15 marzo, 2017

Aniversario de la muerte del cardenal Franjo Kuharić


Homilía del cardenal arzobispo de Zagreb Josip Bozanić en la misa celebrada con motivo del vigésimo quinto aniversario de la muerte del cardenal arzobispo de Zagreb Franjo Kuharić en la Catedral de Zagreb el 11 de marzo de  2017.


¡Queridos hermanos y hermanas! 
1. Es una linda coincidencia que conmemoremos el vigésimo quinto aniversario de la muerte del cardenal Franjo Kuharić, arzobispo de Zagreb durante muchos años, en el ambiente litúrgico del Segundo Domingo de Cuaresma en el que en nuestro camino cuaresmal en el centro está el misterio de la Transfiguración. La muerte de Cristo, en la que nosotros también estamos sumergidos, y su resurrección, que transfigura nuestras vidas, nos llevan a una unidad indescriptible con Cristo en la gloria de la eternidad. En Cristo Jesús, que - según las palabras de san Pablo - ha abolido la muerte, pero ha arrojado luz sobre la vida y la incorrupción (Segunda Carta a Timoteo 1-10).
En la Palabra de Dios que hemos escuchado hoy, en dos ocasiones escuchamos la voz de Dios dirigida a los hombres. Primero Dios le dice a Abraham que salga de su tierra, de su tierra natal y de su hogar, y que se encamine hacia la tierra que Él le va a mostrar. Escuchar la Palabra de Dios conduce hacia la salida. La Palabra de Dios nos saca de todo lo que nos encierra: del pecado, del desaliento, de la tristeza. Para esa salida no es suficiente solamente nuestra voluntad e intención, sino que es necesaria también la misericordia de Dios que nos salva y que luego nos llama como apóstoles a escuchar al Hijo amado de Dios. Notamos que el Padre no nos llama a escuchar de un modo general y confuso, sino que nos dice: ¡Escúchenlo a Él, escuchen a Jesús! En eso está la gran diferencia entre la voz del Padre dirigida a Abraham y el llamado evangélico a los apóstoles, es decir a nosotros. La orientación hacia Cristo es la llave tanto del entendimiento como del vivir. Escucharlo a Él significa escuchar a Aquel que nos anunció el amor más grande y en el mismo entregó su vida por nosotros. Nuestro corazón en Jesús reconoce a Dios y a la Palabra de Dios que penetra profundamente y cambia nuestras vidas. Por esa Palabra Buena, suave, se nos da la bendición, para que seamos dichosos y seamos bendición para los demás. Si verdaderamente escuchamos a Cristo, la Palabra de Dios encarnada, nuestra vida se transforma en dicha, pues vivimos con un nuevo sentido en todas las situaciones de la vida: tanto en la pobreza como en el sufrimiento y en la tristeza. Nuestra vida se transfigura, a pesar de que las circunstancias externas sean las mismas. Sabemos bien que las situaciones de la vida se cambian despacio. Pero, al mismo tiempo, Cristo nos enseña, es más, nos llama, a que nuestro corazón, aceptando la Palabra de Dios, se pueda cambiar rápido. Esa aceptación cambia y transfigura nuestra mirada, nuestros sentimientos, y luego también nuestro comportamiento, toda nuestra vida.  
2. Obediente a su Padre, aceptando Su voluntad, Jesús está en camino hacia la Pasión. Esa es la imagen que los evangelistas dejan de Jesús y justamente esa imagen busca la experiencia de la transfiguración que les es regalada a los apóstoles. Jesús les manifiesta quien es él en verdad. Les muestra su unidad con el Padre. La transfiguración de Jesús es visible para Pedro, Santiago y Juan solamente un instante. Cuando los toca y los devuelve del estado en el que ven la gloria de Dios, Jesús está ante ellos sólo. No obstante, Jesús sigue teniendo la misma fuerza, la misma luz de su divinidad, la luz de la presencia de Dios y de su unidad con Él. Es consolador saber que nosotros también estamos envueltos en esa luz; ella está en nosotros, a pesar de que no la veamos en su esplendor total. Queridos hermanos y hermanas, mientras agradecemos a Dios por la vida y el servicio del siervo de Dios cardenal Franjo Kuharić, confesamos la verdad de la Transfiguración, la aceptación de la luz que muestra la verdad de la vida del Cardenal. Por eso con ustedes esta noche comparto los pensamientos sobre cuatro temas importantes que ligan nuestras circunstancias eclesiales y sociales en Croacia. Esos cuatro temas, aunque podría haber muchos más, muestran que el hombre que vive en la cercanía de Dios, que permanentemente procura ver el brillo del cielo, ve a largo alcance y testimonia la verdad. Esos cuatro temas son: el día del Señor, el comienzo de la vida humana, el misterio de la Iglesia y la relación hacia la Patria.
3. Deseándole bien a la sociedad croata y al Estado croata, como Iglesia sin cesar repetimos lo importante que es la relación hacia el domingo, como un día especial, el domingo que tiene que ver con los valores, con nuestro ser nacional, con nuestra cultura nacional. Insistimos en que eso no es ni exclusivamente ni principalmente una cuestión económica.  Eso tiene que ver con el alma de la gente croata y de la nación. El cardenal Kuharić sobre eso dice: "Mientras el cristianismo era la inspiración del trabajo y de la vida, se respetaba el día del Señor. Cuando los valores cristianos se entumecieron en la vida pública, y también en la vida personal, comenzaron a crearse sistemas de explotación no sólo en el capitalismo salvaje sino también en los nuevos sistemas de vida social, y aún también en la democracia". El Cardenal destaca claramente que hay procesos productivos y servicios tales que, por el bien común, no pueden interrumpir su trabajo y por eso ese trabajo es necesario valorarlo especialmente. "No obstante - continúa el Cardenal - hay empresas y negocios que no respetan eso. Se trata especialmente del campo comercial. Hasta publican avisos: '¡Nosotros trabajamos también los domingos!' Eso significa, no perdemos ni los domingos la ocasión de multiplicar nuestro dinero. Pero, ¿a costa de quién? A costa del hombre al que se le quita el día del Señor para el descanso del alma y del cuerpo. […] Todos los hombres están de acuerdo en que es necesario el día de descanso. No obstante, para el creyente cristiano el domingo no significa solamente el día de descanso. Es el día dedicado al Señor, el día para renovar la vida espiritual. Ese es el día del encuentro de la familia y de la comunidad creyente con Cristo Jesús".[1]  Queridos fieles, vemos como el hombre iluminado con la verdad de Dios, que es fuente de la mayor felicidad de las personas, ve cuan perjudicial es descuidar esas perspectivas, y cuan beneficioso es devolverle al domingo su sentido, para lo que se tienen que declarar no solamente los responsables en la vida política, sino las personas de todos los campos sociales, especialmente los intelectuales. Y al fin de cuentas eso también trae beneficios a la economía, porque hasta ahora no hemos visto ningún indicador real que demuestre que trabajar los domingos haya traído el más mínimo provecho financiero o algún otro. Al contrario, no respetar el domingo descompone a la familia y en consecuencia también a la comunidad social y estatal. El creyente cristiano en el domingo no ve un día común, sino un día que liga la tierra y el cielo, lo pasajero y lo eterno, el día que le pertenece al Señor, al Creador y amigo del hombre.
4. Últimamente en nuestra sociedad de debate nuevamente sobre el doloroso tema del aborto, enfrentándose obligatoriamente con la pregunta sobre cuándo empieza la vida humana, qué es la persona, qué valores hay que proteger. En todo es importante no omitir el punto de partida, y en verdad el mismo es que la vida es un regalo, un regalo de Dios, y no un producto del hombre. Cuántas veces sobre esos temas tan importantes habló y escribió el cardenal Kuharić. Hace diecisiete años su voz nos advertía así: "Todo hombre es por sí mismo un ser irrepetible. ¿Desde qué momento? Sobre eso se debate en grande… En la confusión actual sobre la cuestión del comienzo de la vida de la persona humana, en fuerte oposición a la afirmación de la Iglesia de que la vida del hombre comienza inmediatamente en el momento de la concepción y que es inviolable, es como si existiese una oposición organizada a través de los medios y de algunos postulados supuestamente ‘científicos’ totalmente superficiales. De esa manera se creó una mentalidad que el Papa (Juan Pablo II) con razón llama ‘cultura de la muerte’.[…] Es totalmente claro que en el seno de la mujer cobró vida un nuevo hombre que no es solamente un grumo de células, ni parte del cuerpo de la madre como si fuese algún tumor. En la concepción de todo hombre no son activos solamente los padres, sino que en el acontecimiento de ese secreto del comienzo humano interviene también el Creador de la vida. Dios crea el alma, espiritual e inmortal, que desde la concepción hasta la muerte es el fundamento de nuestra vida, no solamente de nuestra vida biológica, sino también del pensamiento, la voluntad, los sentimientos, con la capacidad de elegir y decidir que ordenan y determinan la vida del hombre. […] ¿Qué pasa con la conciencia de tantos asesinos ‘lujosos’? Quien mata la vida de un ser humano inocente, hace la guerra contra Dios y contra el hombre. Aunque no en el tiempo, en la eternidad va a descubrir que perdió la guerra”.[2]  Esa es una advertencia del cardenal Kuharić. A esa explicación no es necesario agregarle nada. El hombre iluminado por la luz de Dios interior y estimulado por la voz de la conciencia va a reconocer fácilmente la verdad sobre el comienzo de la vida humana en la concepción y la necesidad de que, a pesar de todas las complejidades, proteja esa vida. ¡Todo lo demás son excusas y sofismos que nos empujan a la perdición! El hombre transfigurado en el fruto apenas notable en el seno materno no ve solamente algún tejido corporal, sino el milagro de los milagros, el milagro de la vida que no nos ha sido dado a disposición, sino regalado al cuidado de nuestro amor.
5. Vivimos en el año de un acontecimiento extraordinario para la Iglesia de Zagreb, en el año del Segundo Sínodo de la Arquidiócesis de Zagreb. El mismo cardenal Kuharić en su tiempo planeó organizar el sínodo arquidiocesano. Queridos fieles, es una bendición que por el camino sinodal podamos concientizar nuestra eclesialidad; que descubramos la riqueza que nos ha sido regalada en la rica historia de la Iglesia y crezcamos hacia el Reino de Dios. Y cuando nos encontramos con distintas preguntas para las cuales no vemos enseguida soluciones claras, llevamos la confianza en el seno del misterio de la Iglesia que se manifiesta con la mayor fuerza en la Eucaristía dominical. Ella transfigura para la unión que no está construida sobre los intereses y los egoísmos. Por eso es valioso sobre eso escuchar algún fragmento del pensamiento del cardenal Kuharić al quien lo inspiraba especialmente la imagen de la Iglesia de todos los creyentes, poniendo el acento en los laicos. Él dice:
"El creyente en el Parlamento, el creyente en el Ministerio, el creyente en el laboratorio, en la cátedra, él hace presente a la Iglesia, no como poder, sino como valor; él, con su actuación, su honestidad, su moralidad, sencillamente hace presente el sano testimonio creyente, no para que él gobierne sobre los otros, sino para iluminar a los otros con su ejemplo. […] Todo creyente está llamado a ser luz allí donde vive: sea profesor, maestro, médico, diputado. […] Ese esa es la vocación del laico, ese es el apostolado laico: que sean creyentes formados que saben su trabajo, que son expertos, conscientes y que de esa manera curan a la sociedad de la deshonestidad, del egoísmo, del soborno, del engaño de la ley y de la justicia"[3], dice el cardenal  Kuharić. Queridos hermanos y hermanas, el creyente no ve en la Iglesia solamente una organización humana, una realidad política, un valor cultural, sino el misterio de la unidad de Dios y los hombres por Cristo Jesús, en quien somos renacidos, transfigurados a una nueva vida, cuyo Cuerpo somos todos nosotros los creyentes, viviendo la santidad de la Iglesia en nuestra pecaminosidad humana, llevados por la intercesión y el ejemplo de los santos.
6. Estamos llamados a vivir nuestra vocación cristiana en las circunstancias históricas concretas, las relaciones personales y sociales, marcadas con nuestro hogar y nuestra Patria, nuestro idioma y nuestra cultura. Nos alegra el ser herederos de numerosos testigos de la fe en nuestra querida Patria Croacia. No obstante, no siempre es fácil llevar las heridas de la historia: las injusticias, la violencia, la negación de la verdad. Y con qué fuerza solamente sentimos eso cuando estuvimos expuestos a las conquistas de guerra. Es bien sabido cuanto hizo el cardenal Kuharić a favor de la libertad y los derechos del pueblo croata antes de la caída del régimen comunista. Y que siguió haciendo lo mismo en los difíciles días posteriores al logro de la independencia para que el joven Estado desprotegido sea reconocido internacionalmente en medio del plan inmisericorde para ser destruido. Justamente en los días de la más cruel destrucción de la Patria croata, en noviembre de 1991, en una entrevista para el semanario “La Voz del Concilio”, el Cardenal dice: "El pueblo croata y Croacia en este espacio no están desde ayer. Aquí se escribió la historia con ese nombre ya hace casi catorce siglos; Croacia a través de los siglos vivió en el círculo de los Estados y pueblos europeos. […] Yugoslavia en la historia más que milenaria del pueblo croata fue un episodio corto, aunque angustioso y difícil por la experiencia de la desigualdad y las distintas formas de opresión.”[4] Inmediatamente después del reconocimiento internacional de Croacia en una entrevista el Cardenal dijo: "Eso fue un totalitarismo, que se basa en la fuerza, no en los argumentos, no en tratar de convencer, no en discusiones con algún pensamiento diferente. […] Ese sistema no se sostuvo sobre la democracia en la que cualquiera puede ofrecer algún programa suyo, sino que se basó en la fuerza. Y el silencio impuesto. Y ahí hubo que excluir a aquellos que levantan la voz en nombre de la fe, y al fin en nombre de Dios. […] Ese fue un programa de destrucción de un mundo espiritual para que supuestamente pudiese existir un mundo diferente”.[5]
7. Queridos fieles, también en las actuales circunstancias, en el camino hacia la canonización del beato Alojzije Stepinac, volvemos a las palabras del cardenal Kuharić que descubren mucho y suenan frescas: En su homilía del 10 de febrero de 1991, alrededor de un año antes del reconocimiento internacional, nos dijo: "En la persecución del Siervo de Dios Alojzije Stepinac no jugaron un papel solamente los motivos ideológicos por las posturas antirreligiosas de un determinado gobierno totalitario; se trató también de su patriotismo. Cuando reflexionamos sobre eso en la situación actual, la cosa nos resulta  aún más clara. ¿Acaso no se expandió justamente en el último tiempo contra el pueblo croata una oposición tan fuerte y una propaganda tan fuerte para declarar genocida al pueblo croata, tan malvado que en realidad no tendría ningún derecho a vivir? El odio creció hasta tal medida que se llama a la violencia contra Croacia y contra el gobierno democrático croata. Pero, ¿por qué? Porque el pueblo croata considera un derecho suyo  inalienable ser igual a los otros pueblos, ser libre en su soberanía, vivir tranquilo en su conciencia estatal más que milenaria, cooperar con los otros sin ninguna presión y opresión de cualquier parte. Eso es un derecho de todo pueblo en la Tierra, y ese derecho está garantizado en todas las declaraciones internacionales pues solamente en el respeto de ese derecho se puede construir la paz entre los pueblos”[6], son las palabras del siervo de Dios cardenal Franjo. Hermanos y hermanas, nosotros los creyentes, que deseamos vivir en la luz de la Transfiguración, miramos a la Patria como a un regalo. En nuestra preocupación por ella como regalo, tenemos que aportar al ordenamiento del Estado croata, conscientes de todos los sacrificios y sufrimientos ofrecidos. Y no nos da lo mismo si alguien pisotea ese sacrificio, porque aquello que el pueblo croata sufrió durante los últimos decenios no debe ser burlado ni despreciado. Una relación humillante hacia ese precio no puede ser justificada con una especie literaria de sátira, ironía o metáfora. Y para el tiempo de la Guerra Patria es necesaria la luz fuerte de la verdad, justamente como es necesaria también para el tiempo del régimen comunista, porque la ofensa del sufrimiento croata crece de las mismas inspiraciones y tiene las mismas raíces.
8. Queridos hermanos y hermanas, estamos en el camino cuaresmal de la propia conversión orando para que Dios nos penetre con la luz del cielo, para que sintamos la gracia de la cercanía de Cristo, pidiendo misericordia y fidelidad. Quise en esta santa Misa, en la que recordamos al siervo de Dios cardenal Franjo Kuharić, rezando por él y encomendándonos a él, que nos inspiremos en los mensajes, indicaciones y recomendaciones de nuestro admirado difunto Arzobispo. Creemos que con sus oraciones nos acompaña el cardenal Franjo, un hombre humilde que seguramente es grande en el Reino de los Cielos, un hombre de los Mandamientos de la Ley de Dios y de Su cercanía. El hombre que es tocado y transfigurado  por la gracia del perdón de Dios ve cuanto le regaló Dios, ve su vida del otro lado del límite de la muerte y ve las necesidades de las otras personas a las que les puede salir al encuentro. Que en ese camino nos fortalezcan nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María, y el beato Alojzije Stepinac. Amén.



[1] (Pronunciado el 8 de marzo de 2000., publicado en: “Cardenal Franjo Kuharić, la Ley de la Vida y de la Libertad. Reflexiones sobre los Diez Mandamientos de la Ley de Dios”, Zagreb, semanario católico “La Voz del Concilio”, año 2001, pág. 72-73).
[2] (Pronunciado el 8 de marzo de 2000., publicado en: “Cardenal Franjo Kuharić, la Ley de la Vida y de la Libertad. Reflexiones sobre los Diez Mandamientos de la Ley de Dios”, Zagreb, semanario católico “La Voz del Concilio”, año 2001, pág. 110-113).
[3] (Abril de 1994, citado según: “Franjo cardenal Kuharić, Los principios del bien”, semanario católico “La voz del Concilio”, Zagreb, año 1996, pág. 133-134).
[4] (20 de noviembre de 1991, citado según: “Franjo cardenal Kuharić, Los principios del bien”, semanario católico “La Voz del Concilio”, Zagreb, año 1996, pág. 115).
[5] (7 de febrero de 1992, citado según: “Franjo cardenal Kuharić, Los principios del bien”, semanario católico “La Voz del Concilio”, Zagreb, año 1996, pág. 59).
[6] (Franjo cardenal Kuharić, “Mensajes desde la tumba de Stepinac”, Zagreb, año 1995, pág. 189).

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