06 septiembre, 2017

Homilía Monseñor Živković en Ludbreg


Homilía de monseñor Egidije Ivan Živković, obispo austriaco de la colectividad croata de Gradišće, pronunciada en el Santuario de la Preciosísima Sangre de Cristo en la localidad croata de Ludbreg el domingo 3 de septiembre de 2017.

Queridos hermanos y hermanas y devotos de la Preciosísima Sangre de Cristo:
Permítanme que al comienzo de esta homilía agradezca la invitación y salude al amigo y anfitrión y obispo de Varaždin monseñor Josip Mrzljak, hermano en el episcopado y rector del Santuario, y a los sacerdotes, religiosos y religiosas, diáconos, seminaristas. Me es grato saludar a los representantes de las instituciones políticas y
culturales con el presidente del Parlamento croata al frente, a los diputados, al gobernador y a los alcaldes y a ustedes policías y soldados. Saludo especialmente a los medios, que van a transmitir mi palabra a los ancianos y enfermos y a los hombres de buena voluntad que me escuchan y ven a través de la Radio y la Televisión Croata. Me dirijo afectuosamente a ustedes, queridos fieles, debido a quienes he venido desde Gradišće y desde la diócesis de Eisenstad para dirigirles la palabra de Dios, a los jóvenes y a los ancianos. Rindo honor especialmente a los defensores (ex combatientes), a los inválidos y a los caídos en todas las guerras que dieron su sangre por la paz y la libertad: del hombre, del pueblo y de la Patria.
Le pregunté a vuestro obispo Josip sobre qué tendría que predicar hoy. Me dijo: Egidije eres libre, habla de lo que quieras pero no cuanto quieras. Me voy a esforzar por ser breve para cumplir con el deseo del obispo que seguramente es también el vuestro. Mirando la festividad de hoy y este Santuario de Ludbreg decidí reflexionar con ustedes sobre la sangre: sobre la sangre humana, sobre la Sangre Eucarística Divina de Cristo y sobre la sangre de los mártires y defensores (ex combatientes) con la que como cristianos damos testimonio en este mundo. Yo, como croata de Gradišće[1], de décimo octava generación, cuyo pueblo hace 500 años por razones de fuerza mayor se fue de Croacia, no me lo tomen a mal, voy a hablar también de mi antigua Patria Croacia, porque hoy ustedes van a sentir también en mí que “La sangre no es agua”.

[1] El obispo Egidije Živković es descendiente de croatas de Gradišće (Austria), adonde los croatas emigraron hace 500 años ante el avance otomano. Aun hoy conservan el idioma y las costumbres croatas y el lazo con la Madre Patria. .


Cuando me transformé en obispo de Gradišće un médico me contó que una abuela vino a él con un pedido. Él le preguntó: ¿qué problema de salud tiene, abuela? Ella le respondió: ¿sabe qué?, tenemos a un nuevo obispo pero no lo puedo ver bien porque se me mezcla todo en la cabeza, en lugar de ver a uno en el altar veo a dos, aunque uso anteojos. El médico le hizo un análisis de sangre y le dijo que tenía colesterol muy alto en la sangre. La abuela le preguntó qué es eso y como se cura la sangre. El médico le contestó así: no tienes que comer chorizo, jamón y panceta para poder ver mejor. La abuela pensó brevemente y aún más brevemente le contestó: sabes qué, señor doctor, yo decidí seguir comiendo chorizo, jamón y panceta aunque nunca pueda ver con mis ojos al obispo.
Queridos hermanos: permítanme hacerles una pregunta a todos ustedes. ¿Saben ustedes cuál es su grupo sanguíneo, si es el grupo A, B, AB, o 0? Seguro que entre ustedes hay del grupo A, B, AB y 0. ¿Y por qué les pregunté eso? Cerca del edificio de mi diócesis los religiosos tienen un hospital. Cuando fui a visitar a los enfermos, en la puerta del hospital se escuchó la sirena de urgencia. Trajeron a un joven herido en un accidente de tránsito. Ví las corridas de los médicos y las enfermeras. Escuché gritos: sangra, sangra, se muere, se muere. Los médicos gritaban que preparen la sangre. Corrí hasta el médico y le dije que mi grupo sanguíneo era “0”[1]y que estaba dispuesto a donar sangre para que salvemos esa vida joven. El médico aceptó con agrado la donación. Más tarde pregunté, el joven fue salvado y no murió. Este ejemplo nos dice lo importante que es saber a qué grupo sanguíneo pertenecemos, pues como ven la sangre decide sobre la vida y la muerte.

La sangre en todas las culturas del mundo es signo de vida. Todos nosotros en la vida sangramos al menos una vez. En nuestra lengua dicen que la sangre es sinónimo del alma que es la esencia de nuestra vida. Escuchamos las palabras: parentesco de sangre, juramento de sangre, enemigos de sangre. Tenemos también ejemplos negativos en la historia donde los racistas y nacionalistas - ante todo los nacionalsocialistas - abusaron de la sangre y con ella propagaron teorías criminales con el fin de que en nombre de la raza y de la nación se derramara la sangre inocente. La sangre humana en el laboratorio nos dice algo totalmente distinto. Cada uno de nosotros es único con su grupo sanguíneo y podemos dar la sangre a otros y también recibirla de otros pues en la enfermedad y en la desgracia justamente es la sangre la que decide sobre la vida y la muerte.                                                                    
La festividad de hoy de la Preciosísima Sangre de Cristo no es solamente el cuidado de la tradición. La muerte de Jesús fue un giro radical de todas las imágenes sobre Dios en la humanidad. Dios, que ama al hombre, en Cristo se transformó en nuestro hermano y servidor que se humilló todo hasta la muerte en la cruz dando su cuerpo y su sangre por el hombre. Con eso expresó su amor que aún desde la cruz perdona y reza por sus enemigos. ¿Qué amor? Con las manos crucificadas: sangrar por los otros, gritar de dolor y orar por los enemigos. Esa es la fuerza de la cruz y el camino de los creyentes. Por eso Jesús dijo en el evangelio de hoy: “
Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros“. (Lc 22, 20) Él permanentemente se nos ofrece y se nos da diciendo: ¡Tomen y coman todos de él! ¡Tomen y beban! Con mi cuerpo los voy a redimir. Con mi sangre voy a lavar vuestros pecados. Hagan siempre esto en memoria mía y para salvación de ustedes. Cristo se nos da como a los apóstoles: “Tomen mi sangre y repártanla entre ustedes. Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros.” (Lc 22,14-20). Ábrele a Cristo la puerta de tu alma a través de la oración sincera. Ábrele hoy a Cristo tu corazón herido y que llora.
La Sangre de Cristo es signo de fe, de entrega y regalo por la muerte en la cruz. La Sangre de Cristo es signo de unidad de la Iglesia por la sala de la Última Cena y por el milagro en Ludbreg[2]. La Sangre de Cristo nos llama a nosotros los cristianos a dar testimonio en la sociedad en la que los mártires derraman su sangre inocente. Hermanos, no van a poder  reconocer a Cristo ni en ustedes mismos ni en los otros si no participan de la Eucaristía - la Santa Misa en la que Cristo se regala al hombre a través de su Santísimo Cuerpo y Sangre. El poder de la Eucaristía es cada vez un nuevo milagro en la consagración, de la que a veces dudan hasta los mismos sacerdotes como dudó aquel sacerdote de Ludbreg. Ella reúne a las familias, a las parroquias y a los pueblos en el banquete del amor en el que se encuentran Dios y el hombre. 


[1] El grupo 0 (donante universal)
[2] El milagro eucarístico de Ludbreg: la tradición oral, pues no hay documentos escritos, dice que en 1411 en la capilla del palacio Batthyany en la localidad de Ludbreg durante la misa el sacerdote dudó seriamente de la realidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Después de la elevación y la consagración, cuando sobre el pan y el vino se pronuncian las palabras de Jesús: “Este es mi cuerpo – Esta es mi sangre”, en el cáliz, después de partir la hostia en tres partes, el sacerdote vio sangre verdadera. Asustado y horrorizado, puso el líquido del cáliz en un recipiente de vidrio, lo escondió y calló sobre ese hecho casi hasta el fin de su vida cuando ya moribundo le entregó la ampolla con el líquido a sus hermanos sacerdotesen la iglesia parroquial de la Santísima Trinidad. La voz sobre eso se extendió rápidamente por toda la zona y la gente cada vez en mayor número comenzó a peregrinar a Ludbreg donde desde entonces comenzaron a suceder curaciones milagrosas por invocación dela Preciosísima Sangre de Cristo. El papa León X el año 1513 editó una bula en la cual ordenó que el domingo  anterior al recordatorio del nacimiento de la Santísima Virgen María la reliquia se exponga al pueblo para la devoción y la adoración. 

Mientras venía hacia aquí te pisé tan dignamente, paso por paso, tierra croata, porque sé que en cada paso estás empapada con la sangre de los mártires. Pero, Patria mía, no debes ser  prisionera de tu pasado, aunque te crucificaban hasta la sangre y te maltrataban casi hasta la muerte total. Recuerden los tiempos pasados en los que se mentía, se asesinaba y se montaban procesos como aquel contra el beato cardenal Alojzije Stepinac y contra otros. Se inventaban acusaciones falsas y condenas sangrientas hasta la muerte, que a Stepinac, cuando le envenenaron la sangre, le hicieron aún más grande el martirio con el que prácticamente ya es declarado santo. Me alegro por ese día y sé que ya está en la puerta de la Iglesia.[1] ¡Tengan paciencia! ¡Nosotros ya tenemos al santo! ¡Eso va a ser significativo y majestuoso para nuestro pueblo, para la Iglesia en Croacia y para nuestra Patria! ¿Qué tenemos que hacer ahora en nuestro tiempo y en nuestra sociedad como individuos y como pueblo? Croacia hoy lo que más necesita es unidad y diálogo. El diálogo en Croacia hay que cambiarlo fundamentalmente: con ayuno, oración y perdonando. Las relaciones negativas en la sociedad envenenan al hombre, a la familia, al pueblo y a la Iglesia. Busquen la unidad, el diálogo y el compromiso, que en nosotros - en todo cristiano y ciudadano - circule sangre sana.
Ludbreg, en cuya pared descansa la Sangre de Cristo, es una prueba viviente de que las paredes no callan. Si las paredes no callan, ¿por qué callas tú, pueblo croata? En nuestro pueblo fueron asesinadas miles de personas inocentes y los responsables vergonzosamente apenas si pronuncian alguna palabra. Hermanos, a hablar nos comprometen: la sangre de los mártires, el llanto de los niños inocentes, el gemido de las mujeres violadas y las madres asesinadas, el grito de los soldados torturados que solamente defendieron su Patria. Pasó una guerra y nada[2]. Los comunistas callan porque sus manos están ensangrentadas, pero pasó otra guerra[3] y ahora callan los humanistas. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? ¡Guíense por el principio del perdón, y ustedes los que torturaron y asesinaron a sus compatriotas comiencen el arrepentimiento. 
La sangre no es agua que podemos volcar fácilmente, pisotear y olvidar. Toda sangre de la cruz y el sufrimiento de una persona inocente finalmente debe vivir su justicia y ser declarada al menos mártir. Esa sangre está en la tierra, en las fosas y ríos, pero también en las paredes de los campos de concentración y las cárceles. Hermanos, esa sangre todavía está en las manos y en las almas de los asesinos que aún viven. Personas con las manos ensangrentadas que son producto de una ideología ensangrentada no pueden conducir noblemente a este pueblo y a Croacia. Díganles: ¡Alto! ¡Alto! Europa dijo eso ya hace mucho tiempo. ¡Déjense conducir por aquellos que tienen las manos limpias! ¡Denle a los jóvenes la oportunidad! ¡Denle a los sabios la política! ¡Denles de ustedes mismos a los más pobres la riqueza de esta tierra! ¡Dejen de ocuparse de las placas de piedra y de lata y el secularismo y ocúpense de los corazones humanos y del optimismo![4] Los valores y símbolos de la Guerra Patria no se deben arrancar de los fundamentos de Croacia libre y democrática. Sigan estando listos para defender con decisión aquello que se consiguió con sangre tan difícilmente. Estén siempre listos para la Patria, tanto la terrenal como la celestial. 


[1] Se refiere al día de la canonización del cardenal Stepinac
[2] La Segunda Guerra Mundial (1941-1945)
[3] La Guerra Patria (1991-1995)
[4] El obispo se refiere al actual debate por la placa de piedra que los nostálgicos de la Yugoslavia comunista y granserbia quieren eliminar en la ciudad de Jasenovac porque en la misma, debajo de los nombres de  11 ex combatientes croatas caídos en la Guerra Patria,  figura un saludo que usaban los nacionalistas croatas en la Segunda Guerra mundial;  y también a las placas de lata en la Plaza del Mariscal Tito a la que el Gobierno de la Ciudad de Zagreb decidió cambiarle el nombre y llamarla Plaza República de Croacia.   


 Finalmente les ruego en nombre de la Sangre de Cristo: no miren en su sociedad quién pertenece al grupo sanguíneo A, B, AB o 0. Miren solamente quién tiene RH positivo o negativo[1]. Solamente tienen que mirar bien quienes en la República de Croacia son positivos y negativos. No se dediquen a ver quién es de qué nacionalidad por su sangre, pero cuídense bien de los parásitos que envenenan la sangre sana en la sociedad, en el pueblo y en la Patria. No se entretengan más con el pasado sucio, vivan el presente y luchen por el futuro. No se dividan, porque la diversidad es don de Dios. Dejen el pasado en manos de los jueces y los historiadores. Todo el que nació aquí tiene derecho a vivir aquí pero también tiene que querer a la Patria como a una madre y no como a una madrastra. No se creen enemigos porque como leímos hoy en la Carta a los Efesios Cristo “por medio de la cruz destruyó la enemistad en su persona” y luego en todos nosotros. (Ef 13-12).
Políticos y responsables en la sociedad, les pregunto como hombre europeo neutral: ¿cuándo van a tener la valentía de poner la lustración[2] ante los ojos de Croacia y la cara de Europa? No pueden vivir y trabajar en la enemistad permanente. Con razón el pueblo y los defensores (ex combatientes) os consideran responsables de las divisiones en esta tierra. La gente justificadamente sospecha que ustedes protegen a aquellos que tienen las manos ensangrentadas y los dedos sucios. ¡No hay paz verdadera ni reconciliación sin el principio cristiano y humano de justicia y verdad! Me contó un médico forense croata que en las paredes de las cárceles comunistas y los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial encontró en las paredes, escondida bajo la pintura, sangre de los mártires asesinados. Sí. Le juró la tierra al cielo que todos los secretos serían revelados[3]. A Jesús lo mataron pero hasta también en la pared de la iglesia de Ludbreg quedó Su Sangre Eucarística viva. Se hizo realidad el viejo dicho de que también las paredes tienen oídos y no callan. En el silencio de las paredes de esta iglesia y en la Sangre Eucarística de Cristo en todas las iglesias el hombre percibe el sufrimiento y la resurrección, tanto de Cristo como también del hombre. Mientras estamos bajo la cruz, yo les ruego que oremos así: Mis lágrimas las ves solamente Tú, Tú estás conmigo cuando todos me abandonan. Junto al ruego de la oración de mi asistente pastoral Ivo Šeparović finalicemos esta reflexión con el canto “Dios mío…”. 

Queridos hermanos y hermanas: nosotros sabemos qué grupo sanguíneo tenemos y elegimos a quién en la desgracia le vamos a dar una gota de nuestra propia sangre. Cristo nos da un ejemplo distinto. No sé cuál era Su grupo sanguíneo pero supongo que era “0” (dador universal), porque dio su sangre por todos los hombres, sin mirar si eran ricos o pobres, grandes o pequeños, de esta u otra nación o religión. Regalémonos como personas y cristianos unos a otros. Regalemos la propia vida y la propia sangre para el hermano hombre, para nuestra Iglesia y para la Hermosa Patria Nuestra[4], porque la sangre de Cristo nos llama a eso. Justamente esa Sangre en el momento de la muerte nos va a redimir y a salvar. No se olviden nunca de recibir en su cuerpo el Cuerpo de Cristo y Su Sangre que se regala para nosotros en la Eucaristía, en la Santa Misa. Preciosísima Sangre de Cristo, refuerza nuestra fe y elimina en nosotros por este Santuario toda duda como con el sacerdote de Ludbreg, para que nosotros 
como él finalmente creamos en Tu presencia viva en la Eucaristía, en la Santa Misa y entre nosotros. Ayúdanos a que con nuestra propia sangre, sea del grupo sanguíneo A, B, AB o 0, demos testimonio para Dios, para la Iglesia y para nuestro pueblo croata en la diáspora y en mi antigua y amada Patria Croacia. 
Que así sea. Amén.    


[1] RH son las iniciales de Republika Hrvatska (en castellano República de Croacia)
[2] Lustración es la prohibición de desempeñar cargos públicos a los miembros del aparato represor yugoslavo comunista y granserbio que ya se implementó en los Estados que se independizaron tras la caída de la Unión Soviética pero aún no en los Estados que se independizaron tras la caída de Yugoslavia. 
[3] Dicho popular croata
[4] Título del Himno Nacional Croata

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