23 febrero, 2017

Monseñor Tomislav Ivančić, último reportaje!


A los 79 años de edad el viernes 17 de febrero falleció monseñor Tomislav Ivančić, sacerdote de la Arquidiócesis de Zagreb, profesor emérito de teología fundamental en la Facultad de Teología de Zagreb y fundador de la comunidad “Oración y Palabra” que promueve la nueva evangelización y la hagioterapia. A modo de homenaje queremos compartir con ustedes el último reportaje (que le concedió al semanario croata católico “La voz del Concilio” en vísperas de la festividad de la Asunción de la Virgen María del año pasado).

Estimado profesor, en esta conversación deseamos de alguna manera intentar mirar a hurtadillas el alma de nuestro pueblo, que en el momento actual parece bastante herida, y deseamos hacerlo con los ojos de María. ¿Cómo, y teniendo en cuenta también esta pregunta introductoria, ve la festividad de la Asunción de la Virgen?
Ya que el motivo de esta conversación es la festividad de la Asunción de la Virgen, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo - que en realidad significa que ella ya vivió su resurrección - voy a comenzar con dos dimensiones que María unifica de un modo maravilloso y que esta festividad Suya destaca eso de manera especial. Esas son las dimensiones celestial y terrenal. Dios creó el cielo y la tierra. Nosotros estamos aquí en la tierra. La tierra es un espacio en el que, en realidad, es terriblemente difícil vivir. Todos nosotros estamos aquí - por decirlo de alguna manera - en un campo de muerte. No existe aquí un hombre que se pueda salvar de la muerte. Y por eso tendría que resultarnos claro que sin la ayuda de alguien que no está condenado a la muerte - alguien que no está en esa triste parte nuestra de la vida, donde tenemos que sufrir, morir, donde además estamos bajo las permanentes seducciones del mal y del Maligno, ante las que a menudo claudicamos, y a pesar de todas las limitaciones unos a otros nos amargamos adicionalmente la vida - no nos podemos salvar. Y el único que nos puede salvar es Jesús de Nazaret, hijo de María. Lo más importante, lo central que María nos enseña es que la salvación de la humanidad está en - y aquí pienso tanto en el individuo como en la comunidad, incluida la comunidad nacional - apoderarse cuanto antes de Jesús de Nazaret. Todos nuestros intentos, todos nuestros esfuerzos, morales y cualquier otro, todas las ideologías, viejas y nuevas, que predican alguna transformación del hombre distinta, sin aquello que trae Jesucristo, quedan en la prisión de la muerte y el pecado. Si no existe esa esperanza, el hombre tiende a aceptar la situación tal cual es e intentar “darse maña” como puede, de sobrevivir de alguna manera en ese infierno sin tener en cuenta a los otros.     
¿Significa eso que sin Dios, sin al menos conciencia implícita de Él, es en realidad imposible hablar de la comunidad humana en el verdadero sentido de esa palabra?
Ser ateísta es en realidad trágico, esa es una grave enfermedad del hombre. Ser ateísta significa: después de la muerte no hay nada. Significa: nadie creó esto. Significa que, si el ateísmo se tomase coherentemente, pueden cometerse los crímenes que se deseen. Si Dios no existe qué enorme es la tragedia para todos los minusválidos, pobres, enfermos, pues además del difícil presente no tienen futuro alguno. Por eso, cuando entendemos que Dios está ahí, con nosotros, cunado experimentamos eso, somos transformados, abiertos al futuro. Por eso ser creyente es algo constructivo, avanzado. Y ser ateísta es conservador. Por eso hoy los intelectuales en general no desean decir que son ateístas, sino que dicen que son agnósticos. Agnóstico significa: sé que existe Dios, no excluyo eso, pero no tengo ninguna experiencia con Él.
También las ciencias hoy llegaron a resultados tan maravillosos justamente en la cuestión de Dios en el hombre, en la cuestión de la moral. Las neurociencias dijeron claramente que toda palabra nuestra buena construye en nosotros la salud, la inteligencia y todas las capacidades, mientas que por otro lado toda palabra, pensamiento u obra negativa destruye las células cerebrales. En otras palabras, Dios, fuente de todo bien, está inscrito en nuestra estructura humana fundamental. La logoterapia, y luego la medicina antropológica y la epigénesis, dirían que nosotros en nuestro cerebro tenemos “el punto Dios” y “el módulo Dios”, de tal manera que todo hombre sabe de Dios. Especialmente Viktor Frankl decía que toda persona sabe quién es Dios - también el ateísta y el agnóstico - solamente es cuestión de si eso está en el subconsciente del individuo o es consciente de ello.
Es decir, el hombre en su esencia es religioso. En determinado sentido eso vale también para los pueblos. Todo pueblo tiene alguna religión suya, o religiones, algún camino con el que intenta acercarse a Dios.
Cuando tocó el tema de los pueblos y sus religiones, en realidad tocó la cuestión de la identidad, “el alma” del pueblo. En ese sentido, nosotros los croatas somos conocidos como un pueblo fiel a María…
Cuando se trata del “alma” del pueblo croata, entonces recordamos que ya hace casi 14  siglos que estamos en la Iglesia Católica,  incorporados al cuerpo vivo de Cristo, del que María es la madre. Si miramos un poco hacia atrás en la historia, nuestro pueblo sufrió mucho y fue atacado, en realidad todo hasta el día de hoy, y a pesar de eso nunca atacó como agresor a nadie. Pienso que en buena medida eso es el fruto del hecho de que desde sus comienzos veneró con mucha fuerza a la Virgen María. No surgieron casualmente títulos  como “Reina de los Croatas” o “La abogada más fiel de Croacia”.
Esos títulos son el fruto de siglos de ayuda y protección experimentada en los momentos más difíciles, cuando la supervivencia misma del pueblo croata estaba amenazada. Recordemos, por ejemplo, la milagrosa salvación durante el asedio de la ciudad de Sinj hace 300 años. O, para no ir al pasado lejano, recordemos la Guerra Patria. Después del ateísmo comunista, la ateización forzada y la persecución de la Iglesia este nuestro pueblo - y nada menos que  varones, combatientes - se pusieron el Rosario alrededor del cuello. Ese Rosario les daba por un lado la fuerza iluminadora y la fuerza para que en la guerra no sean inmorales, y por otro lado la fuerza de la fe en que lograrían libertar a la patria. Y sucedió un milagro. Logramos - al principio casi desarmados y ante la antipatía de Europa y el mundo - salvar a la patria sin grandes crímenes, lo que finalmente nos reconoció el mismo Tribunal de La Haya. A favor de esas afirmaciones está también el hecho de que como país nos respetan y quieren todas las minorías que viven aquí - y si en eso son la excepción individuos del pueblo cuyos integrantes nos atacaron, a eso no le veo un motivo real.
También hoy, a pesar de todos los intentos de menospreciar a la fe y a la Iglesia, nuestros santuarios marianos en la festividad de la Asunción están llenos. Y por eso no es infundado cuando se dice que el alma del pueblo croata es “mariana”, y porque es mariana, creo que en su profundidad es limpia y que existe una base sana para la esperanza en el futuro. 
No obstante, si miramos a nuestro alrededor, parece que no reina un ambiente de esperanza, sino más bien de desaliento y resignación…
No soy partidario de pensar en forma pesimista, ya por el hecho de creer en Dios. Es decir, si a Dios lo tomamos en serio, si creemos en Jesucristo que se encarnó en nuestra historia humana, tenemos que entender que Dios está en el fundamento de todo y que no es indiferente hacia nada que sea humano y en consecuencia ni hacia aquello que va a suceder con nosotros los croatas.
No obstante, pienso que existen dos problemas profundos que frenan a nuestro pueblo en el camino hacia la prosperidad, hacia un futuro más feliz. El primer problema es una forma de ateísmo. Por suerte, en la mayoría eso no es un rechazo directo y consciente de Dios, sino más bien indiferencia. Esa indiferencia se expresa también en que somos capaces de elegir un gobierno - activa o pasivamente, no yendo a votar - que a través de los medios, junto con otros grupos de interés a los que no les interesa nuestro bien, nos dicen: Dios no existe (ateísmo), y aún si existiese, no es importante (agnosticismo); somos capaces de elegir un gobierno que está en contra de la Iglesia, que favorece la destrucción de la familia, del matrimonio, que declara no solamente anticuado y retrógrado, sino peligroso y extremista todo amor hacia el propio pueblo y hacia la propia patria. Y así de alguna manera nos transformamos en aquello que escuchamos sobre nosotros. Si esos son mensajes de que no valemos nada, de que no podemos hacer nada, de que nada vale la pena, entonces eso en cierta manera se transforma en nuestra realidad.
El segundo problema lo reduciría al llamado: ¡Volvamos atrás! A una especie de Yugoslavia idealística, en la que supuestamente estábamos bien. Pero eso, no obstante, es mentira. Recordemos las colas para comprar los artículos de primera necesidad, cuando cambiábamos el salario en divisas para que la devaluación no nos lo “comiese”, cuando usábamos el automóvil día por medio en las fechas pares e impares. ¡De la violación de los derechos humanos ni hace falta hablar! Es claro que no hay camino hacia atrás, el mismo está destruido. Pero esa conciencia perversa nos frena en el verdadero progreso porque permanentemente nos ocupamos de temas equivocados.
Los dos problemas tienen su raíz en lo mismo. Después de la Guerra Patria pensábamos que iban a ser suficientes diez años para limpiarnos del comunismo, de su ideología violenta, del ateísmo. Pero a mí me parece que, como a los israelitas en el desierto, vamos a necesitar cuarenta años, en realidad hasta que pase una generación. Diría por eso que esto es una nueva Guerra Patria, una batalla espiritual en la que hay que volver al Creador y entender que nuestro futuro está adelante nuestro, y no atrás nuestro, que tenemos que construir la patria que Dios nos dio.
La Asunción de María en eso es un gran mensaje de esperanza para todo aquel que procura  alrededor del bien, alrededor de aquello que es constructivo y noble. A través de María Dios entró de la manera más concreta en nuestra historia humana, en los asuntos humanos, y por otro lado Ella nos muestra el horizonte de la esperanza, diciéndonos que nuestros intentos alrededor del bien nunca son vanos.
Mencionó también la escuela. Últimamente se debatió bastante sobre la educación, en el contexto de la reforma curricular. Si bien ese no es tema de conversación en el sentido estricto de la palabra, el mismo evidentemente se impone. ¿Puede comentarlo brevemente?

La escuela hoy tiene el catecismo católico, confesional. Eso de todas maneras significa mucho pues nuestros niños y jóvenes que no van al catecismo eclesial escuchan sobre Dios. Espero que también nuestros catequistas descubran más claramente que tienen que entrar más profundamente en ese catecismo, que no solamente tienen que transmitir conocimientos sobre la Iglesia y el cristianismo, sino también contenido, la fuerza interior del encuentro con Jesucristo.
En cuanto al currículo, sobre el que se habla mucho últimamente, no entraría demasiado en los detalles. Solamente destacaría que lo escribieron principalmente personas de la antigua mentalidad comunista. Segundo, lo escribieron por orden política personas que obedecen a distintos poderosos del mundo y a las ideologías que ellos propagan. Tercero, cuando llegó el momento de que todo el pueblo debata sobre eso, de que también otros expertos digan lo que tenían para decir, fuimos testigos a una defensa bastante agresiva de lo hecho, al estilo: o todo o nada. De todo eso se deduce que eso fue en realidad un procedimiento sin legitimidad real y que de todas maneras hay que rectificarlo, más aún porque, como vemos, se trata de un campo que es esencial para nuestro futuro.
Cuando se trata de tiempos difíciles - y estos son difíciles y deprimentes - nos vienen a la mente las apariciones de la Virgen en Fátima, a la luz de las cuales muchos leen el sangriento siglo XX. ¿Los mensajes del fenómeno de Fátima son también hoy actuales?
En Fátima se demuestra justamente cuanto el Reino de Dios está por encima de todos los planes humanos, por encima de la inteligencia humana y de las capacidades humanas. María eligió a tres niños comunes, pobres, incultos. Eso está justamente de acuerdo con la lógica de Dios que maría cantó en el himno  “Magníficat” en el Evangelio de san Lucas: “…derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes...”. Dios es el señor de la historia y tal vez entre los jóvenes y niños que encontramos por nuestras calles ya nos está preparando profetas, hombres con visión, que nos van a traer luz. Por eso, si somos creyentes, no podemos ni debemos abandonarnos a la desesperanza, a la resignación.
Por eso para todos los tiempos, y especialmente para los tiempos difíciles, vale aquel mensaje fundamental y profundo de Fátima que en su esencia es evangélico: recurrir a Dios. Sin eso no hay mundo nuevo. Recordaría y estimularía al rezo del Santo Rosario, especialmente en familia. Porque cuando rezamos el Rosario en realidad “hacemos amistad” con Jesús, Salvador del mundo. Y tercero: María desde el principio, desde Caná de Galilea todo hasta hoy, se muestra como aquella que desea estar cerca del hombre en sus necesidades, aquella que se “aparece” cuando parece que no hay salida. Bueno, también con esa conciencia invito a todos que también este año en la festividad de la Asunción de la Virgen se agolpen en sus santuarios.
Intentemos ahora concentrarnos en algunos campos críticos. El primer campo es el de la política y la economía, a los que a menudo se los enfoca exclusivamente en forma procedural y técnica…
La política y la economía, eso es el hombre. Si la situación en esos dos campos es como usted la describe, entonces detrás de eso está el hombre, es decir personas que crearon sistemas que le posibilitan a distintos grupos de interés la realización de sus intereses estrechos. El poder es de Dios, el poder se les confía a determinadas personas para que con su capacidad para gobernar y dirigir, sean de provecho para el bien común. Eso hay que recordarlo permanentemente porque el hombre en general, y en consecuencia también ningún campo humano, aunque pueda parecer que es solamente “técnico”, no se puede salvar sin Dios. Pero como ya dije, para Croacia es importante que se dé vuelta y mire hacia adelante, y no hacia atrás. Lo malo de la aceptación de la situación tal cual es se expresa también en la no participación en las elecciones. Considero que justamente eso siempre abre de nuevo la posibilidad de que lleguen al poder aquellos que quieren llevar al país hacia atrás. Cuando el pueblo siente que se va para adelante, cuando siente el deseo de crecer constructivamente, entonces la gente prácticamente por sí misma comienza a actuar económicamente, disfruta en el trabajo, ve que el mismo tiene una dimensión más profunda, humana, y hasta divina: el Creador “trabaja”, es creativo, y nosotros también queremos ser creativos.
Es decir que no se trata solamente de procedimientos, ni se trata solamente de dinero, ganancia. Allí está el “alma” de la política, allí está el “alma” de la economía.  En todo lugar en el que se logró crear un ambiente así de esperanza, tuvo éxito también la recuperación económica. Recordemos a la Alemania humillada y pisoteada tras la Segunda Guerra Mundial. Considero que a nosotros todavía nos falta una visión de futuro así. A menudo en las discusiones giramos en un círculo vicioso. Ese círculo hay que romperlo y partir hacia adelante. Entonces va a llegar el dinero de nuestros inmigrantes, entonces ellos mismos también van a venir, entonces también se va a producir la renovación demográfica.
Mencionó especialmente el doloroso problema demográfico, que está relacionado con una serie de otros problemas, desde la familia pasando por la economía todo hasta la emigración. ¿Tienen razón aquellos que sugieren que se trata de una situación de muy difícil solución y no dan precisamente mucho lugar al optimismo?
Este es un momento especial cuando por un lado hay que destacar la esperanza, y por el otro la fidelidad a la Virgen - y eso siempre significa fidelidad a Cristo - en nuestro pueblo. Que esa historia sea para nosotros maestra de vida. Recordemos las conquistas turcas, cuando como pueblo fuimos reducidos al “resto de los restos” y cuando parecía que íbamos a desaparecer de la escena histórica. Y entonces la recuperación. Algo similar sucedió con la Guerra Patria. Siempre tuvimos también olas de emigración. Pero sobrevivimos todo eso.
O bien recordemos a las personas que en el extranjero lograron grandes resultados científicos, fundaron grandes y exitosas empresas. Si podemos allí, podemos también aquí. Miremos los ejemplos positivos y que nos sirvan de estímulo, en lugar de concentrarnos en manifestaciones e individuos negativos y en base a eso sacamos conclusiones generales de que todo es negativo.
Pero repito: tenemos que girar hacia adelante. La historia tiene sus ritmos, subidas y bajadas. Para que en eso nos preservemos, es importante que como personas y como comunidad tengamos puntos de apoyo sólidos. La fe es uno de ellos, y fundamental. A menudo nos parece que las personas también vacilan en la fe. Pero cuando para la festividad de la Asunción de la Virgen veo cientos de miles de personas como llegan a los santuarios de María buscando consuelo y fuerza para la vida, particularmente en la reconciliación con Dios en los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía, soy optimista pues existe un fundamento sólido. Y aquel “click”, el momento de la concientización popular colectiva, cuando entendemos qué es lo importante y qué son los cuentos vacíos impuestos, va a suceder antes o después. Entonces todo va a ir para mejor, tal vez también más rápido de lo que podemos esperar.
De sus palabras se puede deducir que necesitamos algo de lo que otrora se hablaba mucho. Se trata de la renovación espiritual del pueblo croata. Volver a ese concepto del pasado es fácil, pero ¿cómo realizar algo así?
En una ocasión el cardenal Franjo Kuharić le preguntó al primer presidente croata Franjo Tuđman cuándo iba a comenzar finalmente la renovación espiritual sobre la que se hablaba mucho en ese entonces. El presidente Tuđman le respondió: “Eminencia, la renovación espiritual la pueden llevar a cabo ustedes, la Iglesia, y la escuela, y no la política”.
Cuando se trata de la Iglesia, viene a la mente una de las oraciones más bonitas a la Santísima Virgen María: “Dios te salve Reina y Madre de misericordia”. Parece que la Iglesia recién hoy descubre totalmente el significado de la misericordia, mientras que el pueblo fiel ya hace siglos que usa esa palabra cuando se dirige a la Madre de Dios. ¿Es  misericordia la “palabra clave” cuando de la predicación de la Iglesia se trata?
María es “Madre de la Misericordia” porque es la madre de Jesucristo. La misericordia es la realidad fundamental de Dios. Es el amor de Dios hacia el hombre, Su piedad hacia el hombre, hacia toda la humanidad, que cayó en el pecado, en el mal, en la culpa. Dios Misericordioso al mundo le envía a su Hijo que comparte el destino del hombre hasta el final, para decirnos: “Yo estoy con ustedes en ese exilio, en ese valle de lágrimas, no están solos, todo va estar bien”.     
Ese es en verdad el mensaje fundamental del Evangelio que habla de “Dios con nosotros” encarnado. Porque si sobre Dios hablamos ante todo a través del prisma del castigo, del infierno, entonces no hay esperanza: si estamos condenados irreversiblemente, entonces no se puede hacer nada y entonces no hay que cambiar. No obstante, el discurso sobre la misericordia de Dios no debe ser barato, superficial, en sentido de que: hagamos lo que hagamos, de todas maneras todos nos vamos a salvar.
En esta conversación mencionamos la cuestión del enfrentamiento con nuestro pasado. No se puede invocar la misericordia de Dios, ni al papa Francisco, defendiendo y/o banalizando el mal que hicieron los autores ideológicos y padres de un determinada concepción política o grupo político. Recién cuando al mal lo llamamos por su verdadero nombre y cuando decimos que lamentamos por los grandes sufrimientos causados con ese mal, podemos venir ante Dios y esperar misericordia. Solamente Él puede establecer nuevamente la justicia, secar la lágrima de cualquier ojo y regalarle a todos, tanto a la víctima como al verdugo, el derecho a un nuevo comienzo. Y justamente eso es lo que necesitamos también como comunidad nacional: un nuevo comienzo, un nuevo impulso, una nueva unidad.

Para que la misericordia sea concretizada, es necesaria una nueva evangelización. Hay que explicarle a la gente que Dios es misericordioso, que nadie está condenado, que todavía hay esperanza para cada uno de nosotros. Por eso el papa Francisco acentúa justamente que hay que ir a la periferia de la Iglesia y de la sociedad, donde la gente no sabe quién es Jesús, donde tal vez en su angustia insultan a Dios, donde se abandonan a la desesperación y a la resignación, con el mensaje: hay esperanza porque Dios sigue deseando que todo esté bien.      

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