14 mayo, 2017

La generación de Bleiburg



Lo máximo que dio la ideología yugoslava fue la liquidación física de uno de los pueblos “yugoslavos”, el pueblo croata, a manos de otro de los pueblos “yugoslavos”, el pueblo serbio, para que el Estado  yugoslavo pueda existir. La sangre de la Tragedia de Bleiburg demostró que el verdadero culpable de la destrucción mutua entre los croatas y los serbios fue la ideología yugoslava. 
Después de la matanza de los croatas en Bleiburg, para nosotros los croatas la lucha por la libertad se transformó en una cuestión personal, pues desde entonces no se trató más de una cuestión teórica sobre los derechos del pueblo croata, sino de una cuestión personal y concreta, porque prácticamente no hay croatas que no hayan perdido a algún miembro de su familia, pariente o amigo en esa Tragedia. Después de la Tragedia de Bleiburg la lucha contra Yugoslavia, que hasta entonces era una cuestión ideológica y económica, se transformó también en una cuestión biológica, una cuestión de supervivencia. Después de la Tragedia de Bleiburg en la Yugoslavia de Tito no eran “culpables” solamente quienes se animaban a defender los ideales e intereses del pueblo croata, sino también los ciudadanos comunes y por el solo hecho de ser croatas. En esa “culpa” colectiva, que la Yugoslavia de Tito utilizaba para justificar la matanza en Bleiburg, cayó la ideología yugoslava y con ella toda posibilidad de existencia del Estado yugoslavo, porque las familias, parientes y amigos de los “culpables”, o sea de las víctimas, no podían  abrazar la ideología en nombre de la cual sus seres queridos fueron asesinados o condenados y, como es sabido, sin una ideología común ningún Estado puede sobrevivir, tampoco el Estado yugoslavo. La Tragedia de Bleiburg demostró definitivamente la inviabilidad del Estado yugoslavo y aunque apoyado por la comunidad internacional duró 45 años más, se disolvió y desapareció, sin pena ni gloria, en un nuevo baño de sangre.

 Después de la matanza de Bleiburg los croatas tenemos que aceptar de una vez y para siempre que Occidente no nos va a defender solamente porque le pertenezcamos. A los que tienen memoria floja hay que recordarles que en 1990 Occidente nos abandonó a nuestro propio destino cuando Croacia estaba desarmada y los serbios decidieron agredirla nuevamente, para salvar el Estado yugoslavo primero y luego transformarlo abiertamente en el Estado serbio. En 1945 y 1990 quedaron sepultadas todas las posibilidades de vivir en un Estado común con los serbios. Si en 1945 nació el realismo político croata y ese realismo se confirmó en 1990, el sacrificio de una multitud de croatas no habrá sido en vano.     

A la generación de Bleiburg se la caracteriza como nacionalista, y lo es,  pero no desde el punto de vista político europeo o identificando ese nacionalismo con algún sistema o ideología europea. Fue nacionalista desde el punto de vista croata, y eso es lo que importa, porque solamente desde la óptica croata se pueden considerar los hechos importantes en la vida nacional croata. No hay que decir esto pensando en la mal llamada comunidad internacional, hay que decirlo sinceramente, para conocernos mejor nosotros mismos y afirmarnos espiritualmente. La generación masacrada en Bleiburg se caracterizó por el amor a la libertad del pueblo croata y por su convencimiento de que el pueblo croata podía ser feliz solamente si vive libre en su propio Estado. Por ese ideal la juventud de esa generación fue voluntariamente a la guerra y cumplió con su deber hasta el final. 
El nacionalismo de la generación de Bleiburg no fue un endiosamiento del Estado, como lo fue el fascismo italiano, ni un endiosamiento de la rasa, como fue el nacional-socialismo alemán, sino que llevaba en su interior profundo una serie de valores, una síntesis de vivencias espirituales y experiencias del pueblo croata, como por ejemplo los sentimientos religiosos tradicionales, la visión económico-social moderna y solidaria al mismo tiempo y muchas cosas más y eso a pesar de todas las graves consecuencias que dejaron las distintas dominaciones extranjeras que ejercieron violencia sobre el pueblo croata durante siglos.  

Después de la matanza de Bleiburg el pueblo croata debe entender que nadie lo va a proteger en nombre de los ideales universales, que se debe proteger solo, que la mal llamada comunidad internacional no va a apreciar el aporte del pueblo croata si éste es solamente consecuencia de una coincidencia ideológica y si lo va a apreciar es fruto de un acuerdo por el cual al pueblo croata se le garantizan los derechos nacionales fundamentales. La enseñanza de la Tragedia de Bleiburg es que el anticomunismo que compartía con Occidente no alcanzó para salvar al pueblo de la matanza, que eran necesarios también otros motivos. La generación masacrada en Bleiburg pensaba que Europa Occidental era la encarnación del bien y Europa Oriental del mal y que había que defender a Europa Occidental del enemigo que era Europa Oriental. Pensaba que Europa Oriental era comunista porque el comunismo allí gobernaba pero se olvidaba que la ideología comunista surgió en Europa Occidental. Pensaba que Europa Oriental era materialista pero se olvidaba que Europa Occidental era mucho más materialista, y también hoy lo es. Pensaba inocentemente que Occidente apreciaría el anticomunismo croata y por eso nos iba a perdonar la alianza circunstancial con Italia y Alemania.
Si de la generación de Bleiburg rescatamos el amor por la libertad del pueblo croata y la disposición a sacrificarse y nos liberamos de la inocencia política, las nuevas generaciones, aunque educadas en la cruda realidad de la dictadura comunista, pueden darle a la lucha política croata el realismo necesario para lograr el éxito. En ese caso la Tragedia de Bleiburg será una escuela que nuestro pueblo pagó muy caro pero le va a servir para independizarse definitivamente. 

La memoria colectiva del pueblo croata se alimenta con hechos, algunos sirven para afirmarnos, pero otros, aunque sean dolorosos, no se deben callar. Hoy miramos hacia el pasado y recordamos la Tragedia de Bleiburg, que sucedió cuando la Segunda Guerra Mundial ya había terminado y contó con la anuencia tácita de quienes la pudieron impedir. Dejó heridas profundas y consecuencias  graves que se reflejaron negativamente en la sociedad croata. No obstante, y a pesar de los gravísimos pecados contra la vida y la dignidad humana, es una oportunidad para que rectifiquemos nuestros errores y para que en la construcción de nuestro presente y nuestro futuro aceptemos la enseñanza que nos ofrece nuestra historia. Porque no recordamos por recordar, sino para purificar nuestra memoria histórica y transformarla en fuente de sabiduría, reconciliación y esperanza. 
Consideramos que la reconciliación entre los croatas es necesaria pero también que debe producirse sobre la verdad, la justicia y la libertad, en un ambiente de misericordia y amor, para que nos sirva de estímulo, pero no incluimos  en la reconciliación la impunidad que debilita el valor de la justicia ni la venganza que crea nuevas divisiones y enfrentamientos. Mirar hacia el pasado nos debe ayudar a crecer en nuestra dignidad humana y a comprometernos a construir una patria en la que reine la paz entre nosotros. Si aceptamos la historia como maestra de vida, vamos a poder vivir en un ambiente de respeto a la ley, afirmar nuestro Estado y sus instituciones y la democracia sobre los valores de la verdad y la vida, la justicia y la solidaridad, el amor y la paz.

Mate Simic, desde Zagreb

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