16 febrero, 2017

La muerte de Stepinac en la homilía del Cardenal Bozanic



Homilía del cardenal arzobispo de Zagreb Josip Bozanić en la Santa Misa celebrada en la catedral de Zagreb el viernes 10 de febrero del año 2016 con motivo de la conmemoración del 57 aniversario del fallecimiento del beato Alojzije Stepinac

1. Este es un día del año en el que con nuestra unidad, predisposición creyente y presencia numerosa manifestamos que la fe cristiana no se puede reducir solamente a la aceptación de alguna gran idea, de que ella no es una concordancia y acuerdo entre hombres sobre algunas cuestiones, sino que ella es una verdadera novedad, una novedad de Dios que transforma la vida del hombre. Ser cristiano significa encuentro y unidad con la persona de Jesucristo y
encuentro con el testimonio de los santos que ingresan a nuestra vida. Por eso en este día es emocionante venir a la catedral metropolitana, que cariñosamente llamamos la catedral de Stepinac, pues en los últimos decenios maduraba la conciencia de que a este hogar de nuestra familia arquidiocesana, pero también hogar de todos los creyentes croatas en la patria y fuera de la misma, no lo sostienen solamente las columnas centenarias, ni solamente los valores que fueron testimoniados en el pasado lejano, sino la santidad del hombre que en el día de hoy hace cincuenta y siete años dejó la huella de sus últimas palabras, miradas y oraciones  terrenales; suspiros, sufrimientos y bendiciones. Ese día, el 10 de febrero del año 1960, era un miércoles. Alrededor de las 10 horas el párroco de Krašić Josip Vraneković entra a la habitación para darle una inyección al Cardenal que estaba acostado en la cama de enfermo y apuntaba su mirada hacia el cuadro de la Virgen ubicado por encima de la cama, pero Stepinac le dijo: "Sabe qué, párroco, deje usted ahora las inyecciones, hagamos ante todo aquello que es lo más importante. Tome la estola, siéntese aquí y vamos desde el principio”. Hizo la confesión general de toda su vida. El párroco Vraneković anotó que, después de recibir los sacramentos de la santa confesión, la santa comunión, y la unción de los enfermos, comenzó a hablar en voz alta y alegremente, como no había hablado desde el inicio de la fase final de la enfermedad. Llegó también su hermana Josipa que lloraba. Él la consolaba hablando de los sacramentos que justamente había recibido, con estas palabras: "Para el cristiano no hay mayor alegría que la de estos sacramentos… En las manos de Dios, ¿y de qué tener miedo entonces?" Poco después de las doce horas recibió una inyección para el corazón. El párroco Vraneković advirtió entonces que su mirada estaba cansada y que sus ojos no tenían aquella frescura anterior. El arzobispo Stepinac repitió cinco veces: "Deo gratias" (a Dios gracias). Luego se levantó un poco sobre sus manos para poder mirar el cuadro de la Virgen y dijo en voz alta: "Bendito sea el nombre de Dios". Y luego: "Fiat voluntas tua" (Hágase tu voluntad). Alrededor de las dos horas todavía dijo en voz alta: "Denme aquella vela mía". La encendieron. La observaba, y luego la tomó con firmeza en su mano izquierda. Siguieron todavía tres o cuatro suspiros dolorosos y entregó su alma (del Diario del párroco Vraneković, pág. 830-839). El grano cayó en la tierra, para traer frutos abundantes. En el día de hoy, el día de la caída del grano en la tierra, estamos reunidos alrededor de sus restos terrenales como fruto de la nueva presencia del beato Alojzije Stepinac en nuestro medio. Esa presencia germinó en la fe que glorifica al Señor, y nosotros en ella sentimos un gran consuelo. 

2. El beato Alojzije en el Espíritu de Jesús estaba conmovido y se enfrentaba con la cuestión del sufrimiento, pero entendía que eso también es un modo bendecido de la actuación de Dios. El ejemplo de Stepinac atrae, pues en su comportamiento y postura, en sus palabras y obras se escuchan fácilmente las oraciones de Jesús: "¡Padre, glorifica Tu nombre! En el encuentro con el sufrimiento Jesús sabe que el suplicio y la crucifixión no son la culminación, sino que lo más importante es quedar junto a su Padre en la fidelidad y la verdad de la misión. La cruz es humillación y parece ser lo contrario de la glorificación. No obstante  uno ilumina lo otro. Jesús se ofrenda al Padre que nos lo regala a nosotros, dejándolo a merced de la injusticia y el odio humanos, en el abandono  en el que solamente la fe dice que el amor del Padre lo va a resucitar y glorificar, es decir: por Él  regalar al mundo una nueva vida. Esa es una gloria imperecedera, porque por la cruz el amor de Dios se transformó en dolor. Ese es un dolor que ennoblece al hombre, pues es aceptado y regalado, capaz de redimir a todos, aun a aquellos que lo crucifican.

3. El beato Alojzije fue partícipe del misterio de la prueba y el sufrimiento de Jesús. Con Jesús vivió la confianza de niño en el Señor, repitiendo hasta el último momento la aceptación de la voluntad del Señor. Esa es la culminación hasta la que tendría que llegar toda oración nuestra. Por eso en la Carta a los Hebreos podemos leer: "El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente“ (Hebreos 5, 7). ¡De nuestro beato aprendemos el valor del sufrimiento por la justicia que se transforma en valor de bienaventuranza! Dichosos ustedes, si tienen que sufrir por la justicia. No teman ni se inquieten" (Primera Carta de San Pedro 3,14). Esa palabra nos la envía el apóstol Pedro, a cuyos sucesores el beato Alojzije les permaneció  firmemente fiel, pues fue fiel a Cristo en su misterioso cuerpo - la Iglesia.  El jefe de los apóstoles menciona dos condiciones para eso: ausencia de miedo y disponibilidad para dar respuesta a todo aquel que nos pida a nosotros la explicación de la esperanza que está en nosotros. Si Cristo está en el corazón, no hay miedo. Eso lo reconocemos en las respuestas que daba el beato Alojzije tanto a los amigos como a los enemigos. Para él Cristo era todo, Cristo que es el rostro del Padre Celestial, pero también el rostro de todo hombre. El arzobispo Stepinac se arrodillaba ante esa santidad y la absorbía en su corazón. Si buscamos la fuente de la fuerza para sus respuestas y para su esperanza, la encontraremos únicamente en Cristo.


4. Hermanos  y hermanas, ¿acaso no es hermoso ver la coincidencia de las palabras de Pedro con el modo en que actuó el beato Alojzije? Dice el apóstol que esa respuesta hay que darla: con gentileza y respeto, manteniendo la conciencia limpia, para que los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo se avergüencen de sus calumnias. Esas son las características que adornan la vida y actuación de nuestro Beato. En las actuaciones de Stepinac se siente la gentileza, el intento de ayudar, sin que eso implique que se niegue o  calle la verdad. Así fue él tanto hacia los individuos como hacia las instituciones y grupos en la sociedad; así era él tanto hacia aquellos que manifestaban respeto como hacia a aquellos que estaban llenos de odio y no buscaban el bien. Luego, el Beato en su conciencia cuidaba la paz y quedó reconocido justamente por su pureza de conciencia, advirtiéndonos de que en ella nos fue regalada la voz de Dios. Ella ayuda a investigar los motivos de un determinado procedimiento y ajustarlos al plan de Dios. El beato Alojzije comienza y termina su alocución ante el tribunal comunista, el 3 de octubre del año 1946, apelando a su conciencia: “A todas las acusaciones pronunciadas aquí contra mí, respondo que mi conciencia está tranquila, aunque el público se ría de eso. Ahora no pienso defenderme ni apelar contra la condena. Yo por mi convicción soy capaz de soportar no solamente la risa, el desprecio y la humillación, sino, porque mi conciencia está limpia, estoy dispuesto también en cualquier momento a morir”. Y finaliza: "Y en lo que a mí respecta y a mi enjuiciamiento, yo no necesito misericordia, mi conciencia está tranquila" (Homilías, discursos, mensajes: 1941 - 1946, pág. 282-287). Esa alocución ante el tribunal ni hoy pierde en actualidad. Es valioso leerla nuevamente, porque eso no es la autodefensa de Stepinac, sino la acusación contra el tribunal injusto y contra aquello que sucedía en el comunismo. En ella está contenido el testimonio del Beato sobre los valores y las realidades por los que vivía, por las que se le juzga y por las que está dispuesto a morir en cualquier momento, pues su conciencia está tranquila. El arzobispo Stepinac era consciente de que no se le juzgaba a él, sino a la Iglesia Católica en Croacia. Stepinac es traído ante el tribunal por haber levantado la voz contra la persecución religiosa, por levantarse en defensa de las verdades de la fe, por defender al pueblo croata despojado de sus derechos. Nuestro Beato en forma justa, prudente, templada y valiente permaneció fiel a los eternos principios de Cristo y firme en el amor y la defensa de los derechos del pueblo croata. El beato Alojzije, junto con el apóstol Pablo, en esta catedral repite su confesión: "Este es para nosotros un motivo de orgullo: el testimonio que nos da nuestra conciencia de que siempre, y particularmente en relación con ustedes, nos hemos comportado con la santidad y la sinceridad que proceden de Dios, movidos, no por una sabiduría puramente humana, sino por la gracia de Dios" (Segunda Carta a los Corintios 1,12). El Beato a todos nos dice que seamos hombres de conciencia limpia, que intentemos siempre de nuevo formar nuestra conciencia, que intentemos ajustarla a Dios y a los mandamientos de Dios, para que nuestra conciencia sea capaz de diferenciar el bien del mal, para que siempre se decida por la verdad contra la mentira, por la justicia contra la injusticia, por el amor contra el odio, por la unidad contra la división. Pedimos la intercesión del beato para escuchar la verdad y el bien, lugar de responsabilidad ante Dios y los hombres, para que la conciencia limpia sea el factor principal para la promoción del bien común.

5. El beato Alojzije el 8 de octubre del año 1946 en el proceso judicial montado dijo: "Si yo en verdad voy a ser condenado, digo ante Dios que soy condenado siendo inocente, mi conciencia está limpia y el futuro va a demostrar que tenía razón" (Batelja, Testigo del Evangelio del amor, 3, pág. 405). A medida que van pasando los años, y las fuerzas ideológicas no pueden vigilar los documentos y los debates, la profecía de Stepinac se hace cada vez más evidente: "el futuro va a demostrar que tenía razón". La figura del cardenal  Stepinac ilumina cada vez más claramente y cada vez más brilla el ejemplo de su vida y el valor de su testimonio. Y cuanto más clara es su obra, por un lado, es más evidente, por otro lado,  la ceguera de aquellos que no queriendo enfrentarse con la verdad repiten las mentiras de la condena comunista: denigrándolo a él, a la Iglesia y al pueblo croata. Por eso esta noche le rezamos al beato Stepinac por la liberación que se produce aceptando la verdad sobre el propio pasado, porque, como nos dijo en Marija Bistrica el santo papa Juan Pablo II, en nuestro Beato se aúna toda la tragedia que acertó al pueblo croata durante el siglo veinte, marcada por tres males: el fascismo, el nazismo y el comunismo. El beato Alojzije Stepinac es nuestro compás para que sepamos orientarnos. Estos son los puntos principales: fe en Dios, respeto al hombre, amor hacia todos todo hasta el perdón, unidad con la Iglesia al frente de la cual está el sucesor de Pedro, no ceder cuando está en cuestión la verdad pues la verdad no es un bien con el que se puede negociar comerciar (Homilía, 3 de octubre del año 1998). Hoy en la sociedad croata, por la responsabilidad ante las nuevas generaciones y el futuro que deseamos que sea liberado de las discusiones ideológicas de las utopías fracasadas, es necesaria la llave de Stepinac para enfrentarnos con el pasado.

6. El beato Alojzije es para nosotros, hermanos y hermanas, bendición en todo. ¡En todo! No olvidemos eso en ningún momento.  Y esta conmemoración también refuerza la conciencia sobre la presencia de esa bendición: también  cuando nosotros mismos tenemos que sufrir, cuando sufren nuestros seres queridos, cuando sufre la Iglesia, independientemente de donde se encuentren sus fieles. Llevamos esa bendición también cuando nos preguntamos por qué la evidente verdad sobre el cardenal Stepinac se acepta tan difícilmente. No obstante, como ya destacamos anteriormente, el proceso de distintas aclaraciones, estimaciones y verificaciones en el que estamos sumergidos frente a la canonización del beato Alojzije muestra cada vez más que todo eso es bendición para que se descubran las intenciones de algunos corazones. Cuanto más profundamente se entra en las circunstancias y los hechos relacionados al beato Alojzije, se confirma aquella seguridad que los fieles manifestaron en el momento de su servicio pastoral, de su exposición a  la vergüenza, de su cautiverio y fallecimiento. Esa es la seguridad de los fieles, sentimiento por la santidad que la Iglesia vive como su contacto y cercanía con Dios, que no engaña. El pueblo fiel no se dejó engañar en ese entonces y hoy tampoco se lo puede engañar. Día a día los acontecimientos confirman que los promotores de las mentiras muestran su verdadero rostro y que la mentira no es duradera. Eso el pueblo lo siente, y ese sentimiento se puede afinar si se purifica con la oración, el sacrificio por amor y la búsqueda sincera de la verdad. Estamos seguros de que el sacrificio limpio de Stepinac va a ser para bien y salvación también de aquellos que lo difaman y que intentan mantener las mentiras en la opinión pública para conseguir o retener algún provecho terrenal.

7. Aferrándose al compás con el que él mismo se sirvió, el beato Alojzije hoy también nos dice que para el pasado es importante buscar la verdad y no renunciar a ella; para el presente no se puede omitir la fidelidad y la generosidad, mientras que el futuro hay que encomendarlo a la seguridad de la esperanza que viene de la confianza en Dios. Esas son tres directrices que esta noche relacionamos con las palabras del apóstol Pedro: la relación de los fieles hacia el pasado está en la verdad con la que purificamos, sin falsificaciones, pero con gentileza y respeto. Ese es nuestro pasado. Es importante conocerlo y lidiar con todo lo que está alcanzado por el misterio tanto del bien como del mal. En el presente tenemos que actuar en buena conciencia, con fidelidad hacia los valores que son reconocidos como gracia y bendición y con los que no se debe negociar. Y el futuro hay que mirarlo y abrirse al mismo a ejemplo del beato Alojzije: In te, Domine, speravi; ¡En Ti,  Señor, confío! En su lema episcopal el beato Alojzije se reconoció y lo vivió. La esperanza cristiana era la llave para su vida y su visión del mundo. Queridos hermanos y hermanas, queridos jóvenes, al tiempo presente lo que más le hace falta es la esperanza. En la sociedad croata nosotros los cristianos tenemos que despertar la confianza, propagar la atmósfera positiva y la autoestima. Como cristianos nunca debemos perder de vista el objetivo final que le da sentido y valor a la vida y ofrece una inspiración segura y profunda para la dedicación cotidiana a la transformación de nuestra realidad. La festividad de hoy es una ocasión para verificar nuevamente si nuestro caminar se ajusta al evangelio del Señor y si delante nuestro vemos las huellas por las que siguiendo al Señor pasó el beato Alojzije. En ese compás fijamos la vista como individuos, como Iglesia y como pueblo.

8. El mes pasado le agradecíamos a Dios por los veinticinco años del reconocimiento internacional de nuestro Estado croata. Si se observa más profundamente, a la independización del Estado croata llevaron los valores que se pueden ligar fácilmente con el beato Alojzije, los valores de la unidad, la fidelidad, la confianza en Dios, la generosidad, el sacrificio… Agreguemos a eso que el beato Alojzije también durante el cautiverio del totalitarismo comunista fue voz de la esperanza y signo de libertad. Su figura ligaba a los croatas en la patria y en la inmigración, a aquellos que fueron exiliados y a aquellos que en Croacia se manifestaban a favor de la libertad cuidando la identidad religiosa, nacional y cultural croata. El beato Alojzije fue inspiración para que los  mayores aguanten, y para que los jóvenes no desistan sino que con nuevo entusiasmo luchen por el bien de su prójimo en la renovación de la sociedad. Los combatientes croatas frecuentemente le pedían su intercesión; a los esposos los inspiraba para que vivan su fidelidad; fue consuelo en sus pruebas para los condenados injustamente, los maltratados y marginalizados; el Beato Alojzije con su testimonio fue estímulo para que respondan al llamado de Dios muchos seminaristas, teólogos, religiosos y religiosas, obispos, y al mismo tiempo por todo el mundo fue reconocido como pastor fiel y mártir de Croacia. En el encierro de los regímenes totalitaristas él estuvo en el foco de muchas instituciones y medios en el mundo. Él fue el espacio entreabierto de oposición a la injusticia y la violencia contra la dignidad humana.


9. Queridos fieles, somos herederos del regalo y los frutos de Stepinac que germinaron de ese regalo. En muchos lugares germinaron brotes y capullos. No debemos abandonarlos al frío y al descuido. Y a nosotros, a la Iglesia, le fue confiada la explicación de la esperanza. Por eso me alegro de que esa explicación de la esperanza la manifestemos tan claramente esta noche. Señor, no permitas que nos avergoncemos nunca. Mis oraciones frecuentemente están orientadas hacia las familias y hacia los jóvenes. Para ellos pido confianza en Dios, esperanza en la vida y bendición de Dios Todopoderoso. Pienso ante todo en todos los que son responsables de nuestra patria, pienso también en aquellos que se encuentran ante la tentación de abandonarla. Al beato Alojzije también le ofrecieron que se vaya. Y se habría encontrado justificación para demostrar por qué habría actuado de esa manera. Pero se quedó, para que muchos no se avergüencen, para que el pueblo y la patria croatas no sean pisoteados y desolados. Queridos hermanos y hermanas, en esta santa misa agradecemos y oramos por tres cosas: por la conciencia limpia, la esperanza y la bendición. Eso es lo que irradia la santidad del beato Alojzije Stepinac. Beato Alojzije, en unidad con la Santísima Virgen María y todos los santos en el cielo, ruega por nosotros y por nuestra patria Croacia. Amén. 

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