27 diciembre, 2015

Significado de la Navidad para el pueblo croata


Aunque el mundo está muy complicado, y nuestra Patria croata también, la perspectiva navideña permite trascender la coyuntura y conservar esa esperanza que solo puede dar la perspectiva de la eternidad. Y aunque también en mi Patria croata los que están en contra del significado profundo de la Navidad intentan reemplazar a su protagonista central por otro vestido de rojo que viaja en trineo y trae regalos a los niños, y reemplazar en las postales navideñas el pesebre por arbolitos con pelotitas
de colores o paisajes nevados, en mi Patria croata el pueblo croata todos los años el 25 de diciembre espera emocionado la llegada del Niño Jesús y lo recibe con oraciones y canciones que se fueron forjando durante siglos.
Porque a pesar de todas las presiones, en mi Patria croata mi pueblo croata sigue siendo fiel a la fe de nuestros antepasados. Esa fe que nos ayudó a superar todas las vicisitudes a lo largo de nuestra más que milenaria y turbulenta historia. Esa fe que nos sigue ayudando a superar las vicisitudes actuales y sin renunciar a lo que somos a seguir construyendo la Patria croata terrenal conscientes de que por ella peregrinamos hacia la Patria Celestial. Ni los 45 años de dictadura yugoslavo-comunista y granserbia abierta (1945-1990), ni los 25 años de dictadura globalista y unioneuropeista encubierta (1990-2015), ni todas las tiranías extranjeras anteriores a través de los siglos, pudieron erradicar esa fe que nació junto con nuestro pueblo en las orillas del Mar Adriático hace casi 14 siglos. Y por eso, aunque a muchos les moleste, hoy seguimos siendo croatas y católicos y festejando la llegada del Niño Jesús. Esa es nuestra herencia, nuestra identidad, y estamos orgullosos de ellas. Y hemos demostrado en la práctica que estamos dispuestos a defenderlas aun en las condiciones más adversas aferrados a esa fe.
Durante los 45 años de dictadura yugoslavo-comunista y granserbia nuestro pueblo croata resistió bajo el amparo de la Iglesia Católica Croata que sufrió el martirio y la persecución junto con sus fieles. Esa Iglesia Católica Croata a la que los dictadores yugoslavo-comunistas y granserbios le mataron cientos de sacerdotes y monjas y cientos de miles de fieles. Esa Iglesia Católica Croata que abarrotó con sus sacerdotes, monjas y fieles las cárceles yugoslavo-comunistas y granserbias. Esa Iglesia Católica Croata que junto con sus fieles soportó durante 45 largos años la represión del régimen yugoslavo-comunista y granserbio en la Patria ante la incomprensión o la indiferencia de gran parte del mundo libre. Esa Iglesia Católica Croata que junto con sus fieles sufrió el juicio montado y la posterior condena y prisión de su hijo más dilecto, el entonces cardenal arzobispo de Zagreb y desde 1998 beato Alojzije Stepinac, juzgado y condenado por su fidelidad al Papa, a la Iglesia Católica Universal, a su Patria croata y a su Pueblo croata. Esa Iglesia Católica Croata que no abandonó a aquellos hijos suyos que tuvieron que abandonar su Patria para salvar la propia vida al final de la Segunda Guerra Mundial o más tarde para ganarse el pan de cada día que no podían ganarse en la Patria ocupada. Esa Iglesia Católica Croata que junto con sus fieles se alegró con la conquista de la libertad en 1990, sufrió junto con su pueblo la agresión serbio-yugoslava desde 1990 hasta 1995 y volvió a alegrarse cuando finalmente después de 5 años de guerra logramos defender la libertad conquistada derrotando al agresor serbio-yugoslavo.
No es casualidad que durante esa agresión los objetivos militares serbio-yugoslavos preferidos hayan sido justamente las iglesias católicas y que cientos de ellas fueran heridas de muerte por los proyectiles agresores, porque esas iglesias son parte inseparable de nuestra identidad croata. Ni tampoco es casualidad que los soldados croatas al comienzo de la agresión hayan resistido con escopetas de caza llevando el Santo Rosario alrededor del cuello a un ejército armado con tanques, cañones, fragatas y aviones y hayan repetido la historia de David y Goliat.
Esa Iglesia Católica Croata que después de la guerra se dedicó especialmente a curar las heridas materiales, físicas, síquicas y espirituales del pueblo croata. Esa Iglesia Croata que le ayudó al pueblo a no arrodillarse ni claudicar ante los nuevos becerros de oro del “nuevo (des)orden mundial”. Esa Iglesia Católica Croata que supo cuidar para nosotros esa fe de nuestros antepasados para que el corazón de la Patria croata y del pueblo croata siga siendo el Pesebre donde todos los años nace el Niño Jesús. Como en ese entonces en Belén, hoy tampoco hay lugar para que nazca el Niño Jesús ni en la Unión Europea, ni en el “nuevo orden mundial”, ni en la “aldea global”, ni en el corazón de piedra de los poderosos y soberbios. Pero sigue habiendo lugar para que nazca el Niño Jesús en nuestra Patria croata y en el corazón de carne de nuestro sufrido pueblo.
A pesar de todas nuestras falencias y limitaciones, de toda nuestra frágil humanidad, siempre vamos a querer ser el Pesebre del Niño Jesús, la Patria del Niño Jesús, el pueblo del Niño Jesús, de nuestro patrono San José y de nuestra patrona la Virgen María. Somos conscientes de que ese nuestro deseo conlleva sufrimientos e incomprensiones, pero también de que podemos superar todas las pruebas con la perspectiva de la eternidad que nació en Belén y no terminó en el Gólgota. Eso está grabado en el alma de nuestro pueblo y nada ni nadie lo pudo borrar desde el siglo VII hasta este nuestro siglo XXI ni lo va a poder borrar desde este nuestro siglo XXI hasta el final de los tiempos. 
Que así sea. 
FELIZ NAVIDAD – SRETAN BOŽIĆ 

Mate Simic, desde Zagreb


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