21 enero, 2017

Homilía del Cardenal Bozanić 15 de enero de 2017.


Homilía del cardenal arzobispo de Zagreb Josip Bozanić en la misa de acción de gracias celebrada con motivo de la celebración del vigésimo quinto aniversario del reconocimiento internacional de la República de Croacia en la Catedral de Zagreb el 15 de enero de 2017.

¡Queridos hermanos y hermanas!
1. En el día de hoy hace 25 años, el 15 de enero del año 1992, en esta catedral presidió la celebración eucarística el siervo de Dios cardenal Franjo Kuharić en concelebración con todos los obispos croatas que en esa ocasión vinieron a Zagreb para celebrar su primer reunión en el Estado croata internacionalmente reconocido y para agradecer a Dios junto con el pueblo reunido en la catedral de Stepinac por el gran regalo y el nuevo comienzo.
En un ambiente gozoso y agradecido oramos por la Patria, esa fue una misa para la bendición al principio de un nuevo período histórico del pueblo croata, de su Estado y de todas las personas que viven en el mismo. Esa fue una oración por la paz sin la cual no hay seguridad ni tiempos mejores. En ese momento histórico único se extendió el cántico “A ti, Dios”, y nosotros los obispos croatas junto con el pueblo reunido, en ese día solemne en el que Croacia fue alumbrada con la esperanza, pero también ensombrecida con las oscuras amenazas de violencia y la terrible guerra que le fue impuesta,   encomendamos al amor y la protección de la Madre fidelísima y Abogada más confiable de Croacia nuestro presente y nuestro futuro. Ese día en esta catedral oramos unánimemente y esperanzados para que se acorten los días de difíciles pruebas y para que la paz de Dios reine en la Patria y en todo el mundo. En las almas de los católicos croatas está profundamente arraigada la piedad hacia la Madre de Dios, la confianza en su amor materno y en su ayuda intercesora, porque la veneración de la Santísima Virgen María impregna toda nuestra historia desde el siglo séptimo. Durante nuestra historia, y especialmente en los momentos difíciles de sufrimiento y angustia, los creyentes croatas con confianza ilimitada se encomendaron a la intercesión de la Madre de Dios, sobre lo que dan testimonio tantos santuarios marianos por toda la  Hermosa Patria Nuestra. Símbolo de la fe en Dios y de la confianza en la ayuda de María fue en aquellos tiempos difíciles también el Rosario alrededor del cuello de nuestros combatientes. Al Corazón Inmaculado de la Madre de Jesús y Madre nuestra hoy le confiamos al pueblo croata, al Estado croata y a todos los que viven en él.

2. Hermanos y hermanas, en este tiempo se hacen distintos análisis de los acontecimientos del comienzo de la década del noventa del siglo pasado en estas latitudes y más ampliamente en Europa, especialmente en Europa Central y Oriental. En los mismos se habla sobre el derrumbe del totalitarismo comunista, sobre la guerra en el territorio de la Yugoslavia comunista, se buscan las causas y se extraen conclusiones. Después de veinticinco años maduró una nueva generación. Ese tiempo tendría que ser suficiente para valorar el período transcurrido y la importancia de recordar, pero no debemos descuidar la verdad de que ese es igualmente un tiempo después del cual fácilmente se olvidan los hechos y a veces se intentan promover aquellas explicaciones que no reflejan ni el ambiente ni la fuerza motora en ese tiempo. En Croacia, como también en otros lugares, el sistema comunista usó el miedo y la mentira como modos de actuar, y sobre los principios del materialismo y el ateísmo presentaba como ideal al hombre al que no le es necesario Dios, al que no le es necesario que su vivir, actuar y morir se mida con la medida de la eternidad. En esos intentos, además de las persecuciones y asesinatos, de la estimulación del exilio de los croatas, del pisoteo de los derechos, además de la imposibilidad de la libertad política, se oponía radicalmente a la cultura croata y al sentimiento del pueblo. Eso antecedió al derrumbe del régimen comunista, en tal medida que a muchos se les cayeron las lágrimas cuando se pudo ondear la bandera croata y cantar las canciones patrióticas croatas.  

3. Si pensamos más profundamente qué y a quién reconoció la comunidad internacional al reconocer al Estado croata hace veinticinco años, nos vamos a encontrar con respuestas que no se pueden explicar solamente con la fuerza del derecho internacional, las costumbres, los procedimientos políticos aceptados. Pues, si hubiese sido así, la guerra no se hubiese podido desarrollar como se desarrolló, la violencia contra nuestra Patria habría sido detenida mucho antes, y Croacia se hubiera podido en paz alegrar y desarrollar en su libertad. Al reconocimiento internacional de Croacia le antecedió el ferviente anhelo y la decisión que el pueblo bajo la conducción del primer presidente croata Dr. Franjo Tuđman expresó también por la vía política, profundamente consciente de su identidad cultural y estatal que ni el comunismo logró reprimir y anular. Por ello podemos decir que Croacia ante todo se reconoció a sí misma, identificó los valores que desea construir en el futuro, conjuntamente con otros Estados y pueblos. En ese kairós histórico Croacia vivió una extraordinaria unidad entre el deseo y el objetivo. Estaba llena de autoconfianza, entusiasmo en la Patria y en la inmigración, de oraciones de muchos y disposición al sacrificio por los altos ideales. Croacia en primer lugar, aun antes del reconocimiento internacional, tuvo que reconocer su exposición a los ataques, la destrucción, la crueldad; tuvo que enfrentarse a su debilidad; tuvo que reconocer que no se podía apoyar en la gran ayuda de aquellos que desde afuera podían detener la violencia, sino confiar en sí misma y en la ayuda de Dios, llevada por el Espíritu que el mundo no puede dar, pero Espíritu que revive, renueva y vence en el sacrificio de aquellos que amaron a la Patria con amor verdadero. En esas circunstancias internacionales tan adversas también existían aquellos que reconocieron  el Espíritu de la verdad y la justicia en las heridas de Vukovar y Škabrnja, Petrinja y Gospić, Voćin y Vinkovci, Karlovac y Slunj, todo hasta Dubrovnik, Šibenik y Zadar…

4. Permítanme mencionar aquí también lo siguiente: con gusto destacamos que la Santa Sede estuvo entre los primeros sujetos del derecho internacional que reconocieron a Croacia y a Eslovenia y lo hizo contrariamente a la acostumbrada tradición de la diplomacia vaticana  que en general en casos similares es muy prudente y reservada. Eso frecuentemente se desea afianzar explicando que san Juan Pablo II profesaba un amor especial hacia el pueblo croata, que nos era cercano y nos entendía. Es decir, la Santa Sede recalcó que el reconocimiento del Estado croata libre no está apuntado contra nadie, sino que es la expresión de la ocupación por los derechos de todos, del hombre y de los pueblos, eso es un procedimiento de coherencia en la obligación de respetar el derecho universal tomada de las declaraciones y cartas internacionales. Queridos fieles, aun con todo eso, ¿cómo no ver en ese acto desde el punto de vista humano y cristiano también un motivo más profundo? Allí donde se expande el odio, se mata a las personas, se exilia a los pueblos, se destruyen las iglesias y se profana lo sagrado, ¿acaso es posible que la Iglesia se calle? La Iglesia habló cambiando su práctica tradicional para detener la acción del mal. En los acontecimientos históricos siempre se pueden encontrar huellas de la acción de la gracia y huellas del misterio del mal. Cuando Juan el Bautista en el Evangelio de hoy dice: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, muestra a Jesús y anuncia la manifestación de condolencia y solidaridad de Dios con el hombre, indica hacia Dios que se compadece con el sufrimiento de aquellos que lo soportan reconociendo el valor del amor. A ese Cordero lo reconocemos en todos aquellos cuya voz no se escucha, que son víctimas de egoísmos ajenos y de la insensibilidad y negligencia  humanas. Él está ante nosotros en todos los que se entregan a sí mismos para bien de otros y que día a día testimonian que solamente por el amor se le da y devuelve el sentido a la vida.

5. Queridos fieles, el reconocimiento internacional del Estado croata hace 25 años fue un acontecimiento sobresaliente que marcó un giro histórico para el pueblo croata. Y así al mismo tiempo finalizó el período del doble experimento con el Estado yugoslavo. Croacia recibió su lugar en la carta geográfica, su nombre entre los países del mundo y su cédula en la comunidad política de los pueblos. Croacia geográficamente está ubicada en la frontera que desde tiempos antiguos fue puesta con la división del Imperio Romano en la parte oriental y occidental. Croacia justamente por su posición en la línea divisoria, hoy está llamada a ser el puente que comunica, sujeto de cooperación responsable, espacio de diálogo interreligioso y ecumenismo evangélico. Ella podrá hacer eso solamente si es consciente de su identidad, identidad nacional, estatal y cultural, como así también de la identidad religiosa de sus ciudadanos. El acontecimiento que hoy recordamos fue antecedido por el período del ansia croata de libertad, independencia, verdad y justicia. Desde el Estado croata soberano en el tiempo de los reyes durante todos los largos siglos de nuestra penosa historia, en el pueblo croata como portadora del orden legal y cuidadora de la independencia estatal existía la institución del Parlamento Croata. Solamente en el período que abarca desde el año 1918 hasta el año 1941 el Parlamento Croata fue disuelto por las tendencias hegemónicas y unitaristas del Estado de ese entonces. Esa conciencia estatal presente permanentemente en distintas formas en el pueblo croata y por la institución del Parlamento Croata, como así también la libertad defendida en la Guerra Patria, se transforman en fundamento del Estado croata internacionalmente reconocido.

6. Hermanos y hermanas, hoy con agradecimiento recordamos y oramos por el Dr. Franjo Tuđman, el primer presidente de la República de Croacia internacionalmente reconocida. Hoy recordamos especialmente también a aquellos que fueron la imagen visible del sacrificio y la entrega, del amor valiente y decidido hacia la Patria, ellos son los combatientes croatas. Mirándolos a ellos, su generosidad i entrega hasta el punto de dar su propia vida, debemos reconocer la presencia de aquello que supera los motivos terrenales, la realidad que no se ordena con acuerdos políticos; tenemos que reconocer la maravillosa obra de magnanimidad que no surge solamente de la fuerza humana. Tenemos derecho a decir hoy como creyentes que la defensa de la Patria y el reconocimiento de Croacia se concretaron con confianza en Dios. Hoy en el agradecimiento a Dios no debemos olvidar tampoco a los corazones valientes, voces y manos que nos ayudaron cuando éramos impotentes. "De no estar el Señor en favor nuestro,…nos habrían devorado vivos…" (Sal 124, 1-3). Si no hubiésemos tenido la ayuda de Dios y de las personas que vieron la verdad, nuestro sacrificio no hubiese sido percibido y reconocido durante mucho tiempo. A todos ellos los incluimos en nuestras oraciones. Entre ellos en esta unidad eclesial recordamos especialmente al santo profeta, al papa Juan Pablo II. Cuanto más nos alejamos en el tiempo de esos hechos, nos resulta cada vez más claro el valor de sus esfuerzos, que se diferenciaron de los procedimientos diplomáticos hasta entonces acostumbrados de la Santa Sede, para tratar de ayudar a Croacia, amenazada y agotada por la violencia. Recordamos también a sus colaboradores, especialmente en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Recordamos en Croacia la preocupación inmensurable del siervo de Dios cardenal Franjo Kuharić junto a otros obispos y sacerdotes para que en la defensa de la Patria se conserve el espíritu de Cristo, para que no se renuncie al anuncio de la Buena Noticia y el amor que trajo el Cordero de Dios, no dejando caer en la tentación de que al odio se le responda con odio. Recordamos a nuestros amigos de otros pueblos, de sus Iglesias locales y Estados, especialmente aquellos en los que vivían los croatas exiliados, que edificados en sus sociedades testimoniaron los verdaderos valores que distinguen a nuestro pueblo.    

7. Teniendo ese pasado ante nuestros ojos al mismo tiempo nos encontramos ante la pregunta si durante estos veinticinco años hemos cuidado los dones en los que es reconocible el Espíritu de Dios. No podemos dar una respuesta determinada y del todo afirmativa. Pues si pudiésemos, no tendríamos que mirar en los años transcurridos la división nacional, la promoción de un ambiente negativo, el desprecio del bien común, y hasta la falta de respeto a las instituciones estatales.  El aniversario es también una ocasión para el examen de conciencia, el llamado al arrepentimiento, a la búsqueda del perdón y de un nuevo comienzo. Por ello es valioso en estos días considerar qué es todo lo que sucedió y de qué manera transmitimos los valores a las nuevas generaciones. Es evidente que no es casual que se quiere hacer dudar a nuestra Patria justamente en aquello que se mostró como lo más fuerte y que fue debilitado en el tiempo de la falta de libertad. Pienso ante todo en la relación del hombre con Dios. Eso es el punto de partida imborrable de la identidad croata. Luego el valor de la familia, la promoción de su importancia y de todo lo que la fortalece en el campo social y el económico, cuidando la apertura hacia la aceptación del don de la vida. Es importante el campo de la formación y la educación, en el que son visibles múltiples golpes: la apertura del espacio para los contenidos ideologizados que la mayoría de los padres no acepta, la irresponsabilidad en la preparación de los jóvenes para que se hagan cargo de la preocupación por Croacia quedándose en Croacia, equipados con conocimientos y entusiasmo. Todavía sigue siendo un gran freno la relación inadecuada hacia las heridas históricas, y en consecuencia también hacia las víctimas de los regímenes del mal: el nazismo, el fascismo y el comunismo. Hasta que ese capítulo siga sin ser iluminado, siempre va a existir la posibilidad de que alguien intente ligar a la Croacia de hoy a algún otro tiempo, y no a su cuna, que es fundamentalmente la defensa y las víctimas en la Guerra Patria.   

8. Queridos hermanos y hermanas, son muchos los motivos por los cuales considero más que justificado que estemos hoy en nuestra catedral alrededor de la tumba del beato cardenal Alojzije Stepinac. En la relación hacia él se puede leer toda la historia croata actual. El verdadero amor a la Patria es reconocido en él; la verdadera ansia de bien y la disposición al sacrificio se encuentran en sus actuaciones, y su confianza en Dios aún en los momentos más difíciles fue inspiración para tantos que se sacrificaron por el prójimo y por la Patria. Su servicio y su postura de vida son la respuesta a toda negación del bien. Aquellos que a Croacia no la quisieron y no la quieren, que la ven apenas como una transitoriedad no deseada, ven en el cardenal Stepinac el impedimento más grande para sus intentos de humillar y difamar a Croacia y para impedirle realizar su mejora. También hoy se intenta presentar su figura como controvertida para justificar el hecho de la propia prisión en las falsedades y el propio encierro de la mente y el corazón. Pero nosotros sabemos bien que en él todos los días tantos creyentes, que vienen aquí a su tumba, reconocen el amor del Cordero de Dios. Pedimos la intercesión del beato Alojzije Stepinac para que ante todo nosotros aceptemos ese amor misericordioso, y luego para que sea reconocido por los otros en nuestra unidad nacional y en nuestro amor hacia la Patria croata.

Amén.


No hay comentarios: