15 marzo, 2016

¿Qué sucede con la canonización del cardenal Alojzije Stepinac?

La cruenta agresión de Serbia contra Bosnia i Herzegovina (1992-1995) finalizó con la firma del Acuerdo de Dayton con el que se acalló el ruido de las armas pero no se logró una paz justa. Según ese Acuerdo, impuesto por la denominada “comunidad internacional”, Bosnia y Herzegovina se organizó como un Estado compuesto por dos entidades.

Una de las entidades es la “República Serbia”, en la que los serbios bosnios son mayoría aplastante pues durante la agresión “limpiaron étnicamente” a los croatas y a los musulmanes bosnios e impidieron hasta hoy el retorno de los mismos que estaba garantizado por el Acuerdo de Dayton. La otra entidad es la “Federación” que comparten los croatas y los musulmanes bosnios, en la que los musulmanes son mayoría y discriminan a los croatas. Los serbios bosnios se comportan como si su entidad fuese un “Estado” dentro del Estado y amenazan con separarse de Bosnia y Herzegovina para unirse a Serbia.
 Prueba de eso es que el mes pasado los serbios bosnios celebraron el día de su entidad aunque la celebración había sido declarada inconstitucional por las autoridades estatales. Y no solamente que lo celebraron, sino que de la vecina Serbia vinieron a la celebración el patriarca Irineo, que es el jefe de la Iglesia Ortodoxa Serbia, y Aleksandar Vučić, el premier de Serbia, en un gesto más que desafiante y provocativo. Particularmente provocativo fue el patriarca Irineo que dijo que la entidad serbia es obra de Dios, y como tal eterna y permanente, y que la misma se fundó sobre la verdad y la justicia de Dios y sobre la sangre y los huesos de los mártires.
Reaccionó el cardenal arzobispo de Sarajevo Vinko Puljić, que le respondió al patriarca que la entidad serbia no es obra de Dios sino de los hombres, y como tal no es eterna sino pasajera, y le recordó al patriarca los tres años de asedio de la ciudad de Sarajevo por parte del ex ejército yugoslavo y las unidades serbias, durante los cuales el cardenal y la población de Sarajevo sufrieron los bombardeos permanentes, el accionar de los francotiradores, sed, hambre, frío, falta de medicamentos, etc. El cardenal le recordó también al patriarca que del territorio de la entidad serbia fueron expulsados por la fuerza prácticamente todos los católicos y que muchos de ellos fueron asesinados, y agregó que es particularmente doloroso el hecho de que los asesinatos, las persecuciones y la negación de los derechos sucedieron en el territorio controlado totalmente por los serbios en el cual no hubo combates. El cardenal le recordó al patriarca el arresto y posterior asesinato del sacerdote Tomislav Matanovićy de sus padres que luego fueron arrojados a un aljibe en el que fueron hallados sus restos por casualidad seis años más tarde; el asesinato del sacerdote  Filip Lukenda y de la monja Cecilija Grgić, cuyos cuerpos sin vida fueron incendiados junto con la casa parroquial tras lo cual también fue minada y destruida totalmente la iglesia; el secuestro y posterior asesinato del sacerdote Ratko Grgić, director espiritual de las monjas Adoradoras de la Sangre de Cristo, aun hoy no se sabe dónde están sus restos, y que tras el asesinato del sacerdote los asesinos regresaron y sometieron a todo tipo de vejaciones a las monjas; el secuestro y ejecución del sacerdote Ivan Grgić; la muerte del sacerdote Petar Jurendić como consecuencia de las torturas físicas y síquicas a las que fue sometido; la muerte del sacerdote Marko Šalić como consecuencia de las torturas que durante meses soportó en la cárcel; el arresto de todos los religiosos y religiosas del convento de Petričevac en Banja Luka y el incendio del convento y la destrucción con minas de la iglesia parroquial.
El cardenal le recordó al patriarca que la casi totalidad de las iglesias y conventos y otros edificios religiosos fueron destruidos totalmente o seriamente dañados y que miles de viviendas familiares fueron destruidas y saqueadas. También le recordó que después de la guerra las autoridades de la entidad serbia no hicieron nada para rectificar las injusticias y posibilitar el retorno de los que fueron obligados a abandonar sus hogares.
Sobre la situación de los poquísimos católicos que aún viven en la entidad serbia habla el hecho de que el mismo cardenal arzobispo de Sarajevo Vinko Puljić sufrió una agresión física y varias horas de arresto cuando quiso celebrar una misa en la cripta de una de las iglesias destruidas. El cardenal Puljić destacó que por todos esos crímenes, y muchísimos más, perpetrados en la entidad serbia, nadie fue juzgado ni condenado y que por el contrario la verdad se calla o falsifica y en lugar de brindarle protección a las víctimas se protege y ayuda a los criminales, y agregó que eso no puede tener ninguna relación con la justicia y la verdad de Dios.
Prosiguiendo el cardenal Puljić dijo que estos y muchos otros crímenes fueron perpetrados en nombre de la entidad serbia que “no se fundó sobre la sangre y los huesos de los mártires”, como dijo el patriarca Irineo, sino sobre las torturas y persecuciones contra los otros y distintos (los que no eran serbios). En ese sentido le advirtió al patriarca que llamando “justicia de Dios” a los crímenes más horribles se expone al peligro de ofender adicionalmente y en forma particularmente dolorosa a todas las víctimas de la guerra y a todos los que sufrieron distintas torturas e injusticias. El cardenal le recordó al patriarca que los católicos corren el riesgo de desaparecer de la entidad serbia donde hoy sobrevive solamente un 6% del número total de católicos que había antes de la guerra y que en general son personas ancianas, y luego se preguntó si eso podía ser obra de Dios y verdad y justicia de Dios como había dicho el patriarca.
El cardenal Puljić manifestó su convicción de que también la paz justa hace tiempo habría sido construida si no hubiera quienes apoyan a los destructores de la paz y premian a los destructores de esta tierra castigando al mismo tiempo a las víctimas de la guerra. Agregó que siempre hay quienes destruyen y quienes construyen, quienes ayudan y quienes dificultan, e invitó al patriarca a construir una paz justa y duradera que no se base en la ilegalidad, en la ley del más fuerte y en la erradicación de los otros y distintos sino en la verdad y en la justicia de Dios, pues solamente una paz fundada en Dios puede tener un futuro sano y garantizado. Finalmente el cardenal Puljić le recordó al patriarca Irineo la advertencia de Cristo sobre el esfuerzo inútil de los constructores que construyen la casa sobre la arena, “la arena de la injusticia y de la desgracia ajena”.
El patriarca Irineo y la Iglesia Ortodoxa Serbia no le respondieron al cardenal Puljić porque saben que todo lo que dijo es verdad, sin embargo ese silencio contrasta con la ruidosa campaña que lanzaron para evitar la canonización del beato mártir croata y cardenal arzobispo de Zagreb durante la Segunda Guerra Mundial Alojzije Stepinac. Aprovecharon el anuncio del encuentro ecuménico entre el papa Francisco y el patriarca ruso Cirilo para reeditar  toda la mitología yugoslavo-comunista y granserbia en contra del extinto cardenal croata que paradójicamente arriesgó su vida por salvar a los serbios en las dramáticas circunstancias de la Segunda Guerra Mundial. La jerarquía ortodoxa serbia esto lo sabe muy bien, pero lamentablemente la Iglesia Ortodoxa Serbia no funciona como una iglesia sino como la mano derecha de la política expansionista de Serbia, así fue en el pasado y así es ahora, y muy posiblemente lo seguirá siendo por mucho tiempo.
No se trata de un asunto religioso, lo que la jerarquía ortodoxa serbia y la política serbia no le perdonan al extinto cardenal Stepinac es que haya defendido vehementemente el derecho del pueblo croata a tener su Estado independiente, es decir el mismo derecho que tienen todos los otros pueblos. Aunque nos tendríamos que alegrar por un eventual acercamiento ecuménico entre católicos y ortodoxos, esta actitud de la Iglesia Ortodoxa Serbia alimenta nuestro escepticismo.
Todos los 10 de febrero los croatas nos juntamos en nuestras iglesias en el día de la muerte de nuestro mártir Alojzije Stepinac, juzgado y condenado en un juicio montado por los comunistas yugoslavos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial por no traicionar a Dios, a la Iglesia Católica, al papa y a su pueblo croata. El 10 de febrero de 2015 nos llegó la noticia de que en el Vaticano había finalizado el trabajo de la comisión encargada de la causa del beato Stepinac y que solamente se espera que el papa decida el día en que oficializaría públicamente que Stepinac es santo. En ese momento pensamos que nuestras oraciones habían sido escuchadas, que finalmente la justicia triunfaba trayendo paz a nuestras almas y despertando la nobleza del perdón hacia los culpables.
Pero no fue así, sino que se postergó lo que nosotros considerábamos impostergable por motivos que a nosotros los que no conocemos el idioma eclesiástico nos  cuesta definir con palabras. El papa en lugar de declararlo santo decidió postergar todo después de que la Iglesia Ortodoxa Serbia manifestara su descontento. Aunque nuestros obispos y sacerdotes trataban de explicarnos lo que hasta a ellos mismos les resultaba inexplicable, y nosotros tratábamos de aceptarlo y entenderlo, nos quedó un sabor amargo pues la postergación plantea nuevos dilemas y preguntas que no se pueden obviar.
Nosotros vivimos la decisión papal como un nuevo interrogatorio y un nuevo juicio a nuestro cardenal, lo vivimos como si lo estuvieran torturando nuevamente. Cada vez con más frecuencia y visiblemente relampaguea la discrepancia entre la terrible injusticia contra el individuo y el alegre anuncio del ecumenismo planetario entre los cristianos. Recientemente tuvo lugar el encuentro “fraternal” entre el jefe de la Iglesia católica, el papa Francisco, y el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el patriarca Cirilo, que firmaron una Declaración conjunta. Como laicos seguramente no entendemos la anchura y la profundidad de este encuentro que muchos llamaron “histórico”, y por eso podemos hablar solamente de cómo lo vivimos.
La impresión general es que a casi mil años del cisma y después de tantos acontecimientos negativos anunciar el encuentro como un primer paso es bastante pobre, más aún porque para nosotros ese primer paso no fue muy claro ni tampoco se nota claramente cómo va a ser el segundo paso. Tal vez esa impresión es en parte consecuencia de una declaración del nuncio apostólico en Serbia, monseñor Orlando Antonini,  que dijo que “el Papa Francisco no piensa construir un puente hacia el patriarca de Belgrado Irineo y hacia el patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa Cirilo a costa del cardenal Alojzije Stepinac. La propuesta del Papa Francisco sobre una comisión mixta de la Iglesia Católica y de la Iglesia Ortodoxa Serbia de ninguna manera tiene como fin que Belgrado juzgue nuevamente a Stepinac. ”
En esa declaración un tanto peligrosa, que confirma todas nuestras sospechas y temores, es importante advertir que el nuncio dijo una gran verdad: a Stepinac se lo juzgó en Belgrado (aunque el juicio montado físicamente tuvo lugar en Zagreb). A esa declaración del nuncio le siguió una declaración del papa Francisco que dijo que “la canonización de Stepinac podría provocar nuevas tensiones entre los católicos croatas y la Iglesia Ortodoxa Serbia.” Pero como están las cosas se nos ocurre que podría suceder que dentro de mil años otro nuncio apostólico en Serbia diga que Belgrado no va a juzgar por tercera vez a Stepinac. El actual nuncio en Belgrado dice que no hay motivos para la tensión, el Papa anuncia que podría haber tensiones, y los católicos croatas estamos tensos.
En esta situación rara y triste parece que el Vaticano acepta en silencio que la Iglesia Ortodoxa en todos los Estados destaque su pertenencia nacional (Iglesia Ortodoxa Rusa, Iglesia Ortodoxa Serbia, etc.), pero en el Estado del pueblo croata, ese pueblo que hace casi catorce siglos juró fidelidad al Papa, y cumplió, no existe la Iglesia Ortodoxa Croata sino la Iglesia Ortodoxa Serbia. El comienzo del ecumenismo exige sinceridad y no compromisos dudosos que puedan llevar a nuevas divisiones.
El papa Francisco y el Patriarca Cirilo lamentaron en el aeropuerto cubano los enfrentamientos y las divisiones que sucedieron durante casi un milenio, pero en el tiempo de la guerra total de todos contra todos, en el tiempo del matadero mundial y de la derrota de la humanidad, el cardenal Alojzije Stepinac vivió, predicó e implementó el ecumenismo. Cuando sus sacerdotes le preguntaron cómo proceder cuando los ortodoxos piden pasar al catolicismo, Stepinac les contestó sencilla y claramente y con mucha mayor firmeza que en todo el larguísimo texto de la Declaración conjunta del papa Francisco y del patriarca Cirilo: “Salven toda vida humana, y a los ortodoxos por el certificado expedido no les pidan explicaciones ni ceremonia porque ellos son lo mismo que nosotros”.
Así habló el corazón que no se doblegó ante el tribunal de la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia; así habló el corazón de quien no se amilanó ni ante el fascismo, ni ante el nazismo ni ante el comunismo; así habló el corazón de quien que no se doblegó en la cárcel; así habló el hombre que fue una prueba viviente de la existencia de Dios.
El papa Pablo VI cuando recibió la noticia de la muerte del cardenal Alojzije Stepinac interrumpió sus actividades para celebrar una misa, el papa Juan Pablo II lo beatificó en el Santuario Mariano Nacional de Marija Bistrica, el papa Benedicto XVI oró ante su tumba en la Catedral de Zagreb, y el Papa Francisco...
Vamos a ver, si es verdad eso de “Vox Populi Vox Dei” a Stepinac ya tendría que haberlo canonizado. Ya hace mucho tiempo que el pueblo croata está gritando:
“Santo ya!”       



 Mate Simic, desde Zagreb

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