23 enero, 2016

Desafíos del nuevo gobierno de Croacia - Columna de opinión


El flamante Gobierno del premier Tihomir Orešković va a enfrentar importantes desafíos que se pueden resumir en uno: retornar en las actuales circunstancias a la política que trazó el extinto presidente de la República  Franjo Tuđman (1990-1999) y anular la política que trazaron todos sus sucesores. La política de
Tuđman consistió en afirmar la independencia y la soberanía de Croacia en todos los campos y la de sus sucesores en debilitarlas.
Con Tuđman Croacia reemplazó el comunismo por la democracia, se independizó de Yugoslavia y se libró de la hegemonía serbia, fue reconocida internacionalmente, resistió exitosamente de la agresión militar serbio-yugoslava recuperando en 1995 los territorios ocupados por el Ejército Yugoslavo y los paramilitares serbios en 1991 cuando estaba prácticamente desarmada, protegió a los croatas de Bosnia y Herzegovina que también sufrieron la agresión serbio-yugoslava primero y la de los musulmanes bosnios después, salió del círculo balcánico yugoslavo al que fue integrada por la fuerza en 1945 para reintegrase al círculo centroeuropeo y mediterráneo al que pertenece naturalmente, resistió exitosamente todos los intentos de la autodenominada comunidad internacional y sus lacayos de restaurar Yugoslavia bajo otros nombres, no le cedió al Tribunal de La Haya la competencia sobre las operaciones militares libertadoras “Relámpago” y “Tormenta” con las que se liberaron los territorios ocupados y de esa manera impidió la transformación de la agresión serbio-yugoslava en una “guerra civil” entre El Estado croata y la minoría serbia de Croacia.
Desde el año 1990 hasta el año 1999 bajo la conducción de Franjo Tuđman Croacia caminó hacia adelante por el camino de la independencia y la soberanía. Desde el año 2000 hasta el año 2015 bajo la conducción de Mesić, Račan, Sanader, Josipović, Kosor, Milanović, Croacia caminó hacia atrás perdiendo independencia y soberanía. Desde este año 2016, que recién comienza, Croacia bajo la conducción de la presidenta de la República Kolinda Grabar Kitarović y del flamante presidente del Gobierno Tihomir Orešković tendría que retomar el camino que trazó Tuđman si pretende recuperar su identidad, afirmar su independencia y soberanía, detener el endeudamiento irresponsable, abandonar definitivamente el pantano balcánico yugoslavo para retornar a su ambiente centroeuropeo y mediterráneo natural y demostrar a los herederos de la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia, diseminados por todos los partidos políticos, las estructuras de poder y el 90% de los medios, y también a sus padrinos en la autodenominada comunidad internacional, que han fracasado en su intento de destruir al país política y económicamente para demostrar que Croacia no es capaz de ser libre e independiente y que su lugar está en una nueva Yugoslavia (que para no herir susceptibilidades la llaman “Los Balcanes Occidentales”, “La región”, etc.).
Aún antes de hacerse cargo de la presidencia del Gobierno, Tihomir Orešković decidió viajar a Kitzbühel (Austria) para reunirse con los banqueros internacionales que son acreedores del 80% de la deuda externa de Croacia. Como era de esperar alabaron los planes reformistas de Orešković tendientes a devolverles la deuda, le advirtieron que no toque la política monetaria del Banco Central y que no siga el ejemplo de Polonia y Hungría (que son los dos países centroeuropeos exitosos). Pero los banqueros internacionales (a quienes los sucesores de Tuđman les extraditaron directamente la independencia financiera croata e indirectamente la independencia de otros sectores) no le dijeron a Orešković por qué el Banco Central tiene que seguir teniendo enormes poderes y ninguna responsabilidad ni le dijeron qué países son el ejemplo que tiene que seguir Croacia (aunque no es difícil imaginarlo pues por ejemplo Grecia siguió al pie de la letra las pautas de esos mismos banqueros y todos sabemos cómo terminó).
 Nos preguntamos a quién le hace falta una Croacia inestable, pobre y arrodillada. Y la respuesta es lógica: a aquellos que llevaron a Croacia esa situación. También nos preguntamos si una Croacia así le hace falta a la Unión Europea multicultural y elitista, porque si no es así por qué los banqueros internacionales le advirtieron a Orešković que Croacia no debe seguir la política “populista y nacionalista” de Polonia y Hungría sino los “valores europeos” que dicta la burocracia tecnocrática de la Unión Europea en Bruselas. Nos preguntamos también si la catástrofe económica y demográfica de Croacia es un “valor europeo”, y si no lo es, por qué los banqueros internacionales callaron cuando Croacia era saqueada desde adentro mientras al mismo tiempo se endeudaba afuera.
Los banqueros extranjeros quieren que Crocia siga rematando sus riquezas nacionales, que sirva incondicionalmente a los bancos internacionales que con altos intereses y de otras formas saquean a la ciudadanía y a la economía croatas llevándose  al exterior miles de millones  de euros de las ganancias. Y por eso no quieren que sea como por ejemplo Hungría, que limitó las ganancias desmedidas de los bancos extranjeros, “hungarizó” su Banco Central, protegió  a cientos de miles de ciudadanos húngaros convirtiendo las monedas extranjeras en moneda nacional para todos los créditos y levantó su economía, Y a Croacia los banqueros internacionales y la Unión Europea le seguirían vaciando la billetera y chantajeándola.
 Los banqueros internacionales no quieren que Croacia siga el ejemplo de Polonia y Hungría que justamente son dos de los países del bloque “Adriático-Báltico-Mar Negro” que promueve la presidenta Kolinda Grabar Kitarović. La iniciativa agrupa a 11 países miembros de la Unión Europea: Croacia y Eslovenia, los 3 países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), los 4 países del Grupo de Višegrad al que Croacia también desea pertenecer (Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría), y 2 países del Mar Negro (Bulgaria y Rumania). Croacia debe decidir si quiere ser un país centroeuropeo exitoso y realizar plenamente su pertenencia a la Unión Europea y a la OTAN, que es lo que quieren la mayoría de los croatas, o si quiere seguir siendo la denominada “locomotora europea de los Balcanes Occidentales” que va a arrastrar a los inmigrantes afroasiáticos, a los cuadros abolidos del régimen totalitario yugoslavo-comunista y granserbio mientras los croatas siguen emigrando del país.
Que Croacia sea esa locomotora es lo que quieren los banqueros internacionales y la burocracia tecnócrata de la Unión Europea, y naturalmente los herederos de la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia en Croacia que funcionan como representantes de esos banqueros y de la burocracia tecnócrata de Bruselas, es decir como yugoslavo-comunistas y granserbios hacia adentro y como liberales hacia afuera. Puede ser que para los banqueros internacionales, para Bruselas y para sus lacayos la mencionada “locomotora” represente los “valores europeos” pero seguramente no los valores croatas, y los croatas de a pie en esa locomotora no ven ningún interés nacional. Sería trágico que el nuevo Gobierno de Tihomir Orešković no apoye a la presidenta de la República y ceda a las presiones de los banqueros internacionales y de los burócratas de Bruselas y el tren croata siga viajando por la vía que une a Zagreb con Belgrado y que comienza en Londres y termina en Moscú. Con el agravante de la “crisis migratoria” que es en realidad otro nombre para la islamización de Europa.
Junto con las medidas tendientes a solucionar las consecuencias de la desastrosa política de los sucesores de Tuđman en los últimos 15 años, Tihomir Orešković tiene que tomar en cuenta la profunda crisis demográfica, de ser posible sancionar una  ley que condene la herencia de la triple dictadura y modificar la actual  Ley Electoral que favorece plenamente a los herederos de la triple dictadura.
Lo que está en juego es la pérdida del futuro, el presente inaceptable y una democracia inválida. Es que ninguna reforma de su Gobierno va a prosperar si no conduce a la recuperación demográfica, si no esquiva los campos minados que le va a sembrar la poderosa nomenclatura heredada de la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia que nunca respondió por sus crímenes y si no antepone el Bien Común a los intereses partidarios.
La lustración (inhabilitación política de los represores yugoslavo-comunistas y granserbios) en Croacia ya hace tiempo que es un tema de seguridad prioritario, al igual que la actual “crisis migratoria”. La recuperación demográfica es un objetivo al que se puede llegar más fácilmente con la lustración y un sistema electoral más justo. La lustración y la democracia sí son valores europeos. Si Orešković pilotea bien la deuda externa y junto con la presidenta Grabar Kitarović se conecta al mercado y al contexto político centroeuropeo, va a ser el presidente de Gobierno más exitoso que tuvimos. La condición es no ceder a las presiones externas y establecer el equilibrio en los medios que en este momento representan “el pensamiento único” de los herederos de la triple dictadura. Tiene que detener la caída y asegurar el desarrollo ignorando las trampas mediáticas y consciente de que Croacia está devastada y ocupada por una coalición formada por los no lustrados, los nostálgicos de Yugoslavia y los incompetentes. Si lo logra Croacia va a recuperar por primera vez el aliento después de la muerte de Tuđman y le va a ayudar a los herederos de la triple dictadura a que después de 25 años abandonen sus errores y se integren a la sociedad croata, a los no lustrados a que ocupen su lugar en el basurero de la historia y a los incompetentes a que entiendan que no son idóneos para los trabajos orientados al Bien Común.

Podemos y debemos ser optimistas a pesar de todos los problemas  porque hemos vivido la resurrección de Croacia libre e independiente, su progreso, la democracia, y porque sin optimismo no se puede vencer. Podemos y debemos ser optimistas a pesar de todos los problemas porque hemos vivido la resurrección de Croacia libre e independiente, su progreso, la democracia, y porque sin optimismo no se puede vencer. Ese optimismo implica apoyar activamente al nuevo Gobierno de Tihomir  Orešković en todo lo que haga para bien de nuestra Patria y de nuestro pueblo. 
Desde Zagreb, Mate Simic

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