17 mayo, 2015

Bleiburg, pasado y presente - Columna de opinión



El sábado 16 de mayo de 2015 más de cincuenta mil croatas - venidos de Croacia, Bosnia y Herzegovina y de todo el mundo -  se congregaron en la ciudad austríaca de Bleiburg para conmemorar los 70 años de la peor matanza sufrida por el pueblo croata en toda su historia. La misma se inició inmediatamente después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y fue perpetrada por el Ejército Yugoslavo dirigido por el tristemente célebre mariscal Josip Broz Tito -quien ocupa el décimo lugar en la lista de los peores criminales de
guerra- quien contó con el apoyo de los Aliados. La matanza se inició en la pequeña ciudad austriaca de Bleiburg, continuó inmediatamente en las denominadas “Marchas de la Muerte” y se prolongó de distintas formas en la dictadura comunista yugoslava y granserbia que duró desde 1945 hasta la caída del Muro de Berlín. Durante ese período no se podía hablar ni escribir sobre la Tragedia de Bleiburg y los hijos y familiares de las víctimas debieron callar. 

Muchos se empeñan en denunciar esta matanza recurriendo al Derecho Internacional, a distintas Convenciones, Declaraciones y Resoluciones internacionales, lo cual puede ser loable pero al mismo tiempo denuncia una cierta ingenuidad y demasiada fe en la justicia humana. La verdad no está en los documentos o proclamas internacionales, la verdad es siempre sencilla y la entienden tanto un académico como un barrendero. Y la verdad de la tragedia de Bleiburg, como toda verdad, es muy simple: en Bleiburg, en las “Marchas de la Muerte” y mientras existió la Yugoslavia comunista y granserbia del mariscal Tito, mataron al pueblo croata, lo encarcelaron, lo reprimieron, lo humillaron, quisieron transformarlo en el inexistente pueblo yugoslavo, quisieron hacerlo desaparecer.

¿Quiénes son los culpables de la Tragedia de Bleiburg? Primero los Aliados, que no apoyaron el derecho del pueblo croata a su Estado independiente y lo extraditaron a las Potencias del Eje. Después las Potencias del Eje, que en un principio tampoco apoyaron el derecho del pueblo croata a su Estado independiente, al contrario,  primero se aliaron con la Yugoslavia de preguerra que en realidad era una Granserbia, y después, cuando esa alianza fracasó por una hábil maniobra británica, reconocieron de muy mala gana al Estado croata, pero al mismo tiempo lo ocuparon, Italia anexó la parte costera del mismo, Dalmacia, y Alemania usó su territorio en función de sus intereses. Y al final de la Guerra  nuevamente los Aliados, especialmente los británicos, que cuando la Guerra ya había terminado, en lugar de proteger a los soldados y civiles croatas, que se abrieron paso hasta Austria para entregarse a los británicos ante el avance del Ejército Rojo, el ruso,  los entregaron desarmados al Ejército Yugoslavo de Tito sabiendo que estos los iban a matar. Los partisanos comunistas de Tito, que durante toda la Segunda Guerra Mundial combatieron solamente en las páginas de los diarios ingleses, comenzaron la orgía de de sangre de la que no nos hemos recuperado hasta el día de hoy.

Es muy difícil expresar con palabras las atrocidades cometidas por los comunistas yugoslavos. En su testimonio una señora de un pueblo de Eslovenia cuenta que una mujer dio a luz a su hijo cuando la caravana de prisioneros pasaba por su pueblito e inmediatamente después del parto un soldado partisano le pegó un culatazo en las costillas,  la madre comenzó a gritar y el partisano la asesinó. La señora eslovena le pidió al soldado que le dé al niño recién nacido, pero el soldado se negó y asesinó al niño también. Los prisioneros iban en columna caminando sin agua ni comida por el camino que va junto al río Drava, ni bien se acercaban al río para tomar agua los asesinaban y arrojaban el cuerpo al río, igual que a los que no podían seguir porque estaban agotados. Fusilaban a los prisioneros de día y de noche y los arrojaban al río, a los pozos, zanjas, o sencillamente los dejaban tirados en el lugar, los metían en minas abandonadas y las sellaban de afuera de tal manera que morían por asfixia, hacían pasar la caravana por localidades con mayoría serbia para que estos dieran rienda a sus peores instintos. Hasta ahora se descubrieron alrededor de 1.000 fosas comunes, pero sabemos que ese número representa solamente una pequeña parte del horror.  

Este año, como todos los años desde que Croacia se independizó, los hijos y nietos de las víctimas de la Tragedia de Bleiburg, sus familiares, parten desde Croacia y Bosnia y Herzegovina, cruzan toda Eslovenia y llegan a Austria, a Bleiburg. Este año recorrieron nuevamente “el camino de los huesos”. Seguramente se preguntan: ¿si esos huesos pudieran hablar, qué nos dirían? Saben que viajan esos cientos de kilómetros por arriba de los huesos de nuestros soldados y civiles. El alma y el corazón seguramente se encojen, las lágrimas difícilmente se contienen, la oración brota naturalmente. Solamente Dios puede entender tanto dolor, y consolarnos. Ese Nuestro Dios, que rodeó “el camino de los huesos” con una naturaleza paradisíaca, increíblemente hermosa, les preparó a nuestras víctimas  un cementerio, un camposanto, un jardín de paz que es un preludio de la eternidad que ellas ya deben estar gozando en Su compañía. Y mirando ese verdadero paraíso, rezando, la angustia se va transformando lentamente en paz, el dolor en esperanza.    

Después de la matanza, para nosotros los croatas la lucha por la libertad fue una cuestión personal y concreta porque todos habíamos perdido a algún familiar o amigo. Antes de la matanza la lucha contra Yugoslavia era ideológica y económica, pero después de la matanza se transformó también en una cuestión de supervivencia biológica pues en la Yugoslavia de Tito todos los croatas eran “culpables” por el solo hecho de ser croatas. En esa “culpa” colectiva cayó primero la ideología yugoslava y luego el Estado yugoslavo, porque los familiares de las víctimas no podían abrazar la ideología en nombre de la cual sus seres queridos fueron asesinados. Sin una ideología común el Estado yugoslavo no podía sobrevivir.

La Tragedia de Bleiburg demostró definitivamente la inviabilidad del Estado yugoslavo que en 1990 no sobrevivió ni siquiera  a la primera brisa de libertad, aunque contaba con el apoyo de los supuestos paladines de la libertad, Estados Unidos y Europa Occidental, de Rusia y de los países supuestamente “No Alineados”. En 1945 nació el realismo político croata, eso quedó demostrado en 1990, cuando nuevamente Estados Unidos, Europa Occidental, Rusia y los “No Alineados” nos extraditaron desarmados al agresor serbio-yugoslavo para que finalice el trabajo que comenzó en 1945. Pero el pueblo croata, con la ayuda de Dios y de su inmigración, resistió sólo a la agresión y demostró que el sacrificio de la generación croata masacrada en 1945 no fue en vano.

La generación croata masacrada en Bleiburg fue nacionalista, pero exclusivamente desde el punto de vista croata, ese nacionalismo era el resultado del amor a la libertad del pueblo croata y de la certeza de que el pueblo croata podía ser feliz solamente si era libre en su propio Estado. Por ese ideal la juventud de esa generación se ofrendó en defensa de su Estado, o mejor dicho, de su Patria, y de su pueblo. El nacionalismo de la generación de Bleiburg no endiosaba el Estado ni la raza, como quisieran los enemigos del pueblo croata, sino que era una expresión del alma croata con sus valores, vivencias espirituales y experiencias, con sus sentimientos religiosos tradicionales, con una visión económica y social moderna y solidaria.

Después de la matanza de Bleiburg el pueblo croata entendió que nadie lo iba a proteger en nombre de los proclamados ideales universales, que se debía  proteger sólo, y en 1990 lo hizo, contra todo y contra todos. La enseñanza de la Tragedia de Bleiburg es que el anticomunismo que Croacia compartía con Occidente no alcanzó para salvar al pueblo de la matanza, que eran necesarios también otros motivos. La generación masacrada en Bleiburg pensaba que Europa Occidental era el bien y Europa Oriental el mal y que había que defender el bien del mal, pensaba que Europa Oriental era comunista y Europa Occidental cristiana, olvidando que el comunismo nació en Europa Occidental, pensaba que Europa Oriental era materialista y se olvidaba de que Europa Occidental era mucho más materialista, pensaba ingenuamente que Occidente apreciaría el anticomunismo croata y por eso nos iba a perdonar la “alianza” coyuntural con Italia y Alemania a la que nos condenó ese mismo Occidente. Ese mismo Occidente que le entregó a Rusia en una “bandeja de plata” casi toda Europa Central, los países bálticos…

De la generación de Bleiburg heredamos el amor por la libertad del pueblo croata y la disposición al sacrificio y nos liberamos de la ingenuidad política. Por eso las generaciones posteriores le pudieron dar a la lucha  croata por la independencia el realismo imprescindible para lograr el éxito. Y lo logramos. Hoy Croacia, a pesar de todos sus problemas, es libre e independiente porque la Tragedia de Bleiburg fue una escuela que nuestro pueblo pagó muy caro pero que le sirvió para independizarse definitivamente.

La Tragedia de Bleiburg dejó heridas profundas y consecuencias graves que aun hoy sentimos. Conmemorando los setenta años de la misma, tratemos  de corregir nuestros errores y de construir nuestro presente y nuestro futuro en base a la enseñanza que nos ofrece nuestra historia. Recordemos para purificar nuestra memoria histórica y transformarla en fuente de sabiduría, reconciliación y esperanza. Recordemos para poder construir una patria a la medida de nuestros sueños y de los sueños truncados de la generación masacrada en Bleiburg y en “Las Marchas de la Muerte”, de la generación que se sacrificó en la reciente Guerra Patria.


Recordemos a nuestros compatriotas asesinados y humillados, y aunque se nos encojan el corazón y el alma de dolor, aunque el dolor siga doliendo y las lágrimas sigan surgiendo desde lo profundo de nuestro ser, seamos coherentes con la fe en la Resurrección que portamos desde nuestros orígenes y transformemos el dolor y las lágrimas en un himno a Dios Todopoderoso por todos ellos, por nosotros, por nuestros hijos, por nuestra Patria y por nuestro pueblo. 


Mate Simic, desde Zagreb, para Croacias Totales

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