23 diciembre, 2017

Mensaje de Navidad del obispo de Sisak, monseñor Vlado Košić


Mensaje de Navidad del obispo de Sisak, monseñor Vlado Košić
¡Queridos hermanos y hermanas, es Navidad, nos nació Cristo, alegrémonos!
El día del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo es la venida de la Luz a este mundo: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”. (Jn 1,10) dice san Juan en la introducción de su evangelio. Cristo el Señor es justamente esa luz. Él mismo dice: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida”. Y además: “Yo, la Luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.” (Jn 12,46)

Es decir, si bien el nacimiento de Jesús es un hecho histórico, a Jesús se lo puede aceptar solamente con la fe. Quien creé en Él, es iluminado. Y quien no creé, permanece en las tinieblas.
¿Pero qué son las tinieblas de este mundo? Las Escrituras nos hablan claro  sobre eso y nos enseñan: “El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido“(1 Jn 2,9-11). Las tinieblas de este mundo son el odio. Y al otro, que es nuestro hermano y hermana, porque somos todos hijos del mismo Padre celestial, hoy se lo odia de muchas maneras. Eso no es solamente el denominado “discurso del odio”, del que en Croacia se habla mucho, pero justamente ese sintagma se utiliza para eliminar al otro de todo debate posterior. Eso es otro nombre para el denominado delito verbal, es decir la prohibición de la libertad de expresión. Cuando se desea acallar a alguien, se le pega  esa etiqueta - que propaga el discurso del odio -  y así se lo elimina. No obstante el verdadero odio hacia el otro hoy en Croacia puede ser también toda mentira que se diga de los otros, pero también toda media verdad…Hoy muchos se llenan la boca con la transparencia, pero al mismo tiempo no desean descubrir públicamente por qué hablan de eso y en nombre de quién, por qué le pegan a otros etiquetas como las de fascistas, conservadores, retrógrados de la época medieval…
Odio como otro nombre para las tinieblas de este mundo es también cuando bajo la dirección de la política se juzga injustamente a los individuos, a los grupos y a los pueblos en los tribunales nacionales e internacionales, los falsos arbitrajes… cuando no se desea ver la verdad y el bien, sino que por  constructos definidos con anterioridad se empuja al otro a moldes en los que no cabe, como en el denominado lecho de Procusto, pero por el dictado de alguien tiene que hacerlo. Es decir, si alguien era más largo y no cabía en ese “lecho”, a ése en ese cuento se le cortan las piernas solamente para ponerlo en la medida predeterminada, y si era más corto se lo estiraba. Es decir es más importante satisfacer la medida predeterminada que respetar al hombre real. Como Hegel que supuestamente exclamó: “¡Tanto peor para los hechos!”, si los hechos no se estaban de acuerdo con las ideas que él se imaginó. ¿Acaso no sería más honesto cambiar las ideas que cambiar los hechos? Porque el hecho significa facto, aquello que sucedió, es decir que no se puede cambiar...
Las tinieblas, es decir el odio hacia el hermano y la hermana, son en Croacia también cuando en nombre de la denominada corrección política se promociona el servilismo hacia los señores extranjeros o el propio egoísmo y cuando se saquea al propio pueblo, cuando no se hace nada por la familia - y todos los indicadores dicen que demográficamente nos estamos hundiendo - mientras que al mismo tiempo se permite el asesinato de los niños ya en el seno materno, cuando se desea destruir a la familia aceptando la denominada Convención de Estambul - léase introduciendo la ideología de género -, luego, cuando se producen intencionalmente condiciones tales que en la Hermosa Patria Nuestra no se puede vivir del propio trabajo y por eso los jóvenes se van y se escapan, tal como les aconsejó una alta funcionara estatal, que “pongan pies en polvorosa” y se vayan de Croacia.  
Las tinieblas son otro nombre para el pecado, el pecado de este mundo. Ese pecado está presente por más que nosotros no deseemos verlo. Él se metió en las estructuras de nuestra sociedad, él está en las leyes y más aún en los comportamientos de nuestros funcionarios, que no se interesan por el pueblo, que no solamente dieron falso testimonio contra nuestros defensores sino que extraditaron a inocentes y protegieron y protegen a los verdaderos culpables. El otro día en un portal encontré también estas palabras: “Es necesario llamar a las cosas por su verdadero nombre y decir que la traición a los intereses nacionales y la amenaza a la seguridad nacional sin dudas ya hace muchos años que representan en Croacia uno de los trabajos mejor pagos para determinados individuos, que están protegidos de la persecución penal…”  
"Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado; pero ahora, porque dicen: 'Vemos,' su pecado permanece” (Jn 9,41), dice Jesús.
Para que todos podamos vivir una verdadera Navidad es necesario que nos ilumine la Luz de Navidad. Así nosotros también podemos transformarnos en iluminados, en nuevas personas.
Aunque “el mundo por él fue hecho, el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. (Jn 1,11-12) Por eso san Juan concluye: “Se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz.” (I Jn 2,8). Esa es una constatación optimista, la expresión de la esperanza que se realiza.
 “Dios es luz, y en Él no hay tinieblas. Si decimos que estamos en comunión con él y caminamos en las tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.” (I Jn 1,5-7).
Es hermoso saber eso, es hermoso alegrarse verdaderamente. Y el motivo de nuestra profunda alegría está justamente en la venida del mismo Señor entre nosotros. Dios se transformó en Navidad porque nació como niño humano, pequeño y frágil, débil y desprotegido, necesitado de nuestra aceptación y nuestro amor.  El arzobispo Fulton Sheen dijo: „No podemos amar nada que no podemos abrazar… Por eso Dios se transformó en un Niño pequeño para que lo podamos tomar en brazos.” 
Tomemos a Jesús en nuestros brazos, mostrémosle nuestro amor, abracémoslo. El vino como niño para que podamos quererlo, para que podamos aceptarlo y seguirlo. Seguir a Jesús significa escucharlo y adoptar sus posturas, dejarse enseñar permanentemente con sus palabras y aún más con sus obras y con su vida. De esa manera, iluminados nosotros mismos, somos también portadores de ella - de la Luz -  que vino al mundo para iluminar a todo hombre. Es más, Él nos dice a nosotros, sus apóstoles: „Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean sus buenas acciones y glorifiquen a su Padre que está en los cielos.” (Mt 5,14-16) 
¡Que la Luz Jesús recién nacido ilumine a todo corazón!
¡Que la Luz ilumine a toda familia y a toda nuestra Patria!
¡Que la Luz de la venida de Jesús ilumine y caliente a todo el mundo, le traiga paz y amor a todos, y llene de alegría todos los corazones!
¡Feliz Navidad, hermanos y hermanas, que para bien os venga el Nacimiento de Jesús!



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