18 mayo, 2015

Homilía del cardenal arzobispo de Zagreb Josip Bozanić, Bleiburg, 16/5/2015

Conmemoración del 70 aniversario de la Tragedia de Bleiburg
Lecturas: Carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,18-25
Evangelio según San Juan 16,23b-2

¡Queridos hermanos y hermanas, queridos peregrinos!

1-Nuevamente estamos juntos en este campo en el que nos invade un sentimiento  inexpresable. No obstante, para aquello que no pueden expresar las palabras humanas es suficientemente fuerte la palabra de Dios. Cada año la distancia temporal de los hechos que aquí recordamos es cada vez mayor, pero el misterio de la vida, el misterio del mal y del amor no dependen del curso de la historia y del paso del tiempo. Dios nos habló en la lectura
de la Carta de san Pablo a los Romanos. Nos habló con palabras que caen en la tierra de este campo de Bleiburg: Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. Ningún hombre puede abarcar las proporciones del sufrimiento que condujo a este campo y desde este campo. Esos hechos y sentimientos que ahora son pasado, una vez fueron presente. Pero, para todo tiempo vale la palabra de que todos los sufrimientos del presente no son nada en comparación con la gloria futura. Ante palabras como estas se detienen la respiración y el corazón.

2- Para nosotros los creyentes el desafío es aún más grande, pues debemos encontrar la respuesta a la pregunta por qué Dios permite eso y cuánta paciencia es necesaria para que se vea el premio de Dios para el bien. En los momentos más dolorosos, ante la violencia que sobrepasa la imaginación humana, sin fe y esperanza se abren los abismos de la desesperación. En momentos de dolor y padecimiento, como hombres de esperanza y de fe en el amor, Dios nos repite que nuestros tiempos no se corresponden con sus tiempos, pues Él es Dios todopoderoso, fuente de vida y Señor de todos los tiempos. Como cristianos sabemos que la paciencia del creyente crece en la cercanía y la aceptación de la cruz de Cristo, en el momento cuando todo estaba terminado, cuando Jesús clamó con el grito de quien ha sido abandonado. Si en la historia humana buscamos el momento en que a Dios se debía verlo, y no se lo podía ver sin fe, esperanza y amor, ese momento es la crucifixión y muerte en la cruz de Jesús de Nazaret. El justo fue asesinado, y los violentos festejan la victoria. Pero la historia da testimonio de que el Crucificado resucitó y ascendió al cielo. Con eso contamos, para poder entrar con valentía a cualquier tiniebla de la vida. En lo profundo de la tiniebla, que no es la última imagen de la historia del hombre, se encuentra Dios, Padre misericordioso que nos viste con la luz.

3. En estos días Europa y el mundo recuerdan el septuagésimo aniversario de la finalización de los grandes sufrimientos en la Segunda Guerra Mundial. Se festeja la liberación de las ideologías del mal que en el continente europeo sembraron odio y muerte, provocaron enfrentamientos y divisiones entre las personas y los pueblos y causaron sufrimientos que no se pueden medir con medidas humanas. Toda esa tragedia que golpeó a Europa durante el siglo veinte está marcada, como destacó el santo papa Juan Pablo II en el Santuario de Marija Bistrica el 3 de octubre del año 1998, por tres grandes males: el fascismo, el nazismo y el comunismo. Mientras que el año 1945 para los países de Europa occidental significó la liberación de las ideologías totalitarias del mal, en Croacia, como así también en algunos otros países de Europa central y oriental, se produjo el reemplazo de un régimen por otro, de un gobierno totalitario por otro, el nazismo gobernante hasta ese momento fue reemplazado por el comunismo. A diferencia de otros países a los que tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial les fueron devueltas la libertad y la democracia, la conquista del poder por parte del sistema totalitario comunista para nosotros significó un nuevo comienzo de la persecución, el encarcelamiento y el asesinato de personas inocentes; ahí están las fosas y tumbas sobre las que no estaba permitido hablar, luego las fosas comunes y tumbas ahora ya conocidas y también aquellas que todavía son desconocidas y no fueron investigadas. Las persecuciones y la eliminación de las personas indeseables para el régimen, especialmente de los intelectuales que no compartían la ideología marxista, la limpieza del espacio de aquellos que eran o podían ser una barrera para el régimen comunista, la negación drástica de los derechos fundamentales de la persona y el pisoteo de la dignidad de la persona humana marcaron, con mayor o menor intensidad, el período del régimen que en Croacia se desmoronó recién el año 1990. Particularmente en algunas partes de Croacia, como por ejemplo en Istra, en la zona costera y en Dalmacia, la resistencia antifascista patriótica masiva en la Segunda Guerra Mundial, que tiene el mérito de la liberación del territorio nacional en esa parte de la tierra croata, fue aprovechada también por la lucha de los comunistas para conquistar el poder, como así también para implementar la revolución marxista. Son muchos los ejemplos de las mismas personas, especialmente los sacerdotes católicos y los creyentes laicos, que durante la guerra sufrieron y fueron perseguidos por los fascistas y después de la guerra por los comunistas. Un ejemplo elocuente es el sacerdote de Istra y beato Miroslav Bulešić, mártir del comunismo, asesinado en Lanišće, Istra, el 24 de agosto del año 1947.

4. En nuestra Patria, especialmente en los últimos años, nuevamente se desean revivir los enfrentamientos y las antiguas divisiones ideológicas que se creían en parte superadas; se atiza el odio, se impone la intolerancia y la exclusión. Pareciera como que  algunos quisieran profundizar las mentiras para logar que continúen los enfrentamientos y la violencia del período del totalitarismo. Frente a la resistencia antifascista patriótica de la Segunda Guerra Mundial hoy aparece una nueva ideología antifascista con un discurso de los años cincuenta del siglo pasado que no encontramos en la actualidad de otros países europeos. La invención de una supuesta fascistificación de Croacia alimenta esa ideología y le brinda la posibilidad de que sus propagadores se presenten como luchadores contra esos supuestos fenómenos, escondiendo la verdadera naturaleza de su actuación y no permitiendo que la sociedad croata crezca en su libertad, unidad y convivencia, en su añoranza por el progreso, la justicia y la paz, en su alejamiento de todo totalitarismo. Para el desarrollo moderno, pacífico y armonioso de la sociedad croata, es necesario apartarse y alejarse de las ideologías del mal del siglo veinte: el fascismo, el nazismo y el comunismo. Dejemos la historia a los historiadores sin temor ante la verdad, porque las ideologías temen a la verdad y se protegen con la propaganda mentirosa. No permitamos tampoco que la semilla de las nuevas ideologías del antifascismo y el anticomunismo introduzcan las nuevas-viejas divisiones en nuestra cotidianeidad. Como creyentes estamos llamados, por fidelidad al Evangelio, a dar testimonio de una siempre nueva manera de unidad.

5. Recordamos el final de los sufrimientos indescriptibles en la Segunda Guerra Mundial, pero los mismos para muchos no terminaron con la finalización de las operaciones de guerra. “El mes de mayo del año 1945 en Croacia se recuerda especialmente como el mes de las terribles matanzas de los soldados prisioneros y la población civil extraditados por los Aliados al ejército yugoslavo. El recuerdo de esas matanzas está especialmente ligado a Bleiburg y al Camino de la Cruz” (Carta de la Conferencia Episcopal Croata sobre el 50 aniversario de la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Zagreb, 1 de mayo de 1995).
Hoy nos hemos reunido en este campo donde, después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, hace 70 años, el 15 de mayo del año 1995, comenzó “La Tragedia de Bleiburg” del pueblo croata, ese crimen contra la humanidad que perpetró sistemáticamente el ejército yugoslavo bajo el signo de la estrella roja de cinco puntas. En este campo comenzó el Camino de la Cruz que continuó en las caravanas de la muerte, en las fosas no investigadas y en los nefastos campos de concentración; todo eso sin juicios, sin testigos y sin condenas, con el objetivo de que se borre todo recuerdo y rastro de las tumbas de las víctimas. De todo eso, desde el año 1945 y durante los 45 años siguientes, hasta los cambios democráticos en Croacia, no se podía ni hablar ni escribir. Fue determinada rigurosamente la “damnatio memoriae” – condena de la memoria. Bleiburg hasta la caída del régimen comunista quedó como lugar donde a pesar de todo se pudo hablar sobre las víctimas y organizar la conmemoración de esa matanza sistemática masiva de los croatas y miembros de otros pueblos que comenzó en este campo, y continuó en distintos lugares conocidos y aún desconocidos desde Eslovenia hasta Vukovar y Dubrovnik y aún más lejos. Por eso la reunión y la conmemoración en Bleiburg tienen un significado especial también hoy. Ellas son para nosotros también testigos de un tiempo que imponía el silencio, borraba la memoria, propagaba el miedo y castigaba el recuerdo.

6. Bleiburg también hoy atestigua sobre el miedo que se coló y propagó. Muchos tenían miedo, y parece que los que más miedo tenían eran los que ordenaron y ejecutaron los terribles crímenes. Por eso se introdujo el borramiento de la memoria y la propagación de las mentiras a través de una propaganda sistemática. Y Jesús nos dice “La verdad os hará libres" (Jn 8,32). En este lugar como arzobispo de Zagreb pregunto: ¿Tenemos miedo de la verdad? ¿Gobiernan en Croacia fuerzas que no quieren que la verdad salga a la vista? ¿Si no, cómo explicar la negligencia de las instituciones estatales para llegar a la verdad más completa posible sobre las víctimas de la guerra y de la posguerra, para investigar todas las fosas, fosas comunes y degolladeros, para que se marquen dignamente, para que a todas las víctimas, independientemente de su pertenencia nacional o religiosa, e independientemente del bando en el que cayeron o de si cayeron sin pertenecer a ningún bando, se les garantice la piedad que corresponde por principio? Es necesario que, en la medida de lo posible, se haga la lista de todas las víctimas de las ideologías totalitarias del mal, sin temor de la verdad sobre en cuál de los bandos hubo un número mayor de víctimas. En nuestro país, empapado de sangre, es importante buscar la verdad para que no quedemos encerrados en el pasado y expuestos permanentemente a la incitación al odio con el que se alimentan las ideologías del mal. Esperamos que las instituciones croatas y las personas que podrían aportar a eso se declaren a favor de la divulgación sistemática de la verdad. La verdad sin duda va a descubrir las consecuencias de los crímenes, pero va a permitir también que hable la esperanza, sin la cual el futuro está cerrado. Nuestro punto de partida actual no tiene que estar en los enfrentamientos ideológicos de la Segunda Guerra Mundial, porque esos enfrentamientos derrotaron a una clase de ideologías inhumanas, pero para nuestra Patria dejaron en vida a otra clase de ideología inhumana. Para nosotros el punto de apoyo más joven y firme está en los valores de la democracia y la unidad que se vivían y expresaban en la defensa de Croacia en la Guerra Patria.

7. Queridos hermanos y hermanas, este campo siempre puede llenarse con nuevas preguntas, incomprensión, tristeza y enfrentamientos. Este campo también puede ser observado como el campo croata, y no solamente croata, del dolor y la angustia. Pero hoy los invito a que miremos ese mismo campo con el corazón de la fe. Aquí, donde la muerte dejó profundas huellas, frente a nosotros está el expresivo mensaje de esperanza. Este campo se transformó en eso desde aquel momento, cuando la multitud aquí congregada esperó con esperanza humana que iba a ser protegida. Lo es ahora también, cuando sabemos que la esperanza humana se quebró en el sufrimiento y en la cruz. Pero con eso no desapareció la esperanza, porque ella – alumbrada con el sacrificio de Cristo – habla sobre la revelación de Dios en ese mismo sufrimiento y sobre la misericordia de Dios. El hombre que aceptó el pecado, rompió el amor hacia Dios Creador, hacia el prójimo, hacia las relaciones sociales y hacia el mundo creado. El pecado destruye el sentido interior del don de Dios y amplía los espacios del egoísmo, del odio y del mal. No obstante, la misericordia de Dios es la manera con la que  Dios va al encuentro de nosotros, la manera con la que nos acepta, la manera con la que nos abre el corazón a la esperanza de que todos somos queridos por Dios para siempre, independientemente de nuestros pecados. Desde este campo marcado por las cruces y los cruces croatas nuestra mirada apunta hacia la cruz de Cristo y está llena de esperanza en la misericordia de Dios. Apuntemos ahora también la mirada hacia nuestro beato cardenal Alojzije Stepinac y escuchemos su firme llamado al perdón y a la reconciliación que él confirmó con el martirio de su vida y de su muerte. Y perdonar y reconciliarse, dice san Juan Pablo II, “significa purificar a la memoria del odio, la división, el deseo de venganza, significa reconocer como hermano también a aquel que nos causó mal, significa no permitir que nos derrote el mal, sino vencer el mal con el bien” (Homilía en Marija Bistrica, 3 de octubre del año 1998). Hermanos y hermanas, como creyentes, movidos por el Espíritu Santo, soportamos el presente, no queremos detenernos en el mal que vemos y que desea esclavizarnos, pues nuestra mirada está abierta a la novedad de Cristo que renueva al hombre. Abrámonos a un futuro mejor siguiendo a Cristo que busca de nosotros que perdonemos i pidamos perdón. Ese es el camino de la renovación de la unidad croata. Ese es el camino de la renovación de Croacia.

8. Queridos creyentes, este es el campo de la esperanza croata, porque en el sacrificio de los inocentes quedó viviendo la añoranza por la libertad y la oración por el bien. Regresando hacia Croacia por las huellas del Camino de la Cruz oremos por todos los que perecieron y agradezcamos por las vidas que finalizaban aquí en la tierra con la oración en los labios. Los que perecieron siendo inocentes siempre son semilla de nueva fuerza y unidad. Con el apóstol Pablo miramos el sacrificio de las personas en el tiempo pasado y presente, particularmente a aquellas que nos son cercanas, que marcan nuestras vidas, y en ellos escuchamos principalmente el anuncio de una nueva vida y el llamado a la unidad. Por eso hoy frente a nosotros está la imagen de la historia que, a través del sacrificio y la esperanza, las caídas y la victoria, va camino hacia su cumplimiento. Todo cobra sentido y todos los acontecimientos históricos –pasajeros en sí mismos – son vistos como una gran totalidad que se estira hacia el nacimiento de un mundo nuevo. Ese nacimiento  no depende de la impaciencia humana, sino que sucede por la misericordia de Dios. Con confianza en Él nuestra espera está colmada de la seguridad de que Dios nos acompaña, espera y ama. No vinimos aquí llevados por el odio, el miedo y la persecución, no nos guiamos por motivos políticos, sino que estamos aquí como hijos del Padre misericordioso que nos instó a la unidad, a la oración en la alegría de que la muerte no tiene la última palabra, a la verdad que se hace eco en nuestra añoranza por esos valores que superan lo pasajero. Hoy no vinimos a volver al pasado y quedarnos en el mismo, sino a orar por nuestra Patria, por nuestras familias, nuestros niños y jóvenes. Solamente así vamos a ser más sensibles en nuestra dedicación a la verdad que libera. Y aquí pedimos la intercesión del beato Alojzijje Stepinac, un pastor que soportó el sacrificio por su rebaño golpeado y la desunión del pueblo; un hombre de esperanza que en su dedicación por el bien se guió por la futura gloria celestial y a la luz de la misma leía la historia. Santísima Virgen María, Reina de los croatas y de todos los pueblos del mundo, ora por nosotros y junto con nosotros por el eterno descanso de todos los inocentes que perecieron. Amén.


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