07 abril, 2016

El Tribunal de La Haya (ICTY) y la idea de la Gran Serbia (columna de opinión)


El 31 de marzo, el Tribunal de La Haya declaró inocente al serbio Vojislav Šešelj, uno de los representantes más destacados del proyecto granserbio y uno de los líderes de la agresión granserbia contra Croacia y contra Bosnia y Herzegovina entre 1990 y 1995. La liberación de Vojislav Šešelj es el triunfo del idiotismo sobre la inteligencia, de la mentira sobre la verdad y de la politiquería sobre el derecho internacional.

 También es la derrota de la política exterior e interior de Croacia y  Bosnia y Herzegovina que generaron los herederos de la triple dictadura yugoslavo-comunista y granserbia (1945-1990), que permitieron sin resistencia en su propia casa la continuación de los planes granserbios y no advirtieron a la denominada “comunidad internacional” que Serbia solamente cambió la táctica pero no su estrategia para lograr en la paz la Gran Serbia que no pudo lograr en la guerra.
La sentencia del Tribunal es un aporte a la restauración del extremismo serbio al servicio de la idea de la Gran Serbia. Šešelj antes y durante la agresión granserbia actuó como portavoz del entonces presidente serbio Slobodan Milošević diciendo lo que Milošević pensaba pero no podía decir públicamente, implementó los planes agresores de la cúpula del Ejército Yugoslavo y azuzó a la minoría serbia en Croacia y en Bosnia y Herzegovina para que se levante en armas contra el Gobierno de ambos países, todo con un solo objetivo: primero intentar impedir el desmembramiento de Yugoslavia para transformarla después en una Gran Serbia, o en su defecto formar directamente la Gran Serbia limpiando étnicamente vastos territorios de las vecinas Croacia y Bosnia y Herzegovina y anexarlos a Serbia y formar así la Gran Serbia.
Aunque los serbios no lograron ninguno de los dos objetivos, los dos proyectos siguen vigentes y en ellos trabajan juntos los herederos de la triple dictadura y sus amigos internacionales, entre los cuales sin ninguna duda se cuenta el Tribunal de La Haya para los crímenes de guerra en la ex Yugoslavia. Ese Tribunal funciona como un mecanismo que a través de sus juicios y sentencias promueve los planes de la denominada “comunidad internacional” en esta parte tan maltratada de Europa.
Ese Tribunal fue creado por las Naciones Unidas para juzgar los crímenes de guerra en la ex Yugoslavia. Pero las Naciones Unidas en 1990 primero quisieron evitar el desmembramiento de la ex Yugoslavia ignorando el derecho de los pueblos que la formaban a la independencia estatal; luego, cuando se inició la agresión de Serbia contra Croacia con el apoyo del Ejército Yugoslavo y de la minoría serbia de Croacia, las Naciones Unidas la apoyaron tácitamente la agresión declarando un embargo para la compra de armas sabiendo que Croacia estaba desarmada y Serbia estaba armada hasta los dientes, cosa que aprovechó Serbia para ocupar un tercio del territorio croata; Croacia resistió como pudo, lentamente se fue armando y a costa de muchos sacrificios y víctimas humanas y materiales finalmente liberó militarmente sus territorios ocupados. Y entonces las Naciones Unidas crearon el mencionado Tribunal que despertó entre los ingenuos la esperanza de que se haría justicia y que Serbia pagaría por haber agredido a sus vecinos, por haber llevado a cabo la limpieza étnica de los territorios que quería anexar y por los numerosos y horrendos crímenes de guerra que había perpetrado.
Pero esa esperanza se derrumbó rápidamente. Desde un principio quedó claro que el Tribunal de La Haya se creó para liberar de toda responsabilidad a la denominada “comunidad internacional” y a sus representantes por no haber impedido la agresión granserbia contra sus vecinos, y para cargarles toda la responsabilidad a los líderes políticos y militares de los países que se enfrentaron. Para eso el Tribunal se esmeró en borrar la diferencia entre agresor y víctima igualando responsabilidades. Y juzgando y condenando o liberando según los intereses, caprichos y prejuicios de los poderosos de la denominada “comunidad internacional”.
Cabe acotar que el Tribunal de La Haya nunca acusó a ningún integrante de la cúpula del Ejército Yugoslavo que es la que ordenó atacar a Croacia cuando ésta se manifestó a favor de su independencia estatal. Dicho sea de paso, el Tribunal de La Haya nunca acusó a ningún integrante de la cúpula del Ejército Croata que antes del desmembramiento de Yugoslavia haya pertenecido al Ejército Yugoslavo. En síntesis, las Naciones Unidas quisieron evitar el desmembramiento de Yugoslavia tras la caída del comunismo a nivel mundial en 1990, y el Tribunal de La Haya que fue creado por las Naciones Unidas en otras circunstancias continúa en la misma línea.

Los croatas debemos ser muy conscientes de que los poderosos de la denominada “comunidad internacional” no nos van a perdonar nunca que nuestros sueños de libertad hayan hecho añicos a Yugoslavia que era la niña mimada de ellos aunque sabían muy bien que era una cárcel para todos los pueblos que vivían en ella y en la cual los serbios y los comunistas yugoslavos eran los carceleros. Después de la liberación de Šešelj los medios de comunicación en Croacia y en Bosnia y Herzegovina amanecieron con títulos patéticos en donde las palabras más frecuentes fueron “incredulidad”, “decepción”, etc. Pero son palabras vacías porque en Croacia y en Bosnia y Herzegovina ya hace mucho tiempo que nosotros los ciudadanos de a pié descubrimos el carácter de ese Tribunal y de la política granserbia, pero el problema es que las elites políticas parecen no haberse enterado.
En Serbia y en la entidad serbia de Bosnia y Herzegovina el proyecto granserbio sigue intacto. Pero en Croacia también, paso a paso, la idea granserbia está reviviendo sin que la casta gobernante reaccione adecuadamente. Cuando alguien públicamente advierte sobre la retórica y el comportamiento granserbio de una parte de la minoría serbia en Croacia, inmediatamente los herederos de la triple dictadura y sus patrocinadores internacionales lo acusan de recurrir al discurso del odio.


Eso no va a cambiar por mucho tiempo. De la liberación de este notorio criminal de guerra por parte del Tribunal de La Haya hay que sacar por lo menos dos conclusiones. Una es que los veteranos de la Guerra Patria, y aquellos que (Dios no quiera)  tal vez se transformen en veteranos de una futura Guerra Patria si las circunstancias lo requieren, sean conscientes de que siguen siendo la reserva nacional y de que deben estar preparados y atentos. La otra es que todos nosotros debemos ser conscientes de que no tenemos que esperar nada de la denominada “comunidad internacional”, sino confiar solamente en las propias fuerzas, como lo hicimos a comienzos de la década del 90 del siglo pasado, cuando la denominada “comunidad internacional” nos abandonó y entregó desarmados a nuestros enemigos, y solamente con la ayuda de Dios, nuestro propio sacrificio y nuestra propia sangre conseguimos la independencia y la defendimos. Que no parezca pesimista, sencillamente quiero decir que todo aquel que piensa que alguien de afuera sabe mejor que nosotros qué es bueno para nosotros, demuestra excesiva ingenuidad, falta de sentido común o sencillamente trabaja en contra de nuestro pueblo.    

Mate Simic, desde Zagreb

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