22 noviembre, 2015

Actual situación política en Croacia y Europa (Columna)


Los pueblos europeos, a pesar de pertenecer a una misma raza y a un mismo círculo cultural, han guerreado mucho durante su historia. Si los pueblos europeos a pesar de todas sus similitudes no pudieron vivir en paz, ¿cómo podemos esperar que vivan en paz con los inmigrantes no europeos que pertenecen a otra civilización y a otra cultura y están entrando a Europa hace ya varios decenios, y con particular intensidad en los últimos años?
La cúpula de la Unión Europea en vez de responder a esta lógica pregunta continúa
respaldando incondicionalmente la política exterior de Estados Unidos en Medio Oriente, cediendo a las presiones de las corporaciones y los bancos que necesitan mano de obra barata para multiplicar sus ganancias y sacrificando la identidad europea ante el “becerro de oro” a través de un multiculturalismo impuesto en el que todos pierden su identidad en nombre de una ideología ficticia de los derechos humanos.

Las consecuencias de esa política son nefastas y una de las mismas es el reciente atentado terrorista en París. En el momento en que los Estados europeos renunciaron a proteger sus fronteras, permitieron el ingreso descontrolado de no europeos, y se enredaron en la red de intereses geopolíticos y energéticos de Estados Unidos en Medio Oriente, abrieron las puertas a escenarios trágicos como el que pudimos ver en Paris. Y mientras la Unión Europea insista en el multiculturalismo, renuncie a sus raíces cristianas y trate de resolver sus problemas económicos y demográficos “importando” no europeos, no va a poder evitar situaciones trágicas como la de París.
Si Europa quiere conservar su identidad tiene que volver a sus raíces cristianas, pues la pérdida de influencia del continente europeo es consecuencia  justamente de haber renunciado al cristianismo y a la cultura edificada sobre los fundamentos del cristianismo. Si continúa forzando el multiculturalismo antinatural, la Unión Europea se va a desmembrar como se desmembraron otros proyectos multiculturales en el pasado reciente (Yugoslavia y la Unión Soviética) y como seguramente se van a  desmembrar otros en el futuro próximo (Gran Bretaña).
La mayoría de los inmigrantes no europeos que se encaminaron en masa hacia los países europeos no son terroristas sino gente que cree ingenuamente en el mito de Occidente, pero basta con que unos pocos terroristas se hayan infiltrado entre ellos para temer nuevos atentados como el reciente atentado en Paris. La crisis en Grecia primero, y la crisis de los inmigrantes después, debilitaron a la Unión Europea y hoy los pueblos europeos miran mucho más sus intereses que los supuestos “valores” de la Unión Europea. Hoy tenemos conflictos y focos de crisis desde Ucrania hasta Montenegro. En Ucrania los rusos procura legalizar la anexión de los territorios del Este de Ucrania y Ucrania procura evitarlo. En Montenegro, en el marco de su política de buscar una salida al Mar Adriático a través de Montenegro, Rusia apoyó el intento de golpe de Estado de la minoría serbia de Montenegro para impedir que Montenegro ingrese a la OTAN. En la vecina Bosnia y Herzegovina el líder de los serbios bosnios, Milan Dodik, amenaza con la secesión de la entidad serbia de Bosnia y Herzegovina y su anexión a Serbia. En Macedonia, cuya relación con Grecia es tradicionalmente tensa, los albaneses representan un alto porcentaje de la población y una amenaza para la integridad territorial del país. Kosovo se separó de Serbia y declaró su independencia, que Serbia no reconoce pero tampoco 5 países miembros de la Unión Europea, Rusia… A todo eso hay que agregarle la ofensiva política de Turquía que está retornando con fuerza a los Balcanes y hace recordar los tiempos del imperio Otomano.

En ese complicado entorno que tiende a agravarse con la crisis de los inmigrantes y con el aumento de las tensiones en y entre los países mencionados, Croacia tiene que articular una política sabia en función exclusiva de sus intereses nacionales. Esos intereses nacionales por más antipáticos que puedan sonar en este momento son: cerrar las fronteras; evitar que continúe el ingreso descontrolado al país de inmigrantes y refugiados; afirmar la cooperación con los Estados que van desde el Mar Adriático hasta el Mar Báltico y con los Estados centroeuropeos.
Para poder concretar los intereses nacionales mencionados en la actual situación geopolítica y de seguridad, es indispensable que la coalición que gobernó desde 2011 hasta el 2015, cuyo eje son el Partido Socialdemócrata del premier  Zoran Milanović y el Partido Popular de la ministra de exteriores Vesna Pusić, no formen el nuevo gobierno, pues si lo forman se va a intensificar la balcanización y la decadencia de Croacia. Es necesario tomar conciencia del momento crítico en el que nos encontramos. Vemos como Austria, Hungría y Eslovenia levantaron un cerco de alambre de púa en sus fronteras. Croacia se halla ante este dilema: quedar separada de Europa Central y condenada al pantano de los Balcanes o retornar a su ambiente natural centroeuropeo al que pertenece por historia, geografía y cultura.


En las elecciones parlamentarias celebradas el 8 de noviembre no ganó ninguno de los dos partidos grandes - ni la Unión Democrática Croata ni el Partido Socialdemócrata - porque un tercer partido nuevo y heterogéneo - que se llama Puente - sorpresivamente logró el número de diputados necesario para transformarse en árbitro y decidir quién va a formar el nuevo gobierno. Ese partido es una alianza heterogénea de listas independientes, y por eso no se sabe a cuál de los dos partidos grandes va a respaldar o si no va a respaldar a ninguno. Todas las posibilidades están abiertas, incluso la posibilidad de que se celebren nuevas elecciones. Ese nuevo partido tan heterogéneo tiene que decidir si va a apoyar a la coalición heredera de la dictadura yugoslavo-comunista y granserbia - que representan el Partido Socialdemócrata de Zoran Milanović, el Partido Popular de Vesna Pusić y varios partidos pequeños más -, si va a apoyar a la coalición que, a pesar de todas sus traiciones, es heredera de la política independentista y soberanista del extinto presidente Franjo Tuđman - que representan la Unión Democrática Croata de Tomislav Karamarko, el Partido Campesino de Branko Hrg y otros partidos pequeños más -, o si se van a celebrar nuevas elecciones porque nadie tien los 76 diputados necesarios para formar el nuevo gobierno. Como se dice habitualmente, la historia lo recuerda todo, y en los 19 diputados de este nuevo partido está cómo los va a recordar a ellos. 

Mate Simic, desde Zagreb

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