08 marzo, 2016

Crónica de un casamiento Croata.


Llegué a la iglesia a las 15 hs pensando que no iba a haber nadie, como es usual en todos los casamientos donde se sabe que la novia en realidad llega a las 15:30 hs. Me equivoqué. Me encontré con una multitud de gente vestida de hermosos colores y sonrisas gigantes. Algunos cantaban, otros afinaban instrumentos y un sin fin de gente saludándose unas a las
otras.
Todos se conocían, todos se conectaban de alguna manera y todos formaban parte de algo gigante. Durante la fiesta se mostraron alegres, buenos bebedores, compañeros y hasta se regalaron música entre sí. 
Mientras bailaban, confieso que se me puso la piel de gallina al escuchar todos al unísono contar entre dientes: uno, dos, tré, cuá, cinco, seis y abrían los ojos gigantes para advertir que se venía el pasito para atrás con el siete y el ocho.
La fiesta terminó cuando el dj cortó a la mitad el famoso baile de "la botellita" (como le llaman a aquel baile folclórico croata). El sonido se detuvo, pero la música no paró. Un coro de voces eufóricas continuó tarareando el tema como si mil generaciones de sangre croata estuviesen ahí presentes.
Todas las bodas son lindas. Pero las croatas son un festín de emociones.

Jadranka Cettolo, fotógrafa
4709-2721

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