13 agosto, 2017

60 aniversario de la Capilla Franciscana Croata de Miramar

60 aniversario de la Capilla Franciscana Croata de Miramar
Discurso del Lic. Cristian Sprljan


La muestra fotográfica “Historia de la Inmigración Croata en Argentina”, surgió con el objetivo de mostrar y contar la identidad, el trabajo y la cultura de los inmigrantes croatas que llegaron y se asentaron en nuestro país. Las fotos, buscan representar el aporte de esta colectividad en un recorrido de más de 100 años. 

Cuenta, además, con infografías que ayudan a contextualizar al inmigrante croata, conocer con qué pasaporte llegaron al país según el año de arribo, los motivos que los llevaron a dejar su tierra, saber cuáles eran sus oficios y demás información destinada a orientar e informar al público que la visite. Esta presentación cuenta con el apoyo de la Embajada de la República de Croacia en Argentina, la Unión de Asociaciones Croatas de la República Argentina (UACRA), LA FUNDACION PARA LA EMIGRACION CROATA y el Archivo Nacional Croata, entre otras instituciones.
La muestra, está a disposición de todos los croatas de Argentina y tiene como objetivo recorrer todo el país, visitando aquellos pueblos y ciudades donde se encuentre una comunidad dispuesta a recibirla.
Y es por esto que llegó a Miramar. Porque hablar de la Capilla de los Franciscanos Croatas de Miramar, es hablar de uno de los hitos de la rica historia de la inmigración croata en la Argentina
A lo largo de más de un siglo y de tres grandes oleadas migratorias, los croatas encontraron en la Argentina una patria que les dio pan, paz y trabajo
La primera oleada migratoria masiva comenzó a fines del siglo XIX hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. De este grupo arribaron algunos de los más reconocidos inmigrantes croatas como los hermanos Nikola y Miguel Mihanović, fundadores de la flota mercante Argentina; o Juan Vučetić, quien descubrió el sistema dactiloscópico, aquel por el cual sabemos que no hay dos huellas iguales, invento por el cual la Argentina es reconocida en todo el mundo.
La segunda ola llegó posterior a la Primer Guerra Mundial. Fue en la década del ’20 que 40 mil inmigrantes croatas llegaron a nuestras playas. Estuvieron los que se asentaron en las grandes ciudades y quienes migraron por todo el país. Trabajaron la tierra en la pampa gringa, recogieron algodón en el Chaco, participaron de la vendimia de Cuyo, abrieron caminos en el norte y hasta trabajaron en las torres petroleras en la Patagonia.
De la última ola se están cumpliendo 70 años. Fue luego de la Segunda Guerra Mundial que croatas exiliados, que habían perdido su patria, llegaron a nuestro país principalmente en los años 1947, 1948 y 1949. Llegaban desde campos de refugiados de Italia y Austria, y encontraron en la Argentina, la libertad que en su propia tierra no tenían.

La presencia de los Franciscanos croatas en la Argentina se remonta a 1929 cuando llegó a Buenos Aires Fray Leonard Rušković para asistir espiritualmente, a una cada vez más populosa colectividad croata. Es importante decir, que aquí en Miramar, es donde se encuentra una biblia que le perteneció a él y que fuera publicada hace más de 100 años. Esta biblia, junto a un centenar de libros en idioma croata, latín, italiano, francés y español, son algunas de las joyas que pudo rescatar la Cooperativa de Eléctrica y de Servicios de Miramar, junto a la puesta en valor de esta capilla.
Y así fue que estos Franciscanos se organizaron para ayudar a quienes llegaban con las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Luego de peregrinar por Europa durante 3 años, se
encontraban en una nueva tierra con todas las dificultades que esto representaba.
Su misión fue colaborar con la educación y la crianza de los hijos de estos nuevos inmigrantes. Estos niños eran en parte nacidos en Croacia. Otros habían nacido en campos de refugiados de la segunda postguerra tanto en Austria como en Italia. También había quienes nacieron ya en territorio argentino. Había quienes eran huérfanos. Pero no obstante, la mayoría tenía a sus padres quienes habían emigrado y poco a poco hacían pie en la sociedad Argentina. Los niños eran enviados aquí porque sus progenitores tenían que trabajar y les resultaba muy difícil darles una buena educación.
El primer hogar que los recibió fue la localidad Santafecina de Chovet, donde la mitad de su población es de origen croata. Allí se estableció el primer “Hogar para niños San Antonio”.

La historia de la capilla y el internado como tales comienza en 1952, cuando el inmigrante croata Martin Hum dueño del hotel “Córdoba” de Miramar toma contacto e invita
a los padres franciscanos. Hum que no tenía hijos, decidió donar su hotel para que los padres continuaran con su obra.
Al comienzo la disciplina era muy estricta. La gran mayoría de los niños vivían en Buenos Aires y el tiempo que pasaban en Miramar lo vivían apartados del mundo, sin recibir
más noticias que alguna carta o paquete que llegaba de los padres.
El día comenzaba a las 6 de la mañana. Se vestía y dejaba lista la cama y se celebraba una misa antes de desayunar. Luego se esperaba el carro tirado a caballos llamado “Jardinera”
que los trasladaba a la escuela nacional Nº 374, que actualmente se llama Joaquín V. Gonzalez y se encontraba en un sector rural. Allí los niños de Miramar junto a los niños croatas compartían el aula.
Los sacerdotes no cobraban y se subsistían con el apoyo del aporte de croatas y de la comunidad de Miramar.
Cuenta la leyenda que fue el padre Blaž Štefanić, quien junto al intelectual prof. Ilija Jurić, redactó el libro “Comunismo sin máscaras” y que la venta de este libro por toda
Latinoamérica se utilizó para financiar la construcción de la “Capilla San Antonio” que fuera terminada en 1957.
Pasaron décadas, pero aún hoy se recuerda a Padres Franciscanos como Job Mikulić, Gabrijel Arko, Živko “Vidal” Žic y Vlaho Margetić, o a los rigurosos Urban y Blaž Štefanić, el trato campechano de padre Lino Pedišić, o la excelente voz de Padre Alejando Longhi; y alguno con picardía recordará a un joven Padre Stjepan Gregov jugando a la siesta en algún picado con la sotana arremangada.
Pero no quiero finalizar estas palabras sin realizar una observación, que va más allá de lo histórico y anecdótico.
Hay algo más que nos une a Miramar y a los croatas. Algo que nos conecta en nuestro pasado y en nuestro destino. Y esto es, ni más ni menos, que la capacidad de sobrevivir a lo largo de nuestra historia.
En su milenaria historia, la Nación Croata estuvo a punto de desaparecer en varias ocasiones.
Imperios, reyezuelos e ideologías quisieron borrar a Croacia del mapa. Pero siempre hubo héroes, de los que quedan en la historia y de los anónimos, que salvaron a la patria.
De igual modo, Miramar en varias oportunidades estuvo a punto de ser tragada por las aguas.
Y fueron sus vecinos, los que se convirtieron en un muro, y no hubo mar que pudiera con tanta pasión y obstinación.
Y aquí estamos. De pie, juntos, con la frente en alto; con el derecho y la obligación de buscar nuestro lugar en el mundo.
Tal vez no sea solo una coincidencia y sea un destino el que nos une.
Muchas gracias.

Texto y fotos: Lic. Cristian Šprljan
6 de agosto de 2017

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