16 agosto, 2015

Los croatas y la Virgen María, columna de opinión



Cuando en 1941 se cumplieron trece siglos del bautismo del pueblo croata, el entonces arzobispo de Zagreb y hoy beato cardenal Alojzije Stepinac quiso que la Iglesia y el pueblo croatas celebrasen ese importante jubileo. Desgraciadamente eso no sucedió a causa de la Segunda Guerra Mundial, que azotó duramente a Croacia. Después de la guerra, Croacia fue incorporada por la fuerza a la Yugoslavia comunista y granserbia del mariscal Tito (1945-1990) que trató de destruir totalmente la historia nacional y
religiosa del pueblo croata, su identidad.
Nos encomendarnos a Dios Todopoderoso y a la Virgen María, que nos acompañaron paternal y maternalmente durante todos nuestros siglos, y con confianza en Ellos esperamos tiempos mejores. Recién a finales de la década del 60 y comienzos de la década del 70 del siglo pasado, la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia aflojó mínimamente bajo la presión los acontecimientos en Checoslovaquia conocidos como la “Primavera de Praga”. Inmediatamente los croatas iniciaron la lucha por la defensa de su idioma para evitar que se les siga imponiendo el inexistente idioma serbocroata (1968), se celebró el Congreso Mariano en la iglesia de Marija Bistrica que luego fue declarada Santuario Nacional Mariano, y los estudiantes croatas iniciaron las protestas contra el gobierno comunista yugoslavo y contra la hegemonía serbia en la Yugoslavia de Tito en lo que se llamó “La Primavera Croata”. Tito, al igual que los soviéticos en la entonces Checoslovaquia, ahogó las protestas estudiantiles con una violenta represión (1971). Después de que las protestas fueron aplastadas, la dictadura titoísta volvió a recrudecer y los obispos croatas decidieron iniciar los festejos por los trece siglos de cristianismo en el pueblo croata (1976 a 1984).
Los obispos decidieron realizar lo que no pudo el beato arzobispo de Zagreb Alojzije Stepinac en 1941 a causa de la Segunda Guerra Mundial, y menos aun cuando finalizó la guerra pues el mismo Stepinac fue condenado a prisión en un juicio montado por los comunistas yugoslavos. El segundo sucesor de Stepinac en la archidiócesis de Zagreb y hoy siervo de Dios, el arzobispo Franjo Kuharić, sintió el pulso de su pueblo croata y la herencia de todos esos siglos, esa que nos dejaron nuestros reyes y príncipes, nuestros héroes, nuestras víctimas incluyendo a las víctimas de la posguerra mundial - las víctimas de la Tragedia de Bleiburg, las víctimas de las caravanas de la muerte, y el propio arzobispo Stepinac. Él sabía muy bien qué quería y qué sentía el pueblo croata, él sabía muy bien que cuando un pueblo se encuentra en una situación muy difícil debe recurrir a sus raíces más profundas. Y recurrió a ellas. Nosotros los croatas somos el primer pueblo eslavo que abrazó la Cruz de Cristo y, como Nuestro Señor, la hemos llevado y la llevamos a cuestas, hemos caído y seguimos cayendo bajo su peso y nos hemos levantado y seguimos levantándonos durante todos estos trece siglos y medio.

Por esa fidelidad que el pueblo croata prometió en el siglo VII y que nunca traicionó, hoy existimos como pueblo a pesar de todas las vicisitudes históricas. El sábado 15 de agosto hemos celebrado la festividad de la Asunción de la Virgen María como todos los años, con una devoción que supera lo imaginable. Porque la consideramos Madre de Dios y Madre nuestra. Por eso le hemos dedicado muchos santuarios en Croacia y en Bosnia y Herzegovina, la veneramos bajo numerosas y distintas advocaciones, en nuestras canciones marianas la llamamos “Mamita Querida”, “Reina de Croacia”. Sabemos que está en el cielo pero también caminando junto a nosotros en la tierra.
Nos sentimos ante Ella en esta santa tierra croata donde están las cunas y las tumbas de nuestros reyes, de nuestro héroes y de nuestras víctimas. A la luz de Su presencia e iluminados con el calor de su amor maternal nosotros también hoy celebramos esos trece siglos y medio del primer encuentro de nuestro pueblo croata con Cristo Jesús, nuestro Salvador y nuestro Dios, reflexionamos sobre el día histórico en el que nuestros primeros antepasados renacidos con el Bautismo e iluminados por el Evangelio comenzaron a entrar a la gran unidad de fe y de amor que es la Iglesia Católica que en nombre de Su Hijo Jesucristo preside el Obispo de Roma y Sucesor de Pedro. En la celebración de la Asunción de la Virgen estamos ante Ella como Sus hijos, aquí, en Su Croacia, en la que con Su ayuda comenzamos a reconstruir lo que nuestros enemigos destruyeron, a recordar nuevamente lo que ellos querían que olvidemos.

Le pedimos que interceda para que revivan nuestra Patria y nuestra Iglesia, que se reúna todo lo que está desparramado, que se haga presente todo lo que se ha olvidado, que del pasado fiel y difícil crezca un futuro fiel y mejor. Le pedimos que por Su intercesión el Señor cure nuestras heridas y sane nuestras enfermedades del cuerpo y del alma, nos de paz abundante, esa paz que es el reconocimiento de la verdad, la protección de la justicia, la seguridad de la libertad, la unidad que surge de la reconciliación con Dios y entre nosotros. A Su corazón de Madre le encomendamos a nuestro pueblo croata, a nuestra Iglesia croata, todo lo que somos con nuestros defectos y virtudes. Sabemos que venerar e imitar Sus virtudes es algo que marcó el alma de todo nuestro pueblo. En Su corazón se criaron los corazones de nuestras mujeres, a quienes les tenemos que agradecer que nuestras cunas no hayan quedado vacías ni en los tiempos más oscuros, les tenemos que agradecer que nuestros hogares no se hayan apagado y que la oración no haya enmudecido en los labios de nuestros niños. Venerar a María y creer todo lo que la Iglesia enseña sobre Ella fue para nuestros antepasados y para nuestros padres escuela de verdadera fe y de oración.
Bajo Su regazo nuestros antepasados celebraron la Eucaristía en nuestro idioma y leyeron la Sagrada Escritura. Con Ella nos afirmamos en la unidad católica con el Sucesor de Pedro al frente y en esa unidad nos conservamos como pueblo. La Iglesia nos educó. El Evangelio, a pesar de todos nuestros pecados históricos y personales y nuestros caminos equivocados, siempre impregnó el alma de nuestro pueblo. Reunidos alrededor del altar de Su Hijo aprendimos a compartir nuestro pan con los pobres. Ese pan nuestro de cada día, fruto de la tierra croata y del trabajo del hombre croata,  fue extraído de esta nuestra tierra y debajo de este cielo nuestro. Ese pan nuestro de cada día que tan frecuentemente comimos en nuestros sufrimientos históricos derramando lágrimas. María fue Madre de nuestro pueblo y de nuestra Iglesia en los siglos en que como pueblo e Iglesia íbamos naciendo. María fue nuestro refugio en los tiempos sangrientos en los que expirábamos bajo los golpes. María fue estandarte en nuestras victorias y estímulo permanente en nuestras reconstrucciones.
Ella desde Sus santuarios nos daba confianza y valentía. Hoy también Sus santuarios son fuente de esperanza y centro de reconstrucción. Ella fue Madre de nuestro pasado, le pedimos que también sea Madre de nuestro presente y de nuestro futuro. Hoy y mañana, en este tiempo que se jacta del progreso, pero en el que “con la muerte del alma se alimenta el cuerpo”, necesitamos cada vez más Su corazón de Madre.  Por eso le entregamos y encomendamos al pueblo croata en la Patria y al pueblo croata desparramado por el mundo, a la Iglesia en Croacia. Le pedimos Su protección. Ella sabe cuáles son nuestras penurias, sabe lo que sucede en nuestras familias, sabe cuántos niños nos matan antes de que nazcan, sabe cuánto se le mata la fe y se le pisotea la inocencia a los corazones jóvenes.
Ella sabe cuáles son las esperanzas de nuestra juventud y hacia lo que ella tiende, sabe de lo que ella juventud está cansada y decepcionada. Ella sabes cuáles son los sufrimientos de todos nosotros. Por eso le pedimos que bendiga a todos los hombres de buena voluntad que en cualquier ambiente se sacrifican para el verdadero bien de los demás. Ella es refugio de los pecadores, por eso le pedimos misericordia  para todos los pecadores, también le pedimos por todos los que claudicaron, por todos los desesperados, por todos los que perdieron la fe y ya no saben tener esperanza. A Ella le traemos los dolores de nuestros enfermos, la angustia de todos los que sufren y la agonía de los moribundos.
Como regalo le traemos a todos los santos y justos de nuestro pueblo, a los de antes y a los de ahora, conocidos y desconocidos, le traemos el amor y el sacrificio de nuestros mártires, las oraciones de todas las almas fieles y humildes. En el Día de Su Asunción a los Cielos oramos junto con todas las generaciones de creyentes de nuestro pueblo para que acreciente nuestra fe y refuerce nuestra esperanza y nuestro amor para que pasemos por el mundo haciendo el bien, para que continuemos la fidelidad de nuestros antepasados al Sucesor de Pedro en la unidad de la Iglesia Católica. Y para que reciba en Su corazón nuestra existencia como creyentes, como personas y como croatas.

 Mate Simic, desde Zagreb, para Croacias Totales



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