01 agosto, 2015

Nikola Plantich - El primer croata en Córdoba

'Creo que la película, la misión, protagonizada por Robert De Niro se basa en la vida de nuestro croata Nikola Plantich.'
-Adam S. Eterovich-

Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba

Cuenta la leyenda, que en las carabelas de Colón, viajaron y llegaron al nuevo mundo en 1492, marineros croatas junto al genovés. Dato este, difícil de comprobar aunque nos da pie a pensar que desde la primera llegada de europeos al nuevo mundo, los croatas estuvieron presentes.

Como ya vimos la suma de factores externos e internos que le tocó vivir al pueblo croata, hizo de este, un pueblo de emigrantes. Pero no fue ni un marinero aventurero, ni un campesino, ni un soldado vencido el primer croata que piso suelo cordobés. Fue un jesuita. El Padre Nikola Plantić, ó Nicolás Plantich ó Nikolaus Planch un hijo de la orden de San Ignacio. Fue a mediados del siglo XVI cuando arribaron a América los primeros ocho misioneros jesuitas por insistencia del rey Felipe II. En ese entonces la Compañía de Jesús se estructuró sobre tres bases: México, Perú y Brasil. En 1570, es creado el Obispado de Tucumán siendo designado para el cargo el dominico Francisco de Vitoria. Como este obispo tenía una especial simpatía por los jesuitas, solicitó su ayuda. Fue así como comenzaron a evangelizar las actuales provincias de Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba, estableciéndose definitivamente en nuestra ciudad en 1599.
Casi ciento cincuenta años después, Plantich llega al Río de la Plata en el año de 1748 junto a la expedición del procurador Ladislao Orosz.
 Nacido en 1720 en Zagreb, capital de Croacia, Plantich cumplió su formación religiosa en Viena desde 1736 a 1747, donde fue ordenado sacerdote.
            Pertenecía a la Compañía de Jesús y con ella trajo toda su impronta social, política y religiosa, cuya consigna era la igualdad de los hombres “para una mayor gloria de Dios”. Para lograr este objetivo él y los demás jesuitas se formaron con el fin de servir a la evangelización, la cual se llevó a cabo en la amplia provincia del Paraguay.
           
Escena de la vida misionera, Florian Paucke
Previo a su llegada a Córdoba, Plantich vivió en el Paraguay, desarrollando su misión evangelizadora y docente.
En las misiones guaraníes (distribuidas actualmente en los territorios de Argentina, Brasil y Paraguay), los jesuitas se encontraron con un medio hostil como la selva y con los guaraníes, nativos de la región, que poseían una fuerte identidad.
De su estadía en el Paraguay, quedó una leyenda, creada en Europa y poco conocida en América del Sur. Esta leyenda cuenta la historia de “Nicolás I rey del Paraguay”. Este “Nicolás I” en cuestión era supuestamente el mismo Plantich. Hoy se sabe que fue un invento creado en Europa para desprestigiar a los jesuitas y poder darle un mayor consenso al decreto que firmaría el rey Carlos III en el año de 1767. Esta “campaña de difamación” que se llevó a cabo en Europa, incluía una guerra de libelos, panfletos y gacetas entre las cuales se encuentra el libelo “Historia de Nicolás I, Rey del Paraguay y Emperador de los Mamelucos”, o las gacetas de 1755 en las cuales se decía que era o un “hermano lego” o “un jesuita elevado al trono por sus compañeros” e incluso los jesuitas argumentaban que se trataba de un cacique indio. Una prueba que le daba credibilidad al hecho era una serie de monedas acuñadas a su nombre, pero investigaciones realizadas a las colecciones mas importantes del mundo de la numismática, dieron un resultado negativo, como así también un supuesto recibimiento por la reina de Austria en el cual lo trataba de “colega” a Plantich. Finalmente, creo que la leyenda de un rey jesuita en Sudamérica, sólo fue una excusa malintencionada para dar a entender el poder que comenzaban a acumular las misiones jesuíticas en el nuevo mundo.
Luego de su experiencia en el Paraguay viaja a Córdoba, y desde el 1 de enero de 1749 actúa como docente en la Universidad Jesuítica de Córdoba, dictando clases de lógica en 1752 y desde 1753 como profesor de filosofía, de esta manera, se desempeñó en variadas actividades docentes, pero no como misionero.
Nunca está de más recordar que el sistema educativo jesuita sobrevivió a su expulsión y que después de casi cuatrocientos años, los centros de formación cultural más importantes de Latinoamérica reconocen la jerarquía y la importancia de la Universidad de Córdoba. Este reconocimiento a la Universidad, está basado en el equilibrio racional que buscaron los jesuitas entre el modelo intelectual europeo y la sensibilidad americana, dentro de la América colonial.        
De su paso por Córdoba, dejó como legado un manuscrito con las lecciones de lógica que él dictaba. El manuscrito en cuestión se llama “Tractatus in logica/ Aristotelis interiora” (sic). Un hecho importante es que las lecciones no fueron anotadas por él sino por un alumno suyo, Gregorio Antonio Álvarez de Sosa, estudiante del colegio de los jesuitas de Córdoba.
Este antiguo manuscrito se le atribuye a Plantich en virtud de la inscripción Nicolaus Plantich sobre el lomo del pergamino, si bien no tiene indicaciones de lugar, se deduce que se trataría del Colegio de los Jesuitas en Córdoba, porque fue allí donde enseño Plantich en su paso por el Río de la Plata. Por las inscripciones cronológicas en el libro, se sabe que fue el año de 1752, en el que se dictó el curso trascripto.
El códice conserva su encuadernación original de pergamino crudo sin doraduras, cuyas medidas son las siguientes: Tapa: lomo 3 cm, alto 28 cm, ancho, 14, 4. Consta de 387 páginas útiles y cuatro folios extras al final. El estado de conservación es bueno y el texto es totalmente legible. Generalmente sobrepasa las treinta líneas por página.
Sobre el contenido en sí, se han realizado consideraciones críticas al mismo, donde se considera que está correctamente estructurado. Algunas incoherencias del texto y en el orden deben ser atribuidas al escribiente, que varias veces, reconociendo haberse equivocado o alterado el orden en algún punto, reenvían al lector según diversos llamadas en el texto.
Siguiendo con el análisis de la obra, se demuestra que “Plantich era versado en los antiguos autores escolásticos y que conocía bien los puntos discutidos en las Escuelas. En cambio no encontramos observaciones sobre autores modernos, y parece totalmente ignorada la dirección cartesiana de la Lógica, sucediendo aquí lo inverso que en otros casos, cuando velada o abiertamente los profesores se inspiran en la Lógica Port Royal. Es claro que esta ausencia no significa necesariamente desconocimiento, pudiendo interpretarse también como desinterés o rechazo implícito. ... hemos de apuntar como un dato muy positivo la rigidez con que el autor se mantiene en los límites del saber natural sin intentar aproximaciones o referencias teleológicas, como era más que común en sus contemporáneos”.
Esta obra de Plantich, desconocida en Croacia, hasta la década de los ’80, se conserva en el Archivo del convento mercedario de San Ramón de Buenos Aires, habiendo pertenecido anteriormente al convento de Mendoza y fue expuesto al público en general durante la exposición de Los Archivos . Memoria y la conciencia de los pueblos, en el Museo Nacional de Arte Decorativo durante el mes de mayo de 1992, como aporte a la conmemoración del V Centenario.
En 1763 es enviado al Colegio Grande, en Buenos Aires, donde fue supervisor de estudios superiores, vicerrector y rector del colegio. Seguidamente su destino fue Montevideo como superior del Hospicio, donde lo alcanzó la orden de expulsión de 1767.
            En 1768 el Padre Plantich volvió a Europa, vivió en Austria hasta el año 1773, cuando los jesuitas fueron prohibidos en también en Austria. Ese mismo año se instala en Varaždin, donde vivió hasta su muerte, en 1777.
También es autor de un librito de carácter religioso, que es la única producción editada que ha quedado, y de una gramática latina de dos partes en idioma croata.

Historia de la inmigración croata en Córdoba, Cristian Sprljan


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