14 mayo, 2016

BLEIBURG - Mirna y Jasna Frković, rostros de un genocidio



Yo nací y crecí en la Argentina. No vivo en Croacia, pero vivo Croacia, y quiero la paz para el pueblo de mis ancestros. Sin embargo sé que sin memoria, sin verdad y sin justicia no puede haber paz.
Por lo tanto, en ocasión de la conmemoración del 71 aniversario del Genocidio Croata de Bleiburg considero valioso presentar públicamente mi testimonio acerca del doloroso destino corrido por las mis tías Mirna y Jasna Frkovic.
Es mi deseo estar contribuyendo con este sencillo relato de mi historia familiar, exclusivamente a la memoria colectiva de mi pueblo, a la verdad y a la justicia, y de ninguna manera al odio, la venganza y la división.
El dia 6 de mayo de 1945, mi tía Mirna de 22 años y su hermana Jasna de 16 años, junto a mi padre Vladimir, de 13 años, abandonaban con sus padres, el entonces Ministro Ivica Frkovic y su esposa Ljerka Vukovic, la ciudad de Zagreb, integrando un grupo de unas 80 personas, compuesto por una parte de los
mandatarios y funcionarios de gobierno del Estado Independiente de Croacia y sus familias.
El grupo tenía como objetivo cruzar la frontera hacia Austria para entregarse a los Aliados.
El 15 de mayo, tras un largo recorrido, el contingente llega al pueblo de Tansweg, donde lograron ponerse en contacto con los militares ingleses, que los recibieron con notable cordialidad.
Allí se les informo que todos debían dirigirse hacia el pueblo de Ketschach donde se llevarían a cabo las conversaciones en torno a la rendición del gobierno croata a los Aliados.
El mediodía del 17 de mayo repentinamente, un oficial ingles dio la orden de que inmediatamente se parta del lugar. Mi abuelo junto a su esposa, que había sido enviado a buscar a unas familias del grupo que por falta de lugar habían pernoctado a unos kilómetros de Tansweg , no fue esperado hasta su regreso, de manera que al partir el contingente de aquel pueblo, sus hijos debieron continuar el camino solos. Desde ese momento jamás luego mis abuelos volverían a reencontrarse con sus niñas
Todos, debiendo abandonar sus propios transportes, fueron subidos a unos camiones y llevados hasta el pueblo de Spital, donde pernoctaron. A la mañana siguiente, fueron separados los varones de las mujeres y nuevamente subidos a otros camiones ingleses. Ni bien partieron de Spital, todos advirtieron, con gran preocupación, que la nueva dirección tomada por los ingleses había cambiado, ahora los conducían en dirección a Eslovenia.
La caravana se detuvo en el pueblo de Rosembach. Cuando descendieron fueron entregados en manos de los partisanos yugoeslavos que ya los estaban esperando. Comenzó a partir de allí una verdadera pesadilla.
Inmediatamente fueron trasladados a pie hasta la estación del pueblo. Allí, a medida que eran nombrados por lista, se los obligaba a abordar unos vagones de ferrocarril, en los que luego fueron transportados, ese mismo día, hasta la estación de Jesenica. Arribados a Jesenica fueron despojados de todos sus bultos y en formación de fila de hileras de a cuatro (cetverored) trasladados y encerrados en unos galpones.
Tres días permanecieron encerrados en aquel lugar sin recibir alimentos, mientras eran sometidos a interrogatorios, amenazas y otros tipos de maltratos psicológicos y físicos.
El 21 de mayo, otra vez por tren, llegaron a la localidad de Skofija Loka. Tras una marcha a pie de aproximadamente dos kilómetros fueron ubicados en otros galpones completamente derruidos.
Al cuarto día de permanecer en aquel lugar resistiendo todo tipo de vejámenes, comenzó a ejecutarse sobre aquel grupo la matanza.

Mirna, Jasna y Vlado

Primero fueron separados del contingente por lista un grupo constituido por aquellas personas identificadas como miembros de gobierno, altos funcionarios y oficiales. Todos fueron obligados a abordar un camión azul que los esperaba alejado a unos 500 metros en la calle principal. Los partisanos explicaban que serían transportados hasta un puente roto, cercano al lugar, donde se los trasladaría mediante otro transporte hacia otro destino
Al día siguiente, exactamente el 25 de mayo, otro grupo de varones fue separado por lista. Abordaron aquel mismo camión azul, que al poco tiempo, nuevamente regreso vacío al lugar.
A las dos de la tarde de aquella misma jornada, fue citado por lista un número de 12 mujeres, entre las que se encontraba mi tía Mirna. Al poco tiempo de partir nuevamente aquel camión azul, se escucharon a lo lejos el ruido de ráfagas de metralla. Algunos intentaban explicar que aquellas descargas eran salvas que los partisanos realizaban para festejar ese día el cumpleaños de su líder Josip Broz Tito, pero no fue así. El camión azul regreso al poco tiempo vacío, y ninguna de aquellas mujeres fue nuevamente jamás vista en vida.

Gracias a Dios, en los años noventa, cuando Croacia logra nuevamente liberarse de las garras de la aberración ideológica llamada Yugoslavia (primero negra, luego roja) y recuperar nuevamente su Independencia, mediante el valiente trabajo de humanistas eslovenos y patriotas croatas pertenecientes a distintas organizaciones no gubernamentales de Eslovenia y Croacia, se pudo, mediante las declaraciones de testigos presenciales de aquella época, reconstruir, en parte, que fue lo sucedió con mi tía y sus acompañantes.
Todo aquel grupo de mujeres, al igual que los anteriores contingentes de hombres, fueron transportadas hasta una localidad cercana llamada Crngrob. Allí mismo todos encontrarían la muerte.
Los detalles del relato de una testigo presencial directa indican que Mirna, junto a sus otras jóvenes amigas, entre las que se encontraba Grozdana Budak - la hija de nuestro conocido escritor Mile Budak - y el resto del grupo, fue llevada hasta el interior de un gran galpón. Esa misma noche, a punta de escopeta, todas fueron obligadas a desnudarse completamente, y llevadas de a tres, a un sótano, desde el cual luego, podían escucharse gritos de auxilio, alaridos de dolor y detonaciones de armas, lo que hace presumir que, antes de ser ultimadas, fueron sometidas a torturas y violaciones.

Actualmente, se encuentra improvisadamente señalizado el lugar en el que estarían enterradas estas víctimas, que lamentablemente aun hoy, al igual que otros cientos y cientos de fosas comunes de compatriotas diseminadas por los territorios de Eslovenia, Croacia y Bosnia y Herzegovina, no están oficialmente reconocidas ni dignamente identificadas por el actual estado croata.
En mi archivo familiar tengo guardada como un tesoro la última carta manuscrita que le escribió Mirna a una tía suya, fechada el 13 de mayo, es decir pocos días antes de ser asesinada por los cobardes miembros del ejército titoista. El contenido del párrafo que transcribo a continuación, creo que refleja con claridad los elevados ideales presentes en el alma, no simplemente de ella, sino en las almas de toda aquella joven generación que fuese trágicamente masacrada:
“Moras znati da smo obracunali sa svim svojim, pa smo spremni jos uvijek dati svoje zivote za svoje ideale, za Boga y za Hrvatsku. Nas uit je vrlo trnovit, ali to nas ne tjera natrag, jer nas vodi ideja velika i sveta. Taj put je vec zapoceo, ali osjecamo da nam Bog daje snage, i tako, smjelo, jos uvijek uzdignute glave, stupamo izgovarajuci sa starim latincima “per aspera at astra” “ (preko trnja do zvjezda)
TRADUCCION AL ESPAÑOL : “…Debes saber que hemos hecho las cuentas con todo lo nuestro, por lo que estamos todavía dispuestos a entregar nuestras vidas por nuestros ideales, por Dios y por Croacia. Nuestro camino es muy espinoso, pero esa situación no nos vuelve atrás, porque nos guía un ideal grande y sagrado. Ese camino ya ha comenzado, pero sentimos que Dios nos da fuerzas, y así con alegría, todavía con la frente en alto, avanzamos pronunciando con los viejos latinos: “per aspera at astra” (a través de las espinas hacia las estrellas)...”
Lamentablemente, el destino final de la pequeña Jasna, hasta el momento, como el destino de otros cientos de miles de víctimas de nuestro pueblo en aquella época, se pierde en la oscuridad de los sangrientos acontecimientos que continuaron sucediendo en territorio Croata durante los próximos siguientes años posteriores a la llegada del régimen yugotitoista al poder.
Tras la desaparición de Mirna y los otros miembros del grupo en los alrededores de Skofija Loka, el ahora pequeño número de sobrevivientes de aquel contingente, entre los que se encontraba Jasna y mi padre, es trasladado a pie hasta la localidad de Send Vid, cerca de Ljubjana, y desde allí en tren hasta Zagreb. De allí fueron trasladados a un campo de prisioneros en Maximir junto al rio Dubrava, donde se encontraron con muchos otros compatriotas. Pasada aproximadamente una semana, cuando los partisanos constataron que en aquel lugar algunos prisioneros habían comenzado a morir por inanición, decidieron dejar en libertad a las mujeres y niños. Así Jasna y mi padre son puestos en libertad. Rápidamente logran ponerse en contacto con parte de la familia que aun permanecía en Zagreb, y por algún tiempo se establecen bajo su cuidado.
Algunos meses después, un tío de parte de la familia materna, les ofrece a los niños la posibilidad de trasladarlos furtivamente en carreta hasta Austria para así poder reencontrarse con sus padres. Mi padre aceptara la propuesta que le permitirá salvar su vida, reencontrar a sus padres y, un par de años después, emigrar con ellos a la Argentina. En cambio Jasna, apegada, tal vez, como toda niña sana de su edad, a su intenso mundo emocional adolescente, decide quedarse junto a sus amigos en su Patria.

Tal vez recién ahora estoy pudiendo comprender mejor aquella decisión. La vida me ha regalado una hija mujer a la que hemos puesto con mi esposa el nombre de Jasna en memoria de mi tía. Actualmente mí Jasna tiene la misma edad que entonces tenía mi tía y un pasmoso parecido físico con su rostro, según lo que revelan sus últimas fotos.
En marzo de 1947, mis abuelos, que aguardaban en Austria ardientemente el reencuentro con sus hijas, recibieron el último mensaje manuscrito de Jasna desde Croacia. En el mismo ella les cuenta, entre otras cosas, que se había trasladado a un lugar no precisado de Zagorije con un grupo de amigos, y que ansía con todo su corazón volverlos a ver.
La única hipótesis plausible que pudimos recoger hasta el momento acerca de su caso, revela que - acorde al funcionamiento de todo régimen totalitario - una íntima amiga de ella habría delatado, a un miembro enemigo infiltrado en ese mimo grupo, la verdadera identidad de Jasna, es decir su vinculación sanguínea a la Familia Frkovic, tras lo cual, poco tiempo después desapareció, no pudiéndose saber, a partir de allí, nada más acerca de su paradero.
En homenaje a mis dos amadas jóvenes estrellas croatas…

Tomas Frkovic
Buenos Aires, Argentina

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy triste. Gracias por compartir esta historia con nosotros. Jorgelina M.