. A los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad les recomiendo que se cuiden de las propagandas agresivas que prometen ganancias fáciles. Y teniendo en cuenta que la Sagrada Escritura es un mensaje perenne, puede servir como inspiración la recomendación del Libro del Eclesiástico del Antiguo Testamento también para aspectos totalmente nuevos de la vida en la actualidad: “No te empobrezcas yendo de fiesta con dinero prestado, cuando no tienes nada en el bolsillo” (Ecl. 18,33). Siento que necesitamos mucha más precaución, unidad, comunicación, solidaridad, respeto mutuo y sensibilidad. Eso vale especialmente cuando se trata de los más amenazados en la sociedad. Ante esos fenómenos es necesario juntar fuerzas y nueva voluntad política y poner en marcha mecanismos sociales que abran horizontes de esperanza.

6. Hermanos y hermanas, Dios entregó a su Hijo por compasión y misericordia, porque ve que los hombres con la traición se hieren a sí mismos y permiten que eso los conduzca a la soledad y la desesperanza. Jesús, resucitando de entre los muertos, nos libera del pecado, trayendo misericordia y perdón para las infidelidades que el pecado introdujo en nuestras vidas. Es importante reconocerlas y pedir perdón. Al mismo tiempo eso es también para nosotros un indicador de que ser defraudado, engañado, arrastra graves heridas para las que el único remedio es el perdón. La traición y la infidelidad fácilmente pueden infectar a la familia y la sociedad. A través de ellas también las realidades más hermosas se afean, se corrompen, afectando aun los sentimientos más limpios y las intenciones más nobles. En el caso de los apóstoles de Jesús hubo muchas quiebras interiores, infidelidades, incoherencias, pecados, pero también hubo renovaciones que devolvían al amor de Dios hacia el hombre y a la fidelidad a ese amor. El Triduo Pascual de Cristo, ese drama indescriptible desde la Última Cena hasta el Domingo de Gloria, contiene dentro suyo distintos momentos de afrontamiento, conversación, debate, cuestionamiento, dudas; muestra el punto de partida en unidad llena de confianza, el desarrollo en el tambaleo de esa confianza y la nueva reunión, el retorno a los comienzos (Galilea) y la nueva confianza que con la fuerza del Espíritu Santo es regalada a la Iglesia. El Misterio de la Resurrección muestra que el amor de Dios con el mismo abrió el camino del retorno a la vida, a la unidad que supera lo terrenal. Por eso es importante ver nuevamente el fundamento de nuestra vida cristiana y de nuestro amor cristiano. El hombre fue creado como ser sobrenatural y no vive solamente para lo terrenal. Independientemente de cómo eso actúe, por momentos como algo que se entiende por sí mismo y por momentos como utopía, también nuestra cultura croata y toda la cultura europea tienen ese punto de partida pascual, su hogar espiritual desde el cual se ve el cielo y la hermosura de la unidad que nos fue regalada. El hombre se humilla con el pecado  hasta el precio de unas cuantas monedas de plata, pero fuimos redimidos con un regalo incalculable – con la muerte y resurrección de Cristo Jesús – para que apreciemos más la vida humana y seamos agradecidos a Dios. A ustedes también, hermanos y hermanas, les agradezco por el testimonio de Cristo Resucitado. Os veo en la iglesia, en la misa, detrás del altar y la mesa del Señor, os veo en la unidad del hogar y la mesa familiar, oro por ustedes y me encomiendo a vuestras oraciones, y a todos – en la alegría de la fe cristiana, la esperanza y el amor – les deseo felices y benditas Pascuas.

Vuestro arzobispo, cardenal Josip Bozanić

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