15 enero, 2017

Reconocimiento internacional de la Rep. de Croacia, antecedentes


El 13 de enero de 1992 la Santa Sede reconoció la soberanía en independencia de la república de Croacia, dos días antes que la mayoría de los países europeos. Antes del reconocimiento del Vaticano ya habían reconocido a Croacia Eslovenia, Lituania, Ucrania, Letonia, Islandia y Estonia aunque de todos esos países solamente Islandia era reconocida internacionalmente, mientras que el resto de los mismos al igual que Croacia luchaban por ser reconocidos internacionalmente. Por ese motivo el paso que dio el Vaticano fue significativo y tuvo un gran significado simbólico para Croacia.

Se considera que el hecho de que el Vaticano nos haya reconocido antes y no después de la mayoría de los países europeos fue mérito ante todo del Papa Juan Pablo II que cultivaba lazos especiales con Croacia y los croatas. La diplomacia vaticana ya el 3 de octubre de 1991 inició el procedimiento para el reconocimiento internacional de Croacia. El cardenal Angelo Sodano recordó en una conversación que “desde el mismo comienzo de la crisis en la ex Yugoslavia el Papa Juan Pablo II llamaba con fuerza a respetar los principios éticos de la Ley Natural y los principios del Derecho Internacional que se refieren al ordenamiento de las relaciones entre los pueblos. Aquello que sucedió en Europa centro-oriental, y hasta también en la ex Unión Soviética, no hubiese sido posible sin el papel decisivo del Papa.”
Recordemos también las palabras que pronunció el mismo Papa Juan Pablo II en su homilía pronunciada en la ciudad de Split el 4 de octubre de 1998: “Vuestra Nación tiene los medios necesarios para superar exitosamente las contrariedades, y especialmente ustedes, ciudadanos croatas, tenéis los dones necesarios para enfrentar los desafíos del momento actual. Con el esfuerzo de todos se puede continuar la nada fácil democratización de la sociedad y sus instituciones cívicas. El precio de la democracia es grande. El dinero con el que se paga ese precio se fabrica con los metales nobles de la honradez, la prudencia, el respeto al prójimo, el sacrificio y la paciencia.” 

Islandia va a quedar en el recuerdo del pueblo croata como el primer Estado que reconoció a Croacia, y ya el 19 de diciembre de 1991. Después de que Croacia declarase su soberanía e independencia y cortase todos los lazos legales-estatales con la ex Yugoslavia, el 15 de enero de 1992 fue reconocida por Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, Dinamarca, Malta, Austria, Suiza, Holanda, Hungría, Noruega, Bulgaria, Polonia, Italia, Canadá, Australia, Francia, Finlandia y Suecia. Le siguieron los reconocimientos de España, Portugal, Irlanda, Luxemburgo y Grecia. Un día después reconocieron a Croacia también Argentina, Australia, República Checa, Chile, Liechtenstein, Nueva Zelanda, Eslovaquia i Uruguay.   Hasta fines de enero de 1992 reconocieron a Croacia 7 países más: Finlandia, Rumania, Albania, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Paraguay y Bolivia. Croacia se transformó en país miembro de las Naciones Unidas el 22 de mayo de 1992.
Destacamos especialmente el reconocimiento de Croacia por parte del Vaticano porque con el Papa Juan Pablo II al frente fue el aliado más grande de Croacia y su defensor en la lucha del pueblo croata por su libertad contra la agresión serbio-yugoslava (1991-1995). Somos testigos de que hoy muchos que no “sienten” a Croacia como “suya”, y en consecuencia tampoco a la Santa Sede, invierten esfuerzos adicionales para minimizar la profunda relación que une a Croacia con el Vaticano. Son los herederos de quienes  después de la Segunda Guerra Mundial y la “victoria” de los comunistas intentaron convencer al entonces arzobispo de Zagreb y futuro santo de la Iglesia Católica Alojzije Stepinac de que se separe del Papa y de la Iglesia Universal y funde una iglesia católica croata. Naturalmente que él no aceptó, aún al precio de su condena y encarcelamiento y finalmente de su muerte. Permaneció fiel al Obispo de Roma y a la Iglesia Católica, cosa que le molestó a muchos. Pero no al Papa Pío XII, que en 1952 lo creó cardenal mientras estaba en arresto domiciliario, ni al Papa              Juan Pablo II, que lo beatificó en 1998 a pesar de una impresionante campaña propagandística en su contra.
Y aún hoy, lamentablemente, como croatas y católicos estamos expuestos a diferentes presiones para que esa relación se reduzca al mínimo. Pero en la conciencia del pueblo esa relación con la Iglesia Católica está profundamente enraizada. Por eso aún en el sombrío período de la Yugoslavia comunista (1945-1990) el 90% de los niños croatas recibieron el bautismo. Es bueno repasar un poco esa relación a través de la historia para que las cosas resulten más claras.
El Papa Gregorio I alrededor del año 600 le avisó al entonces arzobispo Máximo de la localidad de Solin que los croatas estaban asentándose en Istra y llegando al Mar Adriático. Los croatas como pueblo recibieron el bautismo y durante el pontificado de Juan IV (640-642) establecieron relaciones con la Santa Sede. El emperador bizantino Constantino menciona el hecho de que los croatas firmaron un acuerdo con el papa Agatón (678-681) según el cual nunca iban a invadir tierras ajenas. El Papa les prometió ayuda si alguien invadía las tierras croatas. El año 879 el Papa Juan VIII le reconoce el poder terrenal sobre todas las tierras croatas, el año 880 el Papa legaliza el culto eclesiástico eslavo y el año 881 en Roma consagra al primer obispo croata Teodosio de la ciudad de Nin. El Papa Juan X (914-928) reconoce a Tomislav como rey croata y le envía una carta en la que lo titula “Tomislav, hijo dilecto y rey Croata” (“Dilecto filio Tomislao regi croatorum”). El Papa Nicolás II (1059-1061) durante el reinado de Petar Krešimir IV (1058-1074) permitió que se conserve la liturgia en idioma croata. El Papa Gregorio VII (1073-1085) envía al rey croata Dmitar Zvonimir la bandera, la espada, el cetro y la corona como símbolos del poder del gobernante y el año 1075 lo corona como rey croata. Es importante destacar que el Papa en esa ocasión escribió que todo intento de ataque contra Croacia lo consideraría un ataque contra la Sede Apostólica de san Pedro. Durante los ataques turcos contra Croacia en el siglo XV, los papas manifiestan preocupación por Croacia y hasta la ayudan materialmente para que se pueda defender.
En ese entonces los papas llaman a Croacia “antemuralla de la cristiandad”. El Papa Clemente VIII en 1599 ordenó que en la universidad del Colegio Romano se funde la cátedra de idioma croata y el Papa Urbano VIII decidió en 1623 hacer extensivo ese modelo a otras universidades. El Papa Pío IX en 1852 elevó la diócesis de Zagreb al rango de arquidiócesis a la que declaró sede metropolitana, y de esa manera Zagreb se transformó en el centro espiritual y nacional de todos los croatas.
 Durante la Guerra Patria (1991-1995) el Papa Juan Pablo II compartió las penas con los croatas, permanentemente exigió que se detenga la guerra y el resultado fue que el Vaticano entre los primeros reconoció la independencia y soberanía de Croacia, el 13 de enero de 1992. Pero no termina allí su preocupación por el pueblo croata. Durante su pontificado visitó Croacia en tres ocasiones (1994, 1998 y 2003), canonizó a Leopoldo Bogdan Mandić y a Marko Križevčanin y beatificó al cardenal Stepinac, a Marija Petković y a Ivan Merz.

Este muy sintético repaso histórico nos permite decir que los croatas están orgullosos de pertenecer a la Iglesia Católica y a la civilización europea occidental. La promesa de lealtad a la Iglesia Católica hecha por nuestros antepasados ha sido respetada por los hijos e hijas croatas hasta el día de hoy, y eso es algo que les molesta mucho a los enemigos de Croacia. En el Día del reconocimiento internacional de Croacia la imagen de san Juan Pablo II aparece nítidamente por encima de por encima de todos los líderes extranjeros de esa época y ocupa un lugar exclusivo en el corazón del pueblo croata. 

Mate Simic, desde Zagreb

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