09 junio, 2015

Reducción del número de católicos en Bosnia y Herzegovina

La drástica reducción del número de católicos en Bosnia y Herzegovina, que en su inmensa mayoría son croatas, nos obliga a reflexionar. El Acuerdo de Paz de Dayton firmado el año 1995 acalló el ruido de las armas pero no trajo una paz justa. Según el mismo Bosnia y Herzegovina se dividió en dos entidades (la República Serbia y la Federación de Bosnia y Herzegovina) y un distrito  independiente (Distrito de Brčko).

En 1991 el número de católicos en Bosnia y Herzegovina era de 812.256, hoy, después de la guerra, de la agresión granserbia y de la limpieza étnica (que continúa de manera más sofisticada hasta hoy en día) hay 420.294, o sea un 49% menos. En la Federación musulmano-croata en 1991 había 631.535 católicos y hoy hay 403.988, o sea un 36% menos. En el Distrito de Brčko en 1991 había 27.865 católicos y hoy hay 6.951, o sea un 75% menos. En la República Serbia en 1991 había 152.856 católicos y hoy hay 9.355, o sea un 94% menos. A esto hay que agregarle que durante la guerra (1991-1995) y la posguerra fueron destruidas alrededor de 1.000 iglesias, conventos, casas parroquiales y otros edificios eclesiásticos católicos y que a la Iglesia Católica tampoco le devolvieron la mayoría de sus bienes confiscados durante la dictadura yugoslavo-comunista (1945-1990).

Desde el punto de vista croata la visita del Papa Francisco contiene un mensaje fuerte aunque tácito para Croacia, particularmente para el Gobierno croata (cuyos representantes brillaron por su ausencia en Sarajevo, no vino ninguno, una vergüenza) y para la Iglesia Católica en Croacia (cuyos obispos encabezados por el cardenal arzobispo de Zagreb Josip Bozanić sí estuvieron en pleno con el Papa en Sarajevo).

 Es claro que sin la ayuda del Gobierno y de la Iglesia croatas, los católicos y croatas en Bosnia y Herzegovina van a ser borrados del mapa. Fue una linda imagen la de los obispos croatas junto a los obispos de Bosnia y Herzegovina, una imagen de unidad de la Iglesia Croata que vive en dos Estados y está separada solamente en forma física, pero en la realidad, tanto a través de la historia como hoy, es un alma y un cuerpo.


La Iglesia Católica en Croacia (no solamente la jerarquía sino también nosotros los laicos), después de la visita papal, que manifiestó el interés del Vaticano por los católicos de Bosnia y Herzegovina, tiene que redoblar sus esfuerzos para que los católicos y croatas en Bosnia y Herzegovina en ningún momento se sientan olvidados o postergados y estimular acciones de ayuda concreta. La Iglesia Católica en Bosnia y Herzegovina puede, como hasta ahora, seguir enriqueciendo espiritualmente a la Iglesia Católica de Croacia, porque martirizada y herida, perseguida y despoblada, vive con su testimonio el Evangelio de Cristo.


Mate Simic

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