14 septiembre, 2015

En el umbral de la canonización del beato AlojzijeStepinac




El beato Alojzije Stepinac, mártir, arzobispo de Zagreb y cardenal de la Iglesia Católica, falleció en 1960 como prisionero del régimen comunista yugoslavo. Cuando al inicio de la Segunda Guerra Mundial Alemania atacó a Yugoslavia - que era aliada de Alemania e Italia hasta que los ingleses “armaron” un golpe de Estado y Yugoslavia cambió de bando - Croacia aprovechó la oportunidad para independizarse de la Yugoslavia monárquica que era una dictadura granserbia.  Y muy a su pesar Croacia quedó del lado de las Potencias del Eje, que aunque formalmente eran
aliadas en realidad eran ocupadoras, Italia se anexó la parte costera de Croacia y Alemania utilizó el territorio croata para sus fines estratégicos sin tener en cuenta mínimamente los intereses de Croacia. Diríamos “aliados formales” y enemigos reales. Del otro lado aparecían los Aliados que ni antes ni durante ni después de la guerra mostraron un mínimo de comprensión para las legítimas aspiraciones del pueblo croata a su libertad e independencia.
Ahí comienza un período trágico para el pueblo croata que se encontró sólo en medio de tres guerras paralelas: la guerra civil en Croacia entre los comunistas partidarios de Yugoslavia y los nacionalistas partidarios del Estado croata independiente, la guerra entre Croacia y Serbia que quería crear sobre los restos de Yugoslavia una Gran Serbia y para eso debía eliminar a Croacia,  y la guerra mundial entre los Aliados y las Potencias el Eje.
En ese dramático contexto Stepinac no se ligó a ningún partido, movimiento político o ideología. Coherente con su patriotismo y con su misión de pastor, con toda libertad y sin temor condenó públicamente toda persecución por motivos ideológicos, políticos y raciales. Exigió el respeto a toda persona. Fiel al Evangelio, condenó incansablemente los crímenes y las injusticias. Cuando Alemania le impuso al Estado croata las leyes raciales, protestó enérgicamente ante el Gobierno croata y se dedicó a socorrer a los perseguidos. Por eso los alemanes prepararon un plan para asesinarlo y el Gobierno croata bajo presión alemana pidió a la Santa Sede que lo remueva del cargo de arzobispo de Zagreb.
Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial Croacia fue reintegrada por la fuerza a la segunda Yugoslavia, ahora comunista. En mayo de 1945 Stepinac fue arrestado y encarcelado. En junio el dictador yugoslavo-comunista Tito se reunió con Stepinac y le ofreció todos los privilegios  a cambio de que funde una “iglesia popular” independiente de la Santa Sede. Ante la negativa de Stepinac se inició una persecución implacable contra él, contra la Iglesia Católica y sus fieles. En septiembre Stepinac denunció la violencia y las injusticias del nuevo gobierno comunista. En enero de 1946 Tito pidió que la Santa Sede remueva a Stepinac de su cargo de arzobispo de Zagreb. Stepinac es arrestado nuevamente en septiembre de 1946 y comienza el juicio político montado contra él.
Su alocución ante el tribunal comunista fue un himno de fidelidad a su Iglesia Católica y a su pueblo croata. En base a declaraciones obtenidas por extorsión y a falsos testimonios, en octubre de 1946 fue condenado a 16 años de prisión y 5 años más de privación de sus derechos civiles y trasladado a la cárcel de Lepoglava donde permaneció hasta diciembre de 1951. Fue totalmente aislado, expuesto a humillaciones y estrés permanentes. Hay indicios de que también lo estaban envenenando, lo cual afectó seriamente su salud, motivo por el cual el régimen, temiendo que Stepinac muera en la cárcel, lo envía a prisión domiciliaria.
En enero de 1953 el papa Pío XII lo creó cardenal, por lo cual Yugoslavia cortó las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Desde la primavera de 1953 sufrió de policitemia vera, trombosis en una pierna y catarro bronquial. Rechazó todos los privilegios médicos que podrían significar que se doblegó ante el régimen y podrían hacer tambalear la resistencia de la fe del clero y de los fieles. Los dolores cada vez más fuertes pasaron a ser parte de su vida de prisionero, pero los soportó pacientemente hasta su muerte. Murió el 10 de febrero de 1960 orando por sus perseguidores y con las palabras de Cristo en sus labios: “Padre, que se haga tu voluntad”.
 El Papa Juan Pablo II lo proclamó beato en el Santuario Nacional Mariano de Marija Bistrica el 3 de octubre de 1998. ¿Por qué? Porque con sus palabras y obras se orientó hacia Dios Creador y hacia el hombre que es su creatura. Porque se opuso firmemente a todo lo que distorsionaba la dignidad de la persona y alejaba a la misma de Dios. Porque se opuso a las leyes raciales y de clase y a los intentos sutiles perniciosos para los individuos, las familias y los pueblos. Porque fue un testigo intrépido del humanismo y la verdad y de la fidelidad a la Iglesia que se confió enteramente a Dios. Porque fue víctima de aquellos tribunales a los que no les importan los hechos ni la dignidad del juicio, y al ser condenado por un tribunal así, se transformó en símbolo de todo lo que implementó el totalitarismo comunista en Croacia bajo la apariencia de justicia y democracia. Porque fue un modelo para que el pueblo croata, y no solamente el pueblo croata, sepa por qué camino no debe ir en el presente y sobre qué no debe apoyarse en el futuro, para que sepa que todo lo que se hace sin responsabilidad y conciencia o se omite hacer tiene consecuencias para todo el pueblo y la sociedad. Porque es modelo de la pureza de conciencia. Porque es modelo de sacerdote en el sentido más sublime de esa palabra, porque vivió para Dios y por Dios estaba dispuesto a soportar todos los sufrimientos. Y por eso Dios le dio la fuerza necesaria para ser para el pueblo croata más que un pastor espiritual común, para ser “la luz que lo iluminó en las tinieblas”, una luz  más fuerte que las luces artificiales de las ideologías y sus promotores, y por eso en los momentos más difíciles dio testimonio de que el pueblo croata no renuncia ni a Dios, ni a su fe católica ni a su identidad nacional.
Pero los hijos de las tinieblas no descansan y están procurando revivir los mitos y las leyendas negras comunistas sobre nuestro santo para evitar su canonización. A todos ellos les contestó el postulador de la causa, el sacerdote Juraj Batelja, el 11 de septiembre, justamente cuando el Papa Francisco recibió al presidente de Serbia Tomislav Nikolić: “No hay necesidad de ningún escepticismo. La causa de Stepinac está finalizada y ya no hay más ninguna revisión. Ya hace bastante tiempo que hay una oposición y creo que es cuestión de la bondad del Papa querer conversar con personas que no entienden y no leen las cosas y por eso repiten la mitología. El Papa tiene una intención noble, sentarse con ellos y enfrentarse con los hechos. Él no desea modificar la codificación de la Iglesia Católica para declarar santos, pero desea conversar pues es testigo de la validez de los documentos que hablan a favor de la canonización de Stepinac.
Por eso no caigan en la trampa de los medios, que existen para ganar dinero y no para informarnos realmente. Créanle a sus pastores espirituales, creámosle al Santo Padre porque la causa está finalizada. Ahí no hay nada más que decir. ¡El milagro está confirmado! Si el milagro sucedió por intercesión de Stepinac, eso significa que Dios está actuando, que Dios confirmó eso. Acaso vamos a cuestionar la voluntad de Dios porque Nikolić o algún otro tenga sus planes. Nosotros los católicos apostólicos romanos respetamos al Santo Padre como cabeza suprema y no lamentamos que hoy haya recibido al presidente serbio”.

Ayer domingo en su homilía pronunciada durante la misa celebrada con motivo de la peregrinación anual de la arquidiócesis de Zagreb al Santuario Nacional Mariano de Marija Bistrica, el cardenal arzobispo de Zagreb Josip Bozanić también se refirió a este tema: “El beato Alojzije Stepinac siguiendo el ejemplo de Cristo aceptó el sufrimiento, aceptó los golpes que no se alejaron de su vida y muerte hasta el día de hoy, pero con confianza en Dios superó toda mentira y con su sacrificio se transformó en testigo de la verdad. Nosotros los creyentes sentimos cuán importante es para nuestras vidas y para nuestra Iglesia la fuerza y la atracción de su cruz. El poder  terrenal le ofreció distintas soluciones que le permitirían vivir cómodamente sus días en la tierra, pero a cambio tenía que negar a Dios, a Cristo y a su cruz, a la Iglesia y a su pueblo. Él eligió ir por el camino de Cristo. Renunció a sí mismo, regaló su vida, ofrendándose a sí mismo transformó el mal en bien y amor. Ese modo de vida nunca queda sin frutos. Somos conscientes de que vivimos en el tiempo en que se redondea su testimonio y se cierra el círculo que fue causa y fuente del mal y la mentira. Nuestro pueblo croata creyente siente que somos participantes de esa vida; que el sufrimiento del beato tiene que ver con cada uno de nosotros y vibra en nuestra alma y en nuestro cuerpo. De eso dan testimonio también muchos devotos de él en Europa y en el mundo. La santidad de la Vida del cardenal Alojzije Stepinac fue constatada y confirmada por las más altas instancias de la Santa Sede. Por eso, llevando con él la cruz de Cristo, nosotros no tenemos miedo de la verdad y estamos dispuestos a enfrentarnos con argumentos a la verdad completa de ese período trágico de guerra. La santidad del beato Alojzije no va a ser aplastada por ningún intento de los intereses terrenales, aunque se sigue intentando difamarlo”.
Cabe agregar que entre quienes tratan de difamarlo hay muchos familiares  de aquellos por quienes el cardenal se preocupó arriesgando su propia vida, lo que causa decepción y estupor. Sin embargo también hay gente honesta que testimonió a favor del cardenal aun a costa de la incomprensión de los primeros. Es sabido que la Verdad al final siempre triunfa, y por eso sabemos que este hijo dilecto de Dios que nació, vivió y murió en tierra croata va a ser canonizado en honor a la verdad y a la justicia. Que así sea.      

Mate Simic, desde Zagreb, para Croacias Totales 


No hay comentarios: