28 agosto, 2015

Primer monumento a las victimas del comunismo yugoeslavo


El pasado domingo 23 de agosto Europa recordó a las víctimas de los regímenes totalitarios y autoritarios. En ese contexto en la ciudad croata de Vodice se descubrió un monumento a las víctimas del comunismo yugoslavo. En ese día en toda Croacia se oró por aquellos cuyos nombres no se podían pronunciar en la Yugoslavia comunista y granserbia del difunto mariscal Tito (1945-1990) y en toda Croacia se recordó a todas las víctimas sacrificadas en el altar de los “dioses” mortales que quisieron imponer mundos falsos. Los totalitarismos del siglo XX - el  fascismo, el nazismo y el comunismo - asesinaron millones de personas dejando a su paso desolación y muerte.
Mientras que Europa condenó el totalitarismo fascista y el totalitarismo nazista inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, recién el año 2008 condenó decididamente el totalitarismo comunista y la barbarie de los regímenes totalitarios comunistas, y además hizo un llamado a todos los partidos comunistas y poscomunistas de los países europeos, que aún no lo hicieron, para que revisen su postura sobre la historia del comunismo y su propio pasado y se distancien claramente de los crímenes de los regímenes totalitario
s comunistas condenándolos en forma total y clara. Pero mientras que en los países europeos de la ex órbita soviética la recomendación europea se aceptó e implementó, en Croacia los comunistas yugoslavos se disfrazaron de “antifascistas” y se dedicaron a justificar los  crímenes de la época de la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia y su propio pasado represor y criminal, o el de sus padres y abuelos, bajo el angelical título de “lucha antifascista”.
Aún hoy - cuando ya pasó un cuarto de siglo desde que Croacia se independizó de Yugoslavia, reemplazó el comunismo por la democracia y derrotó el proyecto hegemónico granserbio - la situación no ha cambiado demasiado. Los herederos de la triple dictadura continúan fabricando nuevos “fascistas” y glorificando a los totalitaristas. No obstante, ya no pueden impedir que los historiadores investiguen y escriban sobre los  crímenes que los herederos de la triple dictadura quisieran borrar al igual que su propio pasado. Va a ser muy difícil hacer la lista con todos los nombres de las víctimas, porque los verdugos araron los campos en donde las asesinaron y sellaron las fosas adonde las arrojaron antes de humillarlas hasta el extremo. Repito, va a ser muy difícil hacer la lista con todos los nombres de las víctimas, no obstante hay que intentarlo, como lo hizo el sacerdote Ante Baković, que publicó un libro con la lista de los 663 sacerdotes víctimas del comunismo yugoslavo. Muchos otros lo imitaron.
No se trata solamente de los asesinatos en masa perpetrados contra los croatas inmediatamente después de la finalización de la Segunda Guerra Mundial por los comunistas yugoslavos y los nacionalistas serbios disfrazados de comunistas, sino que se trata también de las víctimas que hasta el año 1990 fueron encarceladas, asesinadas por la policía secreta yugoslava  en Yugoslavia, y que en el exterior desaparecieron “por ser croatas”. Todavía vamos a sufrir por mucho tiempo el trauma de ese tiempo siniestro porque aún hoy los herederos de la triple dictadura al patriotismo le ponen la etiqueta de “fascismo”, porque aún cuesta decir la verdad y aún muchos la dicen con miedo. Son pocos los que se animan a decir abiertamente que la ideología totalitaria comunista la implementaba el régimen encabezado por el ahora difunto criminal de guerra y posguerra conocido como mariscal Tito, que para mantener el Estado artificial yugoslavo intentó eliminar al pueblo croata y a la Iglesia Católica en Croacia porque cuidaba el alma del pueblo.
Las víctimas del totalitarismo comunista en Croacia se cuentan en cientos de miles, y por el mundo se cuentan en decenas de millones. No obstante a todos aquellos que en Croacia investigan las víctimas del comunismo yugoslavo los herederos de la triple dictadura los siguen etiquetando como “fascistas”, y a aquellos que científicamente cuestionan los mitos yugoslavo-comunistas y granserbios los etiquetan como “revisionistas”. Pero mal que les pese la historia no se puede borrar, ni en sus horrores ni en sus grandezas, ninguna historia se puede borrar, la croata tampoco.  Europa constató que después de la caída del comunismo no hubo una  investigación internacional de los crímenes ni procesos contra los responsables, como sucedió después de la caída del fascismo y del nazismo.
Es tiempo de llevar a cabo esa investigación internacional, aun sabiendo que los principales responsables no van a ser procesados pues ya no están vivos, al menos como reparación moral para las decenas de millones de víctimas del totalitarismo comunista y para que en Croacia los herederos de la triple dictadura y los partidos políticos a los que pertenecen se vean obligados a distanciarse de esos crímenes y no sigan llamando fascismo al patriotismo. También para que aprendan de una buena vez que el antifascismo occidental y el “antifascismo” titoísta no son iguales, que hay una diferencia abismal entre el antifascismo democrático occidental y el “antifascismo” totalitarista del mariscal Tito.

El pueblo croata es profunda y tradicionalmente católico, y por eso cuando reza y recuerda a sus víctimas no lo hace con espíritu de odio, sino con espíritu de perdón. Convencido de que así se purifica, corta la cadena del odio y de la muerte, elige la vida y la verdad que libera, rechaza la muerte y la mentira que esclaviza y mata. Convencido de que las víctimas descansan en paz y sus familiares amigos y compatriotas son consolados con la esperanza de la resurrección. Ese espíritu, que surge de nuestra fe, nos ayuda a reconocer los nuevos totalitarismos, aunque se escondan detrás de una retórica azucarada, y nos da fuerzas para hacerles frente y tratar de evitar  nuevas catástrofes. En ese espíritu invitamos a todos “los hombres de buena voluntad” a recordar a todas las víctimas de todos los regímenes totalitaristas y autoritarios y a comprometerse para evitar que en el presente y en el futuro se repitan esas atrocidades. 

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