04 julio, 2016

Actual situación político-social en Croacia


La situación político-social croata es bastante caótica. En el mes de julio nos esperan las elecciones en la Unión Democrática Croata, el Partido político que bajo la presidencia de Franjo Tuđman (1990-1999) fue la base sobre la cual se cristalizó la independencia de Croacia y que después de su fallecimiento  fue abandonando las líneas directrices que trazadas por él, tornándose cada vez más irreconocible y pareciéndose cada vez más al SDP, del cual heredó los antivalores de la dictadura yugo-comunista y granserbia (1945-1990) y al que ahora procura reivindicar maquillando el discurso dictatorial con un discurso democrático-globalista.

En septiembre nos esperan las elecciones parlamentarias que, por la caída del Gobierno a menos de seis meses de su formación por diferencias dentro de la coalición gobernante encabezada por la Unión Democrática Croata y el Partido MOST (en castellano puente), son anticipadas. No se vislumbra claramente el posible ganador. Y hasta existe la posibilidad de que el SDP a pesar del catastrófico Gobierno que encabezó (2011-2015), durante el cual la deuda aumentó en 100.000 millones de kunas, 100.000 jóvenes abandonaron el país y todo lo croata fue perseguido y humillado, vuelva al poder. Lo cierto es que el Estado no funciona normalmente desde las elecciones parlamentarias de noviembre de 2015 y que esa situación no se va a modificar hasta las elecciones parlamentarias de septiembre de 2016.
¿Quién manda entonces en Croacia? El caos, y los señores del caos. ¿Y quiénes son los señores del caos? Veamos: del caos pueden surgir muchas cosas: algo nuevo, bueno a largo plazo, pero también algo bueno solo en apariencia. El retorno del SDP al poder con todas sus patologías depende mucho del resultado de las elecciones internas en la Unión Democrática Croata (HDS) en la que compiten eurócratas y conservadores. Al frente de los eurócratas están los diputados de la Unión Democrática Croata en el Parlamento Europeo y su líder es el diputado europeo Andrej Plenković, muy promocionado por los medios, por las instancias internacionales y paradójicamente también por el SDP. Los conservadores no tienen un líder claro aunque se identifican con el actual ministro de cultura Zlatko Hasanbegović quien, aun gozando de gran popularidad, es demonizado por los mismos medios e instancias internacionales y también por el SDP. La experiencia nos dice que la mayoría oportunista se va a inclinar por Plenković. Estos oportunistas insisten en que la Unión Democrática Croata tiene que reformarse, modernizarse, etc., lo que traducido significa que tiene que renunciar a todos los atributos por los que el pueblo croata le dio su confianza en 1990 para que conduzca a Croacia hacia su independencia. Ahora bien, cabe preguntarse quién mueve los hilos detrás del escenario, quién busca imponer a Plenković, que muy posiblemente pierda las elecciones parlamentarias si es el nuevo presidente de la Unión Democrática Croata (HDS). Cuesta creer que los afiliados del HDS sean tan ilusos como para dejarse engañar dos veces de la misma manera. Por las dudas la nomenclatura anti-croata ya lanzó una nueva campaña para tildar de “fascista” a toda opción que sugiera la protección de los intereses nacionales elementales y tenga posibilidad de llegar al poder. Es algo que está vigente desde que Croacia inició la lucha por su independencia hasta hoy y que solamente cambia de forma pero no de contenido. Por eso ahora también se busca y promueve a una persona adecuada para transformar al HDS en algo  “incoloro, inodoro e insípido”, algo que sea la negación de la Unión Democrática Croata soberanista de Franjo Tuđman y que tenga la apariencia de centroderecha. Una centroderecha falsa que responda a los intereses de los Estados Unidos y la Unión Europea, y por supuesto a los intereses del Partido Socialdemócrata que es el preferido de Washington y Bruselas porque siempre los preferidos de los centros de poder en cualquier país, en Croacia también, son aquellos que no defienden los intereses nacionales sino que los subordinan a intereses ajenos para mantenerse en el poder.
Justamente por eso puede suceder que el HDS se divida en su seno. En Europa hoy existe la extrema derecha, como la que hoy representan por ejemplo Marine Le Pen en Francia, la pseudo-derecha socio-liberal, o Ángela Merkel en Alemania, y la derecha auténtica, democristiana y tradicionalista representada por Viktor Orban en Hungría y Jaroslaw Kaczynski en Polonia. La cúpula de la Unión Democrática Croata, que formalmente representa a la derecha en Croacia, no se identifica con ninguna de esos tres modelos, aunque muchos de sus afiliados adhieren al modelo de Orban en Hungría y Kaczynski en Polonia, ambos muy criticados por los centros del poder mundial y sus lacayos porque se resisten a que sus países sean tratados como una colonia y no renuncian a la cultura e identidad de sus respectivos pueblos, lo cual es un pecado mortal para los líderes del Nuevo (des)Orden Mundial y sus servidores. En Croacia después de la muerte de Franjo Tuđman, que fue el Orban o el Kaczynski croata, no hubo claridad y por eso nosotros mismos también somos responsables de los estigmas que nos imponen porque permanentemente aceptamos las provocaciones de los sucesores del yugoslavismo comunista y granserbio. Hay que dejar de lado el sentimentalismo patriótico  (no el sentimiento) y la retórica exagerada con la que se alimentan los enemigos de Croacia. Hay que asumir un patriotismo sensato y efectivo. Mientras que el SDP, sus aliados y los medios más influyentes tratan de demostrar que Croacia está girando hacia el “fascismo”, la realidad es absolutamente lo contrario, Croacia es un país que soporta la herencia yugo-comunista y granserbia porque no juzgó ni castigó a los culpables de la dictadura titoísta, cuyos paladines formaron y nos dejaron a sus cuadros  disfrazados de demócratas. La histeria sobre el supuesto giro “fascista” de Croacia es la misma que en la época de la triple dictadura (1945-1990); se trata de la misma metodología: todo atisbo de patriotismo croata es calificado por ellos de “fascismo”.
Para revertir esta situación es muy importante que la Unión Democrática Croata, que sigue siendo el partido político más grande del país, esté presidida por un digno heredero de Franjo Tuđman, primer presidente de la Unión Democrática Croata y de Croacia, por un Orban croata, una persona que se apoye en su propio pueblo y se guíe por los intereses del país, y no una persona que se apoye en los centros de poder extranjeros y se guíe por intereses foráneos. Hoy la Unión Democrática Croata es un partido político  que desprecia a esa gente, aunque también el resto de los partidos políticos no muestra gran interés por la inteligencia y la sabiduría sino solamente por llegar al poder. Pese a que en base a la experiencia tenemos derecho a dudar de que en la Unión Democrática Croata hoy exista la capacidad y la intención de darle espacio a la gente idónea, siempre existe una remota posibilidad de que se produzca un rebrote patriótico que devuelva aunque más no sea un poco de credibilidad hacia los partidos políticos y hacia la política. Credibilidad que se perdió porque por ejemplo viene a Croacia algún burócrata o tecnócrata de bajo rango de la Unión Europea o de los Estados Unidos y nos da lecciones sobre qué debemos venderle a quién y sobre quién puede o no puede ser presidente de la Unión Democrática Croata, o del país. Todo esto es en gran parte consecuencia de la hegemonía cultural de la vieja nomenclatura yugo-comunista y granserbia que comenzó en 1945 y duró hasta 1990, fue interrumpida entre 1990 y 1999 durante el gobierno de Tuđman y retornó en el 2000 cuando los yugo-comunistas granserbios llegaron nuevamente al poder de la mano de la Unión Europea y los Estados Unidos. Hoy esa hegemonía cultural está institucionalizada, entró en la mentalidad de toda la sociedad, muchos jóvenes se contagiaron porque no saben lo que realmente sucedió no solo desde que Croacia se independizó en 1990 sino tampoco durante la Yugoslavia de Tito (1945-1990). Y, hay que decirlo, no podemos quejarnos de la hegemonía cultural anticroata si no mostramos interés por plantear una alternativa seria.
La situación en la escena mediática, controlada por el yugoslavismo comunista y granserbio, también es causa del desorden político actual, pero la causa principal está en el hecho de que Croacia es un país en el que nunca se votó una ley para juzgar y castigar a los que trabajaron para el aparato represivo criminal de la ex Yugoslavia, y por eso Croacia está enferma y no puede funcionar normalmente. ¿Quién podía en la Yugoslavia de Tito tener una carrera política exitosa como político, diplomático, empresario, periodista, etc., sin la bendición del aparato represivo yugoslavo? Algunas de esas personas “exitosas” aún hoy están en la política, la diplomacia, la economía, los medios, etc.,  o las reemplazaron sus hijos o sus nietos. Es duro ver que nadie de esos círculos se haya arrepentido sinceramente, que ninguno de ese círculo haya sido desenmascarado. Nuestra sociedad todavía no curó sus heridas, y en la era yugoslava fue una sociedad repleta de agentes, soplones, como en todos los países ex comunistas. Hacia todas estas anomalías presentes en la política y en la sociedad croata los intelectuales y las instituciones culturales y científicas más importantes en general muestran poca reacción y mucha inercia, oportunismo, falta de crítica lúcida y profunda, y los pocos que se animan a denunciarlas son marginados. Algunos, todavía hoy, siguen sin poder ver a Croacia fuera del marco de la ex Yugoslavia y del círculo balcánico. Pero a los croatas nos resulta claro que Croacia no solamente debe estar fuera del marco de la ex Yugoslavia y del círculo balcánico, sino que además debe integrarse más profundamente en el círculo centroeuropeo sumándose a Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, países con los que podríamos formar una alianza estratégica pues con ellos tenemos muchos intereses comunes y pertenecemos al mismo círculo cultural con todo lo que eso implica.
Además, para sacar conclusiones es necesario analizar la situación política actual en Croacia a través del enfrentamiento entre las grandes potencias, en especial entre Estados Unidos y Rusia. Es evidente que Rusia se está mostrando más inteligente que Estados Unidos y que en circunstancias adversas le ganó la pulseada a las potencias occidentales. Estados Unidos provocó el caos en Ucrania y la guerra civil para doblegar a Rusia, y lo único que produjo es la desgracia y la guerra, como en casi todos los lugares del mundo donde interviene. Estados Unidos estimula en toda Europa, y especialmente en Europa Oriental, el odio contra Rusia, con el fin de doblegarla e imponerle el Nuevo (des)Orden Mundial. Rusia quería acercarse a Occidente, pero Occidente la satanizó y amenazó sus intereses y sus fronteras, por lo que esta se vio obligada a reorientarse adoptando la estrategia euroasiática. Occidente rechazó a Rusia y la obligó a tomar una postura defensiva. En Croacia también hay temor de manifestar la más mínima simpatía por Rusia, pero al mismo tiempo la presidenta de la República no tiene problemas en reunirse con el premier serbio ni en invitar a representantes del viejo régimen titoísta al cóctel del Día de la Independencia. Por esta razón, nos preguntamos si ella implementa la política de los intereses estadounidenses o la política de los intereses croatas en esta parte del globo. El interés de Croacia es la equidistancia hacia Occidente y hacia Rusia, sin ninguna ilusión sobre las bondades de Occidente o de Rusia pues ambos en la práctica  se opusieron a la independencia de Croacia. Lamentablemente con el ingreso a la OTAN Croacia se transformó en colonia angloamericana. El esposo de la presidenta hace unos días visitó el destructor británico “Defender” anclado en el Puerto de la ciudad de Split, no se sabe en calidad de qué, es decir a quién representaba, tal vez a su esposa, al pueblo seguro que no, y se mostró anonadado. Eso nos trajo a la memoria al ex presidente Mesić y al ex premier Račan cuando en el 2000, en el Puerto de Dubrovnik  visitaron el portaaviones estadounidense “Dwight Eisenhower“, y también se mostraron anonadados. Lo cierto es que esas visitas nos recuerdan  esas películas donde los pobladores autóctonos de una isla británica de ultramar van en canoa hasta el barco de un capitán inglés para entregarle valiosos regalos e inclinarse ante él, a cambio de nada. Solo nos preguntamos dónde está nuestra Marina, dónde está nuestro Ejército victorioso, dónde están nuestros ex combatientes. En 1991 no nos defendió la OTAN, sino que nos defendieron nuestros voluntarios. En 1995 no nos liberó la OTAN, ni la Unión Europea, ni tampoco los rusos por supuesto, sino el Ejército Croata. En Europa en estos momentos se advierte una reacción de las fuerzas conservadoras y nacionales porque el liberalismo se mostró como algo antinatural. El premier húngaro Viktor Orban criticó abiertamente a la democracia liberal como algo absoluto que se nos quiere imponer. La Unión Europea se está dividiendo en liberales y conservadores. Pero a nosotros nos interesa dónde va a estar Croacia en todo ese desorden, nos preguntamos si vamos a ser los encargados de los negocios de Estados Unidos en los Balcanes y, si en caso de que Estados Unidos desafíe a Rusia vamos a tener que mandar tropas al frente ruso. Es que la mayoría de los croatas estábamos a favor de que Croacia sea un Estado neutral, pero terminamos siendo miembros de la OTAN sin que nadie nos haya preguntado nada.
Los conservadores europeos deben oponerse a la hegemonía de Estados Unidos en Europa, hegemonía que siembra en Europa su propaganda bélica y su ideología de género. A Europa la está destruyendo la política imperialista de Estados Unidos y si no se despierta y vuelve a sus raíces, esa política estadounidense la llevará al borde del abismo. La crisis de Occidente es el fruto de la renuncia a los valores cristianos en los que se formó y tiene como consecuencia la crisis demográfica, porque la guerra contra el cristianismo es la guerra contra la vida. La crisis demográfica de Croacia es el principal problema de Croacia: Occidente se está suicidando espiritualmente. Hoy vemos cada vez más jóvenes con perros y gatos pero sin hijos, los animales reemplazaron a los hijos. El problema no es solo económico, sino la apuesta a un estilo de vida hedonista. Por eso la crisis demográfica  durará bastante tiempo y seremos cada vez menos con más territorios despoblados que irremediablemente otros poblarán.
Nos queda una esperanza: insistir e insistir hasta el cansancio que  la gran mayoría silenciosa del pueblo croata cree en Dios, intenta vivir honradamente y ayuda a quien se puede ayudar, hace algo bueno por el hombre, la familia, la comunidad, la Patria. Siempre con la fe intacta en que el hombre croata, esta tierra croata sanarán sus heridas y seguirán abriéndose paso entre tantas dificultades hacia un futuro de verdadera libertad.   
Mate Simic, desde Zagreb



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